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Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

30 jun. 2012

Capítulo veinticinco.




—Sé que escuchó más.

Silencio.

—Usted sabe algo y no quiere decirnos, lo sé, he lidiado con tantos mentirosos que ya sé como descubrirlos.

Silencio.

—Míreme.

Ningún movimiento.

—¡¡Levante su mirada y dígame la verdad, carajo!! —Exigió golpeando fuertemente la mesa, haciendo que la paciente se exaltara… pero eso no logró que lo mirara.

—Es suficiente, ella ya ha dicho todo lo que sabe —habló David poniendo un alto a todo el interrogatorio.

—No. Ella ni siquiera ha empezado a hablar, ¿verdad jovencita? —la retó acercando su rostro a la de ella—. Ocultas algo y quiero saber qué demonios es —ordenó entre dientes.

Las facciones de su rostro comenzaron a moverse. El policía la había hecho enfurecer. Su vista se alzó, por fin y al cruzarse con la mirada del hombre, éste retrocedió en silencio tratando de volver a recuperar la paciencia. Al parecer, Kimberly iba a decir toda la verdad.




—¿Y bien?

—Ya dije todo lo que tenía que decir —aseguró poniéndose de pie. El policía negó.

—¿Por qué no quiere ayudarnos? ¿Acaso tiene miedo de algo? —cuestionó insinuando lo peor. Kimberly se tensó al escuchar esa última pregunta. Si, tenía miedo.

Su cuerpo comenzó a temblar y retrocedió al ver una sombra enfrente de ella. Pasó saliva con dificultad, reconocía la silueta, era el del asesino, él estaba ahí con ella… deseando matarla.

—Es suficiente. —Dijo David al darse cuenta de que Kimberly comenzaba a ponerse mal, pero el policía lo ignoró.

—Veo que tiene miedo —afirmó— ¿a qué?...

—Él está aquí —susurró comenzando a retroceder.

—¿Kimberly? —La llamó David en susurro.



—¿Quién está aquí, señorita? —Le cuestionó el comandante.

El color gris oscuro de la silueta se iba cayendo poco a poco frente a sus ojos dejando ver a esa alma que aterrorizó sin piedad a Kimberly. El brazo de aquél ser se levantó extendiéndolo hacia ella, deseaba tocarla para hacerle sentir el mismo dolor que él sentía y aunque el miedo la tenía tiesa, Kimberly logró reaccionar: gritó y lo único que su cabeza le pedía era que saliera huyendo de ese lugar.



—¡Kim, por favor, cálmate! —suplicó y su ceño se frunció al ver como uno de los policías la atrapó bruscamente. La chica soltó un alarido de dolor; la había lastimado y David se alarmó— ¡Suéltenla, es una orden!

—Él único que le da órdenes a mis oficiales, soy yo —aclaró el comandante y le hizo una seña a su compañero— Siéntela aquí, esto no ha terminado.

David gruñó y Kimberly seguía forcejeando.

—¡¡Quítenme las manos de encima!! —gritó alarmada al percatarse que el último pedazo de la sombra estaba a punto de caer para liberar aquella endemoniada alma.

Sin querer, Kimberly golpeó fuertemente con su cabeza la nariz del oficial que la tenía atrapada, éste gritó dejándola ir y dirigió sus manos hacia su nariz ensangrentada. La paciente no perdió más tiempo y corrió hacia la puerta de la oficina abriéndola torpemente, justo al mismo tiempo que el último pedazo de la sombra había caído.

—¡¡Muerte!! —gritó aquella alma y Kimberly gritó de miedo saliendo de ese lugar.

—¡¿A dónde crees que vas?!

Pero su huída no pudo ser, Gustav la había detenido.

—¡Suéltame, suéltame! —ordenó luchando una vez más.

David y los policías salieron atónitos de la oficina; dos de ellos —uno con la nariz ensangrentada— ayudaron a Gustav y la agarraron de los brazos fuertemente mientras que ella seguía luchando y gritando por miedo.

—Llama a la enfermera —le ordenó a Gustav—. Y esto, se acabó. —Le aseguró al comandante y éste, aún en shock, asintió.

Ellos, se dedicaron a escuchar los gritos de desesperación de Kimberly mientras la enfermera llegaba. Minutos, que para ellos se convirtieron en horas. Ya había perdido la razón.










***






El medicamento pasaba poco a poco. Abrir sus ojos fue un trabajo complicado, pero logró hacerlo con mucha fuerza de voluntad; lo primero que vio fue la luz de la oficina que le caló horriblemente en los ojos, lo que ocasionó que volviese a cerrarlos y cuando los volvió a abrir, fue un poco borroso pero después, pudo recuperar perfectamente la vista.

Miró hacia abajo y de mala gana, confirmó que había sido amarrada a esa cama barata. Suspiró. Estaba tranquila y el miedo se había ido y todo, porque sabía que no estaba sola y que su acompañante era… era un amigo.

Sus labios se cerraron al ver que el aspecto de Bill no era el que lo caracterizaba, ésta vez, se encontraba sentado al otro lado de la habitación, su cabello oscuro cubría completamente su rostro y tenía abrazada a sus rodillas y lo que más la alarmó, era su color: todo en él estaba gris y su vestimenta, era la bata de hospital, ya no traía la ropa que usó el día que tuvo el accidente.

—Bill, ¿qué pasa? —cuestionó y al sentir como su cuerpo se sentía menos apretado, miró hacia abajo: las cintas se estaban desamarrando—. ¿Tú estás haciendo esto? —preguntó sorprendida.

—Quiero que me respondas a algo —informó. Su voz ya no era dulce y suave sino fría y ronca.

Kimberly se sentó sobándose sus muñecas y apretó sus labios en la espera de que Bill volviese a hablar. El chico alzó su mirada y la chica al ver su rostro, se tensó: su cara estaba pálida, tanto, que daba miedo y el contorno de sus ojos estaban negros, que parecían ojeras.

—¿Viviré como un esclavo hasta que mi cuerpo decida morir?

—¿A qué te refieres? —preguntó confundida.

—Estoy atrapado Kimberly, ¿mi destino será vagar en la habitación donde mi cuerpo yace y en lugares donde solamente tú estés?

—Yo… yo no sé —balbuceó—. Bill, no me siento una experta en éste tema para responderte esa pregunta.

—¡Lo eres! —gritó haciendo que sus pupilas se dilataran—. Y tienes que hacer algo para que yo pueda moverme libremente adónde quiera, ¡ahora! —Kimberly gruñó.

—No me hables así ¿qué te crees? ¡Tú no me das órdenes! —Bill recargó su barbilla en sus rodillas y suspiró.

—Perdóname… esa no fue mi intención.

Kimberly bufó.

—Es tu turno de responder, ¿por qué tantas ansías de ser libre? Parecías tener paciencia…

—Las cosas cambiaron —respondió mirando hacia el piso.

—¿Qué cosas?

El chico cerró fuertemente sus ojos. —Mi padre —respondió difícilmente—. Él… él volvió y yo… necesito estar a su lado.

—Pero tu padre no sabrá que estás con él, no le veo el punto.

—Si, lo sabrá. De eso me encargo yo. —aseguró entre dientes.

Kimberly entrecerró sus ojos, aquella forma en la que Bill pronunció esas palabras fue algo demasiado sospechoso para ella, presintió que sus intenciones con su padre… no eran exactamente buenas.

—Ahora lo entiendo —susurró asintiendo.




Bill tenía ese aspecto porque su alma ya no era ese amigable ser que ella conoció, se había corrompido al ver a ese hombre; algo en él, no sabía qué, despertó el odio y la furia que Bill tenía guardada desde, tal vez, hace años.

Los dos se pusieron de pie al mismo tiempo. Kimberly solo observó como el chico caminaba hacia la puerta y al estar frente a ésta, volteó a ver a la paciente.

—Al otro lado está Tom —señaló—. Al abrir la puerta, lo podré ver, pero al salir… —calló y miró el picaporte.

—Bill —lo llamó alarmada—, no habrás la puerta… ¡no! —demasiado tarde, lo había hecho.



La escena fue algo así: Tom, lo único que vio fue a una paciente agitada; para Kimberly, era la escena de un reencuentro de hermanos, un reencuentro inútil ya que uno no podía ver al otro aunque lo amase con todo su corazón y para Bill, fue la desesperación de estar tan cerca de un ser tan querido y sin poder correr a abrazarlo ya que si lo hacía…

—Necesitamos ser libres —Le informó a su cuerpo.



… iría hacia el encierro de su habitación.






*
—¿Pasa algo Kimberly?

—Yo… yo necesito ir al baño —respondió titubeante. Tom asintió.

La tomó del brazo y la sacó de la habitación. Georg observó a la paciente con cierto temor al verla salir, pero después, no le dio importancia; dio un gran y ruidoso bostezo y con cautela, abrió la habitación donde yacía su paciente ya que, si Kimberly se había despertado, eso significaba que no faltaba mucho para que el otro loco hiciera lo mismo.

Todo en orden, el paciente comenzaba a moverse, pero aún seguía dormido. Cerró la puerta y volvió a tomar asiento en su silla metálica, nada cómoda por cierto; recargó su cabeza en la pared y cerró sus ojos para descansar un poco la vista.

Silencio. Silencio. Silencio. ¡Un momento!

Georg abrió sus ojos de golpe y miró la dirección que Tom y Kimberly habían tomado para ir al baño y después, dirigió su mirada hacia la oficina de Jost.

—A ella le dieron sedantes —recordaba con atención—, porque tuvo un ataque y si tuvo un ataque… —frunció su ceño confundido— ¿qué acaso no estaba amarrada?






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No sé porque me dio risa lo de Georg XDDD me lo imaginé tan... él que no lo pude evitar .-. XD, espero que les guste este capítulo :'3 ¡gracias por leer! ;D 

25 jun. 2012

Capítulo veinticuatro




—¿Una muerte? —soltó estupefacta— ¿Fue un suicidio, acaso? —su amigo se encogió de hombros.

—No lo sé, lo dudo. Las habitaciones en ese piso tienen demasiados cuidados, no había nada allí dentro que causara daño… es algo muy extraño.

—Uh, y algo también extraño es que no haya salido en las noticias —informó cruzándose de brazos—. Al parecer el hospital quiere ocultar esa muerte —Tom bufó.

—Tienen sus razones, no quieren perder la reputación que han logrado, es uno de los mejores hospitales, ¿sabes? —Iris hizo una mueca.

—Y Kimberly… ¿cómo está ella?

—No lo sé —dijo entre dientes—. La vi, platiqué con ella: al principio se encontraba distante, perdida, eso lo entiendo. Dicen que escuchó todo. Después, reaccionó y empezó a llorar y a gritarme que alguien la quería matar, no sabía qué hacer Iris, solo la abracé y traté de calmarla, realmente me asustó su reacción y… de la nada se repuso y tuvo una pequeña discusión con su psiquiatra. Realmente no comprendo esos cambios bruscos de humor —confesó rendido.

—Hey, no te compliques en entenderla, ¿ok? —le sugirió palmeando su hombro—. Preocuparte por ella… no es tu trabajo. Deja que los expertos se encarguen. —Iris tenía razón, pero ¿cómo no preocuparse? Aún en el estado en el que está, no hay que olvidarse que es una persona y una muy frágil.

El de rastas refunfuñó en sus pensamientos, él siempre ha sido así desde que tiene memoria, preocupándose por todos aquellos que le rodeaban, nunca aprendía la lección de que la vida de los demás, no eran asunto suyo.

—Ok —suspiró—. Gracias por escucharme.

—No hay de qué y avísame como siguen las cosas allá en el hospital. Espero que la muerte de esa pobre persona se solucione pronto.

—Si, yo igual. —Murmuró.






*






Todo parecía estar en calma, en los pasillos ya no habían policías, ni investigadores. Al parecer, todo volvió a la normalidad y eso hizo que se sintiera más tranquilo.

Al llegar al piso de los consultorios, visualizó a Gustav y lo saludó alzando su cabeza; el estado de calma que Tom comenzaba a sentir iba llegando a su fin al ver el cansancio y fastidio plasmados en el rostro de su amigo.

—¿Qué ocurrió?

—No sé cómo demonios los noticieros se enteraron, llegaron reporteros de todos los canales haciendo su típico caos y destruyendo todo el orden que los investigadores estaban llevando a cabo. El Dr. Baecker está furioso Tom, jamás lo había visto así, fue un gran estrés todo lo que tuvimos que hacer para que los reporteros se fueran —suspiró—, pero lo verás mañana con tus mismo ojos en las noticias de las 7 am, lograron llevarse la nota.

Tom bajó su cabeza y comenzó a negar.

—Todo se está saliendo de control, la verdad no me quiero imaginar por lo que pasaron gracias a esos entrometidos. —Gustav rió.

—Espera, aún hay más —aseguró señalando la puerta de Kimberly constantemente—. La poca cordura que le quedaba, se fue. Gracias a los policías.

—¡¿Qué?!

—Los policías sintieron la presión de los medios y, al parecer, ellos querían que Kim y el otro paciente la sintieran también. Hubieras visto la escena que hizo, estuvo a punto de golpear a uno de los policías y también, estuvo a punto de salir del consultorio.

Tom se sobó la sien. «Kimberly… dios, si solo… si solo aprendieras a calmar tus nervios… », pensó comenzando a estresarse, otra vez.




—No fue un buen día ¿eh, Gustav? —preguntó con tono sarcástico.

—Tranquilo, tendrás una noche tranquila… le volvieron a dar calmantes. Está dormida. Bien, me iré a mi casa… aún tengo que estudiar para un examen de mañana a primera hora. —Tom abrió sus ojos completamente plasmado.

—Universidad de medicina, trabajo de tarde y a veces de noche, ¿cuándo tienes tiempo de hacer tus deberes y para… estudiar cómo se debe? Digo, ¡estás exhausto!

—Cuándo se quiere, se puede. Mírate tú, dos trabajos: uno de tarde y otro de noche, sales y vas directo a ver a tu hermano, luego, me imagino que duermes un par de horas y otra vez, vuelves a la rutina, ¿y sabes por qué soportas tanto? Porque lo haces por querer ayudar a tu hermano y eso te da la energía necesaria para seguir. Yo lo hago, porque realmente quiero ser alguien en el mundo de la medicina y… quiero enorgullecer a mi familia, dónde quiera que se encuentren —finalizó dándole una corta sonrisa—. Te veo mañana, compañero.

Tom no dijo absolutamente nada, solo sonrió con orgullo. Aquel muchacho era de admirar.

Al sentir la soledad colarse en sus huesos, ordenó sus pensamientos nuevamente hacia Kimberly; no podía creer lo que los policías habían hecho, ¿acaso no sabían con quién estaban tratando? A ella no se le puede presionar y mucho menos en el estado en que se encontraba. Bajó su cabeza y negó. Ni se quería imaginar lo que pasó en la tarde, no quería que su cerebro le mostrara una imagen de Kimberly en un estado de total descontrol, ya la había visto una vez y con eso tuvo suficiente.

Las sombras del las ramas secas de los árboles lograron plasmarse en el piso del hospital, ocasionando que Tom volteara hacia la gran ventana y observó cómo lo árboles se tambaleaban por el viento, al parecer, la temporada de invierno se acercaba cada vez más. El chico plasmó su vista en el campo de girasoles, que aunque era difícil de distinguir por la oscuridad, no pudo evitar quedarse hipnotizado por la belleza de esas flores.

—¿Qué es eso? —murmuró al visualizar un bulto moviéndose entre el campo, ¿acaso era una niña?

El de rastas se quedó inmóvil y entrecerró los ojos para tratar de mirar mejor aquella niña. Al parecer, tenía siete años y se le distinguía un vestidito con un sombrero de sol que hacía juego; la niña tomó asiento sobre sus piernas y arrancó un girasol comenzando a arrancar uno por uno sus pétalos, al parecer, se divertía haciéndolo. Tom se alejó un poco de la ventana al ver como un joven, de al menos 17 años se paraba frente a ella, arrebatándole el girasol; la niña, cayó al piso ante tal acto, al parecer, le temía. El joven tomó entre sus manos a la pequeña y la cargó bruscamente. Tom retrocedió sintiendo como su corazón se aceleraba ¡estaba lastimando a la pequeña, debía de hacer algo!

—Hey, ¿adónde vas? —cuestionó Georg, quién recién llegaba para mantener guardia con su paciente.

—¡Georg! —gritó con alivio y un poco acelerado— Allá afuera, ¡allá hay una niña!

—¿Qué? —preguntó atónito— Tom, eso es imposible.

—Agh, no tengo tiempo de hablar, hay un chico también y la quiere lastimar ¡tenemos que salvarla! —Georg soltó una carcajada y comenzó a negar.

—Haber, ¿dónde se “supone” que están?




—En el campo de girasoles —murmuró. Georg, aún riendo, caminó hacia la ventana y echó un vistazo.

—Allá no hay nadie Tom —le informó recargándose en la puerta dónde yacía su paciente— ¿Estás seguro que dormiste en tus dos días de descanso? —Tom lo fulminó con la mirada y se acercó hacia el ventanal. Georg estaba en lo cierto, en los girasoles no había nadie.

—Pero… yo estoy seguro de lo que vi, ¡allí estaba una niña!

—Como te lo digo Tom, es imposible.

—Si bueno, antes era imposible que hubiera un escándalo en este hospital ¡y mira! Todos mañana sabrán que hubo una muerte, tal vez, asesinato. —Georg frunció el ceño.

—Eso es diferente Tom. —El de rastas bufó y volvió a dirigir su vista hacia el campo de girasoles.

—Yo sé lo que vi —murmuró.






*






Poco a poco volvió a reincorporarse; confundido, miró a su alrededor: se encontraba en la habitación del hospital. Lentamente, se puso de pie y encontrándose con su lastimado cuerpo, se tomó su frente sintiendo un completo vacío en su cabeza. Estuvo a punto de irse, lo que más le había implorado a su cuerpo estuvo a punto de cumplirse pero, la forma en la que iba a suceder fue… fue…

—Papá —murmuró recordando de golpe el rostro de aquél hombre, era su padre ¡su padre había estado en esa habitación, con él! Después de todos estos años, él, por fin había regresado. No debía de perder más tiempo, tenía que buscarlo a como diera lugar. Qué importaba si Jörg no pudiera verlo lo único que importaba, era estar todo un día cerca de él.

Decidido, abrió la puerta de la habitación y salió de allí sin pensarlo dos veces… —¿Kimberly? —murmuró atónito al encontrarse en el consultorio del hospital psiquiátrico, ¿cómo llegó hasta ahí? Él no quería ir con Kim en esos momentos.

Comenzando a desesperarse, trotó hacia la puerta del consultorio y cuando salió, se percató se topó con su cuerpo: había regresado a su habitación.

—No, no, no —negó desesperado y por última vez, abrió la puerta, encontrándose al otro lado el consultorio donde yacía Kimberly— ¡No! —gritó rompiendo en llanto.

Al parecer, él no podía ir a ningún lado. Su alma estaba atrapada en dos sitios: su habitación, y en donde quiera que Kimberly se encuentre.














*


Son las 11 de la noche en mi país y les traigo este capítulo recién salido del horno ;-) espero & lo disfruten, no me canso de llenarlas de misterios .-. pero saben que todo se irá resolviendo cuando llegué el momento e.e. kdfjdklfhdskjlfdsgf he tenido una gran obsesión por la serie de Avatar :| primero, La leyenda de Aang y ahora... la leyenda de Korra gooooooooooooooooooooooooooooooosh, es una obsesión totaaaal:| es una de las mejores series que he visto en mi vida:| la recomiendo totalmente xd & me declaro una fan de Avatar jajajajaj<3 ¡que tengan una linda semana! :D, gracias por leer<3 :D

21 jun. 2012

Capítulo veintitrés



Tom se quedó plasmado al ver a David con una expresión de enojo y confusión en su rostro y al mirar a Kimberly, se puso velozmente de pie al sentir que volvía a la realidad, ¿qué le había pasado?

—Puedo explicarlo —fue lo único que el de rastas pudo decir. David negó.

—Te dije que nadie debía entrar, nadie ¡ni siquiera tú! —gritó señalándolo.

—¡No la iba a dejar sola! —ésta vez, lo dijo con seguridad—. ¿No lo ves? ¡Ella necesita estar con alguien!
David enmudeció, Tom bajó su guardia, Bill se encontraba tenso y Kimberly… trataba de mantener orden en su cabeza, ella no permitía que nadie la tocase de esa manera, ¿por qué con Tom si?

Los labios del psiquiatra se movieron y Tom se percató de que susurró un par de palabras, pero no logró entenderle y en el acto en que los ojos de David se encajaron en el, volvió a poner su guardia en alto.

—Lárgate —murmuro.

Aquellas palabras fueron inalcanzables para el guardia de rastas, pero llegaron hasta a Kimberly como un grito en sus oídos lográndola poner en alerta y como acto reflejo, miró la escena de su guardia y psiquiatra completamente anonada; se sentía perdida por un momento, ¿adónde se había ido por esos minutos? Discutía con su yo interior, ella comenzaba a ablandarse y por su seguridad, no debía hacerlo.

—¿Qué? —preguntó Tom retrocediendo un paso.

—¡Quiero que te largues! ¡¡Ahora!! Nunca me diste buena espina, sabía que no ibas a hacer bien tu trabajo, desobedeces las órdenes y haces lo que se te da la gana… así no es como funciona esto, niño. Hoy mismo, te vas.

—¡No! —Los dos hombres la miraron y David se sorprendió: fue la primera vez que la escuchó hablar en todo ese día. Bill entreabrió su boca, seguía analizando aquella escena con sumisa atención y sobre todo, analizaba el comportamiento de Kimberly—. Él no se va de aquí. —aseguró poniéndose de pie—. No pienso soportar a otro nuevo guardia, no quiero más cambios, si él se va… —enmudeció al ver de reojo a Tom y su lengua entorpeció—…yo no pienso hablar con nadie… —calló y cerró fuertemente sus ojos sin poder impedir que un pequeño flashback de lo que vivió esa noche se apoderara de su mente— Si él se va, no pienso ayudar con la investigación —aseguró.

David suspiró.

—Kimberly, sé que no te gustan los cambios, pero lo que acabó de ver por parte de este… muchacho —lo señaló—, es algo inapropiado.

—¿Inapropiado en qué manera? —lo desafió la paciente encarnando una ceja.

—Bueno, eh, él… él estaba… —Kimberly lo interrumpió.

—No estaba haciendo nada. Él solo trataba… ayudarme —susurró. David asintió rendido.

—Tenemos que hablar, muchacho —y ante las miradas sorpresivas de Tom y Kimberly, el Dr. Jost continuó—: tranquila, Kim, él se queda.

El de rastas le ofreció a la paciente una sonrisa de agradecimiento a lo que ella no hizo caso. Solo se encogió de hombros y bajó su mirada esperando a que salieran de la pequeña oficina. Tom hizo una mueca, la verdad no lograba entender sus cambios de humor.

—Kaulitz —lo volvió a llamar incitándole a caminar.

Kimberly no los vio salir, pero al acto en que escuchó la puerta cerrarse, volvió a tomar asiento en el piso y recargó su espalda en la fría pared. Trató de mirar solamente el piso, nada más, aún estaba asustada, temía que aquella alma que asesinó a esa pobre persona regresara para hacer exactamente lo mismo, pero está vez, con ella.

Sabía que estaba en peligro, ¿pero cómo pedir ayuda? Si ante los ojos de una persona con mente cerrada, las cosas sobre naturales, no existen. Estaba sola.

—No eres esa clase de persona fría que presumes ser. —Kimberly abrazó sus piernas fuertemente y recargó su barbilla en sus rodillas.

—¿Hace cuánto que estás aquí?

—Desde que te trasladaron en esta habitación. —la chica negó.

—Es imposible, me hubiera percatado de tu presencia.

—El miedo bloqueó todos tus sentidos, es por eso que no me viste… pero gracias a Tom, lograste calmarte. —Informó sentándose a su lado.

Kimberly bufó.

—No creas que tu hermano me cae bien, hice que se quedara para poder ayudarte y así, que los dos desaparezcan de una vez de mi vida. —Bill rió.

—Basta de farsas, tú no eres así. Te cae bien Tom, te has encariñado con él, como con Gustav. —Kimberly lo miró sorprendida. Bill sonrió—. No sé cómo, pero al ver tus ojos, veo todo lo que has vivido; llegué al recuerdo de Gustav y aunque fue un poco confuso, logré entender tus sentimientos, fue y seguirá siendo tu primer amigo, ¿cierto?

—No te metas en mis asuntos —le amenazó—. No te lo permito, son solos míos.

—Aún no has respondido a mi pregunta.

La paciente apretó sus labios y volvió a tener una mirada distante hacia el piso.

—Él no me considera una loca… pero Tom sí —murmuró.

—Mi hermano solo quiere entenderte, pero tú no le ayudas. —Kimberly negó.

—Nadie logrará hacerlo, Bill. 

—Yo lo hago… —alzó su mirada y se encontró con Sam. Él los veía desde el otro lado de la habitación, se encontraba sentado en el sillón de Jost, sus brazos estaban cruzados y para sorpresa de Bill, no sonreía, lo cual se le hizo extraño; sabía que a él le encantaba ver el sufrimiento de Kimberly, amaba sentir el miedo que habitaba en ella. Pero su expresión, está vez, era de enojo y algo más extraño, es que no actuaba, no se movía, no les hablaba. Estaba tieso. Bill le brindó una mirada desafiante y para brindarle protección a su amiga, tomó su mano.

—Bill… yo no puedo hablar con nadie acerca de mí y yo no debo escucharlos a ustedes. Yo no debo sentir nada. —confesó apretando su mano.

—¿Por qué?

—Porque si mi barrera se derrumba, ellos —señaló mirando a Sam— atacarán. —y su mirada volvió a decaer.

Bill no quiso responder, no había motivos para hacerlo. Por fin, logró comprender el porqué de su carácter.



*



—Última vez que vuelves a desobedecerme —le aseguró pasando de largo.

—Hey, espera ¿eso es todo? —le cuestionó frunciendo el ceño—. Estuviste apunto de correrme, me gritaste allá dentro y ahora que no estamos con Kimberly, ¿solo se te ocurre decirme esto?

—No tengo tiempo para seguir con esta discusión, hay un caso de homicidio aquí mismo —recordó con un nudo en el estómago—. Solo te diré: tienes suerte de que Kim esté de tu lado. —Tom hizo una mueca.

—¿Qué pasará con ella?

—Si no se resuelve, ella y los demás pacientes serán trasladados a otros hospitales psiquiátricos afueras de la ciudad. Y este hospital, el más reconocido, recomendado y confiable, cerrará sus puertas para siempre. —Tom se tensó al escuchar eso, no podían cerrar el hospital.

David tenía prisa por irse, logró notarlo, pero aún tenía una pregunta más que hacerle:

—¿Ella se recuperará? Quiero decir… dicen que escuchó todo y ya la viste en qué estado se encuentra, ¿volverá a estar bien?
David se encogió de hombros.
—Eso espero, Tom.



* * *



Bill se encontraba en una esquina de su habitación sintiendo impotencia y cólera al verse acostado en la camilla rodeado de tantas máquinas que, milagrosamente, aún mantenían a su cuerpo con vida porque sencillamente, su alma, había muerto hace mucho.

—¿Por qué no me dejas ir? —le preguntó al Bill que yacía inconsciente—. No sé a qué te aferras, sabes muy bien que tú también quieres descansar de una vez por todas —espetó y con desesperación tomó su mano que contenía encajada una de las tantas agujas que lo han atormentado casi toda su vida—. ¿Acaso no estás cansado? Nuestra mano ya no puede con tanto ardor y nuestro cuerpo ya no puede con el dolor. Tantos años hemos sido masacrados por nuestra debilidad, nuestra enfermedad ha ganado por fin, ¿por qué no te das cuenta? Ya no tenemos nada que hacer aquí… por lo que más quieras, deja de aferrarte a lo poco que queda de nuestra vida.

La puerta de su habitación fue abierta dejando ver el movimiento de allá afuera: doctores, enfermeras, familiares de otros pacientes, Gordon. Bill vio a su madre entrar y tomar asiento a un lado de su cuerpo.

—Mamá —susurró tratando de acariciar su cabello, pero fue inútil, su mano la había traspasado. Gruñó. Aún no comprendía como si podía tocar a Kimberly ¡y hasta a Tom! Pero no a su madre.

—Yo sé que aún puedes hacerlo Bill, despertarás para vivir tu vida.

—No —negó en susurro—, solo quieres que despierte para vivir la vida que tu ya tenías planeada para mí, una que yo no quiero ¿qué no ves? Yo no soy tu hijo perfecto.

—Aún te estamos esperando hijo, Gordon y yo, todo volverá a hacer como antes bebé… —prometió tomando su lastimada mano—. Por favor, sigue luchando.

—Esa es tu familia mamá, no la mía —confesó con un dolor en su pecho—. Yo ya no puedo hacer todo lo que tú quieres que haga, ya no.

—Billy… te extraño mucho, mi pequeño —susurró besando la fría mejilla de su cuerpo y en su alma, sintió el cálido beso.

—Yo también te extraño, madre… te extrañaré…

—Simone.

Toda aquella atmósfera se había derrumbado gracias a aquel hombre. Bill lo miró confundido, se le hacía familiar, él conocía esa voz.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó atónita y miró que Gordon entró unos segundos después.

—Simone, no puedo hacerlo, ¡él es su padre, tiene derecho a verlo! —Bill abrió su boca ante total asombro y sintió una presión en su pecho que le impedía respirar.

—¿Papá? —susurró sin dejar de ver a ese hombre, su padre, Jörg.

La línea que medía los latidos del cuerpo de Bill comenzaba a disminuir y Bill cayó de rodillas ante el dolor que sentía en el corazón. Después de tanto tiempo, ahí estaba el hombre que salió de su vida cuando él y su hermano eran unos niños, ahí estaba el hombre que juró dar todo por ellos y que al final aquellas palabras se las llevó el viento como una hoja de árbol inservible.

—¡Oh dios, Bill! —Gritó Simone.

—¡Un doctor, ayuda! —Imploró Gordon saliendo de la habitación. El cuerpo de Jörg comenzó a tensarse y a sudar, veía el cuerpo de su hijo y escuchaba como sus latidos disminuían y lo peor, es que tenía al alma de Bill enfrente de sus ojos y no podía hacer nada para rescatarlo, no lo veía… como todos los demás.

—Bill —susurró con un nudo en su estómago.

—¡Quiero que todos salgan ahora! Saquen a los familiares, ustedes dos vengan conmigo —el doctor comenzó a dar las órdenes. Bill seguía de rodillas tratando de mantener la respiración y aún con su visión nublada, logró distinguir como sacaban a Jörg de la habitación. No. Él no se podía ir, no otra vez.

—Papá —susurró cayendo completamente al piso—… papá —débilmente extendió su brazo, con la esperanza de poder tocarlo—… papá… —pero su esfuerzo fue inútil. La alma de Bill había decaído por ese momento, al igual que su cuerpo.


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Después de mucho tiempo aquí está el capítulo 23 :3 ¡espero y lo disfruten mucho! Gracias por la espera :'D <3 

19 jun. 2012

Un pequeño paréntesis antes de continuar con la historia, es un poco estúpido xd pero realmente quiero aclararlo. Al principio, escribí que cada paciente en la historia tenía su propio psicólogo & creo que cometí un error: al analizar completamente la historia me dí cuenta que es muchísimo mejor y correcto el termino "psiquiatra". 
Y para que confundían los términos "psicólogo" y "psiquiatra" he aquí sus definiciones (que tal vez no sean necesarias ya que puede que la única distraída aquí, haya sido yo xd)

Psiquiatra: es la especialidad médica dedicada al estudio de la enfermedad mental con el objetivo de prevenir, evaluar, diagnosticar, tratar y rehabilitar a las personas con trastornos mentales y asegurar la autonomía y la adaptación del individuo a las condiciones de su existencia.

Psicología: explora conceptos como la percepción, la atención, la motivación, la emoción, el funcionamiento del cerebro, la inteligencia, la personalidad, las relaciones personales, la consciencia y el inconsciente.

Ya estoy trabajando en el capítulo 23 para regresar con todo para terminar como se debe esta novela (que estoy segura, será mejor que las anteriores) & lo colgaré para antes de este viernes :-)

Mientras tanto, ¿qué tal si se unen a mi página? ;-)