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Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

31 jul. 2012

Capítulo treinta.



Aquél día resultó ser demasiado pesado para ella, las enfermeras no la dejaban sola; estaba exhausta, quería estar acostada, dormida, pero ellas nunca se lo permitieron. Entendía el porqué, la debían de mantener activa después de la sesión de electroshocks que tuvo, sino era así, su estado de salud podía empeorar; pero no le importaba, ella solo quería dormir. 

—Vamos Kim, abre la boca —le pidió la enfermera de la mañana. Su boca y ropa se empaparon al rehusarse a hacerlo; ella no tenía sed pero la obligaron a tomar del agua. 

El guardia de la mañana, a quién detestaba, tomó sus mejillas y las apretó un poco logrando abrir su boca, la enfermera aprovechó y le dio de beber. Esa misma técnica la usaron para que pudiera desayunar y en la tarde, fue exactamente lo mismo para que pudiera comer. Gustav se sintió mal al saber que la lastimaba pero no había otra forma para hacer que comiera. 

Solo la dejaban descansar quince minutos y después… 

—Muy bien Kimberly, ahora, camina hacia mí —le pidió la enfermera. A lo que Kimberly se rehusó ya que comenzaba a sentirse débil y presentía que en algún momento a otro se iba a caer. 

Gustav pudo apreciar el miedo en el rostro de la paciente, a lo que se puso detrás de ella y tomó sus brazos para ayudarla a mantenerse de pie. El guardia le sonrió al notar que volteaba a verlo, ella, lo único que hizo fue apretar sus labios y volvió a mirar hacia enfrente. 

Como deseaba que Tom estuviera en esos momentos y no… Gustav. 

—Se ve mal —la niña negó. 

—Ya no me duele, además, él me dijo que sanaría. —le informó tomando asiento en su cama. 

—Te diviertes mucho jugando con ese niño, ¿cierto? —la pequeña Kimberly se sonrojó un poco y sonrió. 

—Sí. ¿Sabes qué me dijo hoy? Que yo soy su primera amiga. 

Sam frunció su ceño. 

—¿Te dijo eso mientras te tiraba al suelo? —Kimberly lo miró de golpe.

—Estábamos jugando, fue un accidente. Esas cosas pasan, es parte de… ser… niños. —informó tocándose su rodilla derecha. Se había raspado al caer.

—Eso no te pasaba cuando jugabas conmigo —le recordó cruzándose de brazos—. Uh, hablando de eso, hace mucho que no jugamos los dos. —dijo para sí mismo—. ¿Qué te parece si…?

—No. —Sam alzó sus cejas—. No quiero jugar contigo.

—¡Oh vamos! Será divertido, hay que recordar los viejos tiempos.

—¡No! Tú me lastimas muy feo en tus juegos. No quiero. —se rehusó pegando su espalda a la pared
.
 
—¿Y ese mocoso no te lastimó?

—Se llama ¡Gustav! Y no, no lo hizo, ¿sabes por qué? ¡Porque él si es un verdadero amigo!
Sam gruñó.

—Yo soy un buen amigo, además, ¡fui el primero en serlo en tu vida! —la niña negó. 

—Tú nunca lo fuiste. —los hombros de Sam se encogieron—. Mi verdadero primer amigo, es Gustav.
Los ojos de Sam se entrecerraron y lentamente negó. —No puedo creer que me cambies por ese niño, ¿qué no entiendes? Él solo habla contigo por lástima y yo, lo hago porque en verdad te aprecio. 

—Eso no es cierto. —Kimberly había aprendido a no confiar más en Sam—. ¿A dónde vas? —preguntó alarmada. Sam se detuvo frente la puerta y solo la miró de reojo. 

—No voy a dejar que ningún mocoso insolente me quite a mi única amiga. —aseguró. El miedo recorrió toda la columna de Kimberly ocasionando qué de un salto, saliera de su cama; preocupada, llevó su mano temblorosa hacia su pecho y con un hilo de voz, le preguntó:

—¿Qué piensas hacer? —pudo ver como Sam suspiraba.

—Asegurar a que no se vuelva acercar nunca más a ti. —las pupilas de la niña se dilataron. Ella conocía a Sam y sabía exactamente cómo iba hacer eso: lo lastimaría, tal y como lo hacía con ella o tal vez… mucho peor.

—¡No! No te atrevas, por favor Sam… no lo hagas. —le suplicó de rodillas. Sam la volteó a ver furioso y sus manos se convirtieron poco a poco en puños. 

—Retráctate.

—¿Qué? —susurró. 

—¡Retráctate, di que yo soy tu amigo y no ese niño! ¡¡Dilo!!

—¡Tu eres mi amigo! —gritó cerrando sus ojos—. Mi único amigo —susurró atemorizada.
Sam sonrió. Eso lo había calmado. 

—No lo necesitas Kim, no necesitas a nadie, solo a mí, ¿entiendes eso? —la niña, con lágrimas en sus mejillas asintió—. Prométeme que no volverás a hablar con él —le pidió cerrando sus ojos. Pero el silencio de Kimberly había perturbado su paz—. ¿Por qué no hablas? ¡Prométemelo! 

—Yo… —calló— no lo haré —dijo al fin mirando el piso. 

—Debes hacerlo —informó mirándola con odio—. ¿O acaso quieres ser responsable de todo lo malo que le ocurra a… Gustav? —Kim negó—. Entonces hazlo. 

—¿Estará a salvo? —preguntó en murmuro. 

—Si prometes no hablarle. —le dio su palabra—. No quiero volver a verlos juntos otra vez. Tu único y verdadero amigo, soy yo —volvió a recordarle. 

“Lo siento Gustav”, pensó y su labio inferior tembló. —Lo prometo. 

Forcejeó para que le guardia la soltara; Gustav no tuvo otra opción que acceder y retrocedió. Kimberly, arrastró sus pies y con lentitud, logró llegar con la enfermera. 

—Muy bien Kim, has hecho un buen trabajo. —aseguró sonriéndole. La paciente, agachó su cabeza y miró de reojo al guardia: extrañaba a su primer mejor amigo. 

Gustav, la ayudó a acostarse en la cama, su turno había terminado por fin. La enfermera fue la primera en salir de la habitación dejándolos solos por al menos dos minutos en que Gustav terminaba de acostarla; cuando por fin terminó, le sonrió a lo que Kimberly tuvo que bajar la mirada. 

—La enfermera tiene razón, hiciste un buen trabajo —la felicitó antes de dejarla sola. 

En el acto en que la puerta fue cerrada, la chica, con demasiado esfuerzo intentó sentarse en la cama; al lograrlo, admiró como su cuarto era iluminado por la luz del atardecer y poco después, sus hombros se encogieron: no pudo evitar preguntándose cómo es que Gustav podía seguir siendo amable con ella después de todo lo que hizo para romper su amistad. La respuesta era obvia: él tenía un gran corazón.



***

Su cuarto estaba en completa oscuridad, pero ya no tenía miedo de estar despierta en la noche; y aunque la espera se le hizo algo eterna, valió la pena cuando llegó la hora de verlo.

—Me estabas esperando, ¿verdad? —la chica, con demasiada dificultad, asintió levemente.
Tom sonrió. 

La noche anterior pudo sentir como el miedo se desvanecía al sentirlo a su lado, esperando a que se quedara dormida; sabía que trataba de protegerla y es que Tom era así, Bill ya se lo había dicho, pero no creyó que iba a preocuparse de esa manera por ella ya que, prácticamente, era alguien desconocida en su vida. 

Kim logró entender que Tom también tenía un gran corazón, al igual que Gustav. Solo, que Tom era una persona desconfiada a diferencia del otro guardia y entendía el porqué: tuvo una infancia difícil, al igual que ella. 

—¿Puedes hablar? —le preguntó caminando hacia su escritorio; tomó la silla y la puso a un lado de su cama. Kimberly subió y bajó sus hombros—. ¿Lo has intentado? —la chica negó. Tom hizo una mueca—. ¿Quieres intentarlo? —la paciente solo bajó su mirada—. Uhm… 

Tom se puso de pie y caminó nuevamente hacia el escritorio, ésta vez, volvió con una hoja y un lápiz; Kimberly miró confundida los útiles pero los tomó a petición de su guardia.

—Si no quieres hablar, no lo hagas, ¿pero qué te parece escribir? ¿Hacemos un intento? —asintió—. ¿Cómo te sientes?

“Cansada” 

—Se nota demasiado —le dijo preocupado y desorientado, comenzó a buscar una ventilación del aire al volver a sentir que en la habitación de la chica hacia algo de frío—. El otoño casi se acaba, pero no hace tanto frío afuera como aquí. ¿No tienes frío? 

“Sí” 

—La sábana que tienes se ve que no es muy caliente —se quedó pensativo, pero después, sonrió—. Pero no te preocupes, a partir de mañana dormirás más cálida —le aseguró. Kimberly entrecerró sus ojos preguntándose qué es lo que planeaba hacer, pero prefirió no preguntar. Quería ver con qué sorpresas le salía el día de mañana. 

Tom pudo notar que los ojos de Kimberly se encontraban rojos debido al sueño que la chica sentía. —¿Quieres dormir? 

“No”

Tom miró la hoja con la respuesta y después, su mirada se cruzó con la paciente despertando otra vez aquella sensación en su estómago: era extraña, pero comenzaba a gustarle. Dudoso, tomó la mano con la que sostenía la hoja y la bajó para poder observar mejor el rostro de la chica; los ojos de Kimberly se centraron en el agarre entre su mano y la de Tom comenzando a compartir la misma extraña sensación de su guarida. 

—¿Quieres que me vaya? 

Los ojos de Kimberly volvieron a encontrarse con los de Tom y como si fuese algo que no pudo evitar, apretó ligeramente la mano de éste. 

—No. 

Aunque su alma se encontraba llena de odio, Bill logró sonreír al ver aquella escena. Era tiempo de que Tom fuera feliz.


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Espero & disfruten de este cap :3.  ¿Quién no quisiera tener en su vida a una persona como Gus? *-* 

29 jul. 2012

Capítulo veintinueve

"Muchos ven el pasado, otros ven el futuro. Y pocas personas visualizan el pasado y el presente juntos."



Su mirada estaba perdida, ni si quiera recordaba que se encontraba en el autobús hasta que reconoció la calle donde yacía, era la de su departamento. —¿Eh? —despegó su cabeza del vidrio al notar a fuera del edificio, sentado en las escaleras, a su amigo Andreas.

El chico se puso de pie y sonrió al ver que Tom se acercaba a él. 

—Agradece que el autobús me bajó en la esquina, sino, le hubiese seguido. —advirtió dándole un abrazo. Hace mucho que no lo veía—. ¿Qué ocurre? —cuestionó al notar su mirada.

—Te han pasado muchas cosas últimamente, ¿cierto? —dio una preocupada sonrisa. Tom entrecerró sus ojos.

—¿Cómo…? —calló— Hablaste con Iris —fue más bien una afirmación que una pregunta. Andreas solo levantó sus hombros. 

—Todos somos amigos, recuérdalo.



***

—Ibas al hospital, ¿verdad? —preguntó tomando asiento mientras que Tom aventaba las llaves de su departamento y antes de sentarse a un lado de su amigo, asintió.

—¿Tu lo sabías? Lo de Iris y Bill —Andreas negó. 

—Sospechaba, al igual que todos nosotros, que ellos se gustaban. Me acabo de enterar que eran pareja —murmuró mirando al piso—. No creí que Bill te fuera a ocultar algo como eso. 

—Simplemente no lo entiendo —inquirió sobándose los parpados—. Somos hermanos, ¿por qué no me lo quiso contar? Como tú lo dijiste, todos sospechábamos en que se gustaban, ¿por qué no nos dijeron que ya eran pareja? —suspiró—, creo que Bill no me tenía la suficiente confianza, aún siendo su gemelo. 

—Hey, no digas eso —le reprochó dándole golpecitos en su hombro—. Bill debió de haber tenido una buena razón, uh, ¿por qué no le preguntas a Iris? 

Tom negó rotundamente. 

—No quiero saber nada de ella —advirtió con coraje. Andreas, solo lo miró con tristeza, le iba preguntar el por qué de su reacción, pero optó por callar. Su amigo debía tener una buena razón. 

Pero, una pregunta más invadió su mente ocasionando que entrecerrara sus ojos: a Tom le pasaba algo más, lo pudo notar en su mirada; era tan distante, se encontraba pensativo y sabía que no se debía a lo de Bill. 

—¿Quieres hablarlo? —Tom lo miró confundido.

—¿Qué?

—No sé, te noto algo extraño. Algo más te preocupa, ¿o me equivoco? —por respuesta, lo único que obtuvo fue que su amigo se levantara de su lugar, caminara tres pasos y le diera la espalda—. Creo que no —susurró—, ¿qué sucede? 

Andreas pudo notar como Tom agachaba su cabeza y se encogía de hombro y, aunque no podía ver su rostro, se imaginaba que en su mirada se plasmaba algo de frustración.

—Conocí una chica… 

—¡¿Estás enamorado?! —exclamó algo alegre y un poco sorprendido. Tom lo miró de golpe—. Eh… eso es bueno, ¿no? —preguntó un poco nervioso ante su reacción. 

—No lo sé —confesó tocándose la frente con desesperación.

—¿Dónde la conociste? ¿En tu nuevo trabajo? —Tom asintió con sus ojos cerrados— Uh, ¿acaso estás enamorado de una enfermera? —le preguntó con picardía. Su amigo negó—, ¿de una chica de limpieza? —negó— Eh… ¡oh ya sé! ¿De una doctora —negó— o psiquiatra? —volvió a negar. Andreas se recargó en el sillón y cruzó sus brazos confundido—. Se me acabaron las opciones amigo —él sabía que aun quedaba una opción, pero no lo quería decir porque era algo absurdo, Tom jamás haría algo como eso.

—Dilo —le permitió abriendo poco a poco sus ojos pudiendo observar la expresión de asombro de su amigo, ¿¡acaso era una broma?!

—¡¿De una paciente?! —preguntó exaltado. Tom por fin asintió—. Oh dios… es de esa chica, ¿verdad? La que tienes que “cuidar”.

—Kimberly —le recordó su nombre—. Sí, ella me gusta —respondió. 

—Y… ¿cómo…? ¿Cómo pasó? —cuestionaba estupefacto. Tom solo levantó sus hombros y negó levemente con su cabeza.

—Simplemente pasó —suspiró—. Al principio solo le hablaba para ganarme su confianza: su psiquiatra me dijo que iba a hacer mucho más fácil mi trabajo si Kim confiaba en mí, entonces, solo me enfoque en eso, pero todo resultó ser al revés: ella, no sé cómo, se ganó mí confianza —hizo una pequeña pausa—. Luego, sentí que era como Bill y creí que…

—¿Tenías que protegerla como a él? —Tom asintió. 

—Ella ha estado ahí desde niña; ha estado sola, Andreas. Sus padres se olvidaron de ella… a veces me preguntó qué será de su vida cuándo llegue salir de ahí. 

Su amigo suspiró.

—No es por ser aguafiestas, pero, ¿qué te hace creer que ella saldrá de ahí? Ha estado encerrada desde que era una niña, ¿qué crees que sea diferente ahora? 

—Todo es posible —respondió con seguridad. 

Andreas no quiso seguir con esa discusión; Tom nunca veía un lado negativo: todo pasaba por algo y ese algo tenía una solución positiva. Aún no entendía como él llegó a pensar de esa manera tan infantil o tal vez, Tom solo se rehusaba a ver lo cruel que era la vida real.

—Uh, ¿me recuerdas por qué ella está ahí? 

—Sufre de alucinaciones: jura ver personas, pero ellos nunca han existido. Dice que la lastiman, pero los doctores afirman que ella misma…

—Es la que se hace daño. —Tom asintió—. Tal vez y no está loca —rió. 

—¿Por qué?

—Tú sabes que soy muy fanático de lo sobrenatural; he leído en notas curiosas algo llamado el “Tercer ojo”. —Tom rió. 

—Andreas, basta de bromas. Esto es algo serio.

—¡Déjame terminar! —le exigió—. Nosotros, las personas comunes y corrientes, solo podemos ver lo que está, digamos, en el mundo real. Lo que según nosotros verdaderamente existe. Pero, las personas que cuentan con este “Tercer ojo”, pueden ver más allá de este mundo. Por ejemplo: a las personas que murieron pero aún siguen entre nosotros. 

—Quieres decir que… Kimberly puede ver… ¿a los muertos? —Andreas asintió.

—Es una hipótesis, hay muchos escritos sobre ellos. Claro… son leyendas. 

Tom rió. —Era de suponerse. Andreas, sabes que respeto tus creencias pero… eso es completamente absurdo. 

El chico rubio se puso de pie y caminó hacia donde su amigo. Sus ojos se entrecerraron y la sonrisa de Tom se desvaneció:

—Todo. Es. Posible.



***

Ese día, Tom no fue al hospital. Marcó a la casa de su madre y Gordon para preguntar sobre el estado de Bill y para avisar también que había renunciado a su empleo en la Academia: para su mala suerte, su madre respondió el teléfono aunque Gordon también se encontraba en la casa; la pareja había decidido regresar a su hogar por una noche para descansar como se debía. 

La reacción de Simone acerca de la renuncia no fue agradable, pero Tom aprendió a no darle importancia a los comentarios de su madre: él nunca fue suficientemente bueno para ella. Nadie lo fue, excepto Bill.
A veces, Tom se preguntaba en qué fallaba, por qué siempre fue un mal hijo frente los ojos de su madre, qué tenía Bill que él no, qué es lo que le faltaba para ser como su hermano menor. Hasta la fecha no ha obtenido ni una sola respuesta. Y ahora, llegó a la conclusión de qué tal vez también fue un mal hermano mayor: siempre pensó que tenía la confianza de Bill… pero ahora resulta que le ha estado ocultando cosas. Dios, ¿en qué está fallando como ser humano? Ni siquiera es bueno frente los ojos de su gemelo. 

—¿Seré bueno frente los ojos de Kimberly? 

¿Por qué ha de serlo? Él cree que le tiene respeto, pero la juzga y la ve como una loca. Aunque tenga fe en que pueda recuperarse y salir de ahí, ella siempre será la loca que se auto lastima sin razón alguna. Y Kimberly se da cuenta de que la mira de ese modo, no es tonta. Pero, ¿se dará cuenta también de que la mira con ternura y tristeza? ¿Qué aunque sea una loca, logró enamorarlo? 

Hace mucho que Tom no sentía algo por una chica. A lo mejor y nunca sintió algo verdadero por alguien, siempre tan ocupado viendo por su familia, por cuidar de su madre y de su hermano que nunca vio por él mismo. Solo salía con mujeres por obligación, nunca por algún sentimiento. ¿Cómo demonios Kimberly logró enamorarlo? Aquella pregunta se lo repetía una y otra vez.



***

—Gustav —saludó algo alegre, pero éste le fue indiferente y siguió su camino— uh… ¿qué le sucede? —le preguntó a Georg. 

—Ha tenido un mal día, eso es todo. 

—¿Por qué? —Su compañero solo se encogió de hombros. 

—Digamos que nunca está conforme —suspiró—. Es un poco extraño. 

—Creo que todos lo somos, Georg. —éste sonrió—. Uh, ¿sabes cómo se encuentra Kimberly? —Georg lo miró con ojos pícaros ante la pregunta y rió. 

—No, yo no soy su guardia, Tom.

—Si bueno, Gustav y el Dr. Jost me deberían de informar acerca de su estado, pero nunca lo hacen —le recordó. 

—Eso es verdad. Bueno, con lo que he visto anteriormente, me imagino que sigue igual que ayer… creo que las enfermeras la obligan a hacer ejercicios como pararse, sentarse, caminar —calló de golpe—. Ve a verla tu mismo. —Le sugirió al ver la reacción de su compañero. 

—Yo… es muy pronto…

—Te cubriré. —aseguró sonriendo. Tom suspiró. 

—Georg… nadie más sabe acerca de esto, ni siquiera yo estoy seguro de lo que siento. Me gustaría que actuaras normal sobre este asunto.
—Tu secreto está seguro conmigo. Además, por ahí escuche que tus visitas nocturnas le hacen muy bien.
El guardia se ruborizó al escuchar aquellas palabras de su compañero. —¿Dónde escuchaste eso? —Georg sonrió.
—Por ahí y vino de la persona que menos te imaginas.
—¿El Dr. Jost?
—Acertaste.
Tom cerró su boca. Pensó que esa pregunta la había hecho en su mente, pero al menos su sospecha fue cierta y no pudo evitar recordar cuando David dejó su oficina abierta: Tom sacó todas las pertenencias de Kimberly sin autorización y él mismo las llevó a su habitación. Sabía que David se iba a dar cuenta y esperaba una llamada de atención por ello, pero no obtuvo más que un saludo de compañeros de trabajo. ¿Acaso David sospecha de los sentimientos que tiene hacia su paciente?

—Tom, esta vez, por lo que más quieras, no apagues tu radio —suplicó.



***



A veces olvidaba que se encontraba en el piso más peligroso del hospital. Recorría aquellos pasillos llenos de dementes como si nada, ya que para él, lo único que había en ese piso, era la habitación de Kimberly.
Al quitar el seguro, empujó aquella pesada puerta y se quedó ileso al entrar: Kimberly se encontraba sentada viendo hacia la entrada; su mirada estaba cansada y vacía como la noche anterior y Tom lo único que pudo hacer fue tocarse su estómago al sentir una extraña sensación en él. 
—Me estabas esperando, ¿verdad? —la chica, con demasiada dificultad, asintió levemente. 

Tom sonrió.



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 yo también ya quiero beso ;_;  kdjfhskdjlgfdskjgf Tom & Kimberly se hacen del rogar .|. XDDD tengo una sorpresa preparada con Sam y Bill e_____________________________e tal vez le dedique un capítulo entero a ellos dos e________e no piensen mal|: xd ya saben como es mi mente de retorcida & así :c kdfhkldsjgf espero que les guste este capítulo<3 :D 

25 jul. 2012

Capítulo veintiocho



Gustav jamás había estado tan molesto. Él sabía que los electroshocks no eran necesarios, él sabía que era una pérdida de tiempo, no funcionaban; lo único que lograban era lastimar a los pacientes y aún así, los doctores seguían usando esa técnica porque calmaban a los pacientes pero lo único que lograban era aturdirlos y bloquear sus energías. 

Ya había discutido demasiadas veces con el Dr. Baecker sobre esa medida, pero ¿quién era él para decirle a un Doctor que hacer? Solo era un niño estudiando medicina, que aún estaba en la introducción de aquella carrera; él no tenía voz ni voto en las decisiones del hospital… aún. 

—David, ¿cómo lo permitiste? —cuestionaba mientras lo perseguía por los pasillos del hospital.

—No quiero hablar de esto ahora, Gustav —advirtió poniéndole un alto con la mano, pero jamás detuvo su camino.

—Pensé que estabas de acuerdo conmigo, ¿no estabas en contra de los electroshocks? ¿No me ibas a apoyar? 

—¡Basta! —le gritó en su rostro—. No es tan fácil como tu mente lo ve, Gustav. Eres solo un muchacho, piensas que todo es simple, pero no es así. Así que deja tu mentalidad de niño y empieza a ver el mundo con ojos de hombre —aconsejó frunciendo su ceño. El guardia gruñó—. Las sesiones de electroshock se seguirán dando hasta que se demuestre que realmente no funciona.

—¡Pero lo han demostrado! 

—¡¿Quiénes?! Nómbrame a un Doctor que haya dicho lo contrario, nómbrame a un paciente al que no le haya funcionado. 

—Uno murió —le recordó.

—Sí, cuando recién se inventó ésta práctica. Ahora que ya se tiene el control, no ha habido accidentes —atacó—. ¿Algo más?

—Sí —respondió alzando su frente—. En el presente, si existe un paciente al que no le ha funcionado —David entrecerró sus ojos—: Kimberly. 

El Dr. Jost bufó bajando su cabeza y negó.

—¡Sabes que es cierto! —advirtió el guardia. 

—No pienso seguir con esta discusión, termina tu guardia, llega con bien a tu casa —se despidió comenzando a caminar. 

—¿¡Acaso no te sientes impotente?! Están lastimando a Kimberly: le aplicaron electroshocks cuando saben que no tuvo resultados positivos, ¡la lastiman sin razón alguna! Ya no saben qué hacer con ella —susurró.
Su saliva se volvió pesada al percatarse de que David se había detenido en medio del pasillo. Gustav sabía que el doctor se había encariñado con Kim, la veía como una hija ya que él nunca pudo tener familia, era por eso su persistencia en seguir tratándola, Jost, al igual que él, querían verla fuera del hospital. 

—Tienes razón… ya no saben qué hacer con ella —respondió retomando su marcha.



***

Kimberly había caído en un profundo sueño, al igual que Tom. Éste yacía dormido en la incómoda silla de madera y su mano, estaba sobre la de la paciente, brindándole algo de calor. 

Ninguno de los dos escuchó que la puerta de la habitación estaba siendo abierta; el guardia había entrado con suma cautela y se quedó de pie al ver aquella escena: no sabía si despertar a Tom o dejar que se quedara dormido y permitirle ser la compañía de Kimberly. 

Sus labios formaron una mueca.

—Hey —calló de golpe al percatarse de que el escritorio viejo de Kim había sido llenado nuevamente por sus utensilios de dibujo, al parecer, Tom le había acomodado todo antes de quedarse dormido—. Tom —le habló por lo bajo y movió su cuerpo un poco—, Tom, despierta —ordenó moviendo su hombro.

El de rastas abrió poco a poco sus ojos y se le notaba algo perdido. Había olvidado por completo que se encontraba en la habitación de Kimberly, por un momento pensó que estaba en su habitación, durmiendo en su cama pero al ver a Georg de pie le hizo saber que estaba en una idea errónea. Tom pudo ver que Kimberly por fin se había quedado dormida así que, como un acto reflejo, apretó el agarre de su mano y dio una corta sonrisa. 

—Apagaste tu radio, así que tuve que venir yo a despertarte, antes de que alguien más lo hiciera —le informó Georg—. Es mejor que te vayas y la dejes descansar. 

Tom, con pesadez, se puso de pie sin mirar, ni hablar con su compañero. Por última vez, tocó la mejilla de Kimberly e hizo una mueca al notar que todavía seguía algo fría, así que tomó la rasposa y vieja sábana y la cubrió hasta el cuello tratando de hacer que se sienta más cálida. 

Aún sin ver a su compañero, tomó la bolsa negra que yacía en el suelo y salió de la habitación. Georg salió tras él. 

Había un silencio incómodo en el pasillo, Tom pudo haberse ido, pero se quedó recargado en la pared esperando a que Georg cerrara la puerta. Su mirada era hacia el piso y se le podía notar que se encontraba demasiado tranquilo.

—¿Acaso estás loco? —Tom sonrió. Al parecer, lo que realmente esperaba era aquella expresión de su amigo—. Quedarte dormido ¿¡con una paciente?! ¿Sabes que te haría el Director si te descubre? Mierda, ¡di algo! Tu silencio me está poniendo algo incómodo. 

Tom solo subió sus hombros y Georg bufó.

—Solo… sentí la necesidad de quedarme con ella, eso fue todo —habló por fin. Georg alzó una ceja.
—Uh, ¿sabes qué es lo que pienso? —Tom y apenas lo vio—, yo pienso que te has encariñado mucho con ella. —el de rastas volvió a sonreír—. Y no te culpo, digo, aunque sea una loca, no hay que negar que es linda —la sonrisa se desvaneció y por fin pudo alzar su mirada para ver a su compañero.

—¿Qué dijiste? 

—¿Qué? Solo digo la verdad, es linda —repitió con despreocupación. Tom sacudió ligeramente su cabeza.

—Lo que quise decir es: ¿qué quisiste insinuar? —Georg lo miró extrañado.

—Uh, ¿acaso no te gusta? 

Automáticamente su cuerpo se enderezó y pudo sentir como se sonrojaba un poco. A él no le gustaba Kimberly, él solo la veía como una hermana, ¿no es así? —rió algo nervioso—. 

—No, no me gusta Georg. 

—Me acabas de demostrar lo contrario con tu reacción —le informó entrecerrando sus ojos—. No tienes nada de qué avergonzarte amigo, es normal que eso pase. Quiero decir, tú eres un chico y ella es una chica, ¡tenía que ver algo de reacción! —Tom apretó sus dientes, le comenzaba a molestar un poco la forma en que Georg le decía todo eso: como si fuese alguien inmaduro. 

—¡A mí no me gusta ella! —gritó separándose de la pared—. A mí no me puede gustar ella, ¡está loca!
Georg retrocedió un paso. 

—Creo que estás teniendo un momento de confusión con tus sentimientos. —susurró y comenzó a caminar—. Por cierto —inquirió mirándolo de reojo—, ante todo, ella es una persona, una mujer y tiene todo el derecho de amar y ser amada… así como tú y yo. 

Tom bajó su cabeza avergonzado. 

Sus pies comenzaron a caminar hacia la pared y recargó su frente en ella, golpeándola un poco. ¿Le gustaba? ¿A él realmente le gustaba Kimberly?
—Sí. 

Le confesó a la nada.



***
 —Pierdes tu tiempo. 

Bill se exaltó un poco al escucharlo, pero después no le dio tanta importancia y volvió a mirar a su amiga. Sam, se acercó a él y comenzó a hacer exactamente lo mismo. —Ella no puede vernos por el momento. 

—No te creo —le hizo saber. 

—No me importa si no me crees, yo solo te digo lo que es: la electricidad que se introdujo en su cerebro ha bloqueado absolutamente todo en ella, su tercer ojo en estos momentos no existe. 

Bill pasó saliva con dificultad.

—Eso quiere decir que lo de Kimberly tiene cura. —Sam rió.

—Claro, si la quieres someter a los electroshocks cada mes —negó—. Lo de ella no tiene cura porque no es una enfermedad, es un don. —Bill frunció el ceño—. ¿Qué?

—Se me hace extraño que estés aquí y no trates de lastimarla. 

Sam sonrió y miró a su vieja amiga. 

—¿De qué sirve si no me puede ver? 

—¿Y a mí? ¿Por qué no tratas de lastimarme? 

—¿No has sufrido mucho ya? —Cerró sus ojos—. No tengo intención de lastimarte, al fin y al cabo, tenemos cosas en común. 

Bill frunció el ceño molesto. 

—¡Yo no tengo nada en común contigo! 

—Ahora no lo ves, pero tarde o temprano te darás cuenta de ello y que también, los dos tenemos algo en común con ella —informó señalando a Kimberly—. Todos estamos conectados y es gracias a una persona.
Bill pudo notar como la expresión de Sam cambió: todo en él se ensombreció; al parecer su humor había cambiado y se podía notar odio en sus ojos. Ahí, Bill comprendió el porqué de su nueva apariencia: él, en esos momentos, tenía odio en su alma. 

—¿Quién es esa persona?

La oscuridad de Sam se había esfumado lo cual lo confundió. El chico rubio miró a Bill y le sonrió: 

—No es necesidad de que te lo diga, tu solo lo descubrirás y eso será… pronto.


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¿Ustedes creen que Sam sea realmente malo? 
ldfkdjfhkdsjgf creo que ver Avatar (la serie de nickelodeon, no la película xd) me ayudó algo en cambiar mi forma de redactar los capítulos o eso creo yo xd Esperen & difruten del capítulo:) <3 

23 jul. 2012

Capítulo veintisiete



Tom era iluminado por la única farola que había en esa curva, a un lado de él, se encontraba una llanta desgastada. El chico tomó el aire suficiente para armarse de valor pero aún así, sus pasos eran desconfiados: regresaba a la escena del accidente. 

Podía visualizar su coche en contra de la barda de cemento, la parte delantera totalmente destrozada y con daños irreparables, aún había humo. Sus pasos no eran firmes, pero estaba dispuesto a seguir avanzando sintiendo como los vidrios se encajaban en sus tenis blancos y al estar más cerca, podía sentir su pulso resonar en sus oídos; se detuvo, al sentir que pisaba un enorme pedazo de cristal y no pudo evitar mirar su reflejo: tenía la ropa del accidente, pero no había rastro de sangre, estaba ileso. Sus labios se fruncieron y alzó su mirada hacia el asiento del conductor, allí yacía su hermano, inconsciente, y su cuerpo se encontraba atorado en lo que era la ventana del coche, no se movía, parecía estar muerto.

Sus ojos se cerraron fuertemente, ¿cuántas veces tendrá que vivir ese suceso, acaso será lo único que su mente le ofrezca como sueño hasta el último día de su vida? —Una sombra bajó del cuerpo de Bill, arrastrándose por el pavimento, los vidrios, hasta llegar a los pies de Tom; dónde, ahí, se levantó retomando la silueta de su joven gemelo— ¿Será un castigo por ser...?

—Egoísta.



***



Su cuerpo se estremeció logrando así despertar. 

—Joven —llamó por enésima vez 

—¿Uh?

—Son $23 —señaló el taxímetro. Perdido, Tom observó a través de la ventana percatándose que ya había llegado su trabajo. Sus hombros se encogieron. 

Estaba exhausto y aún así no pudo pegar el ojo. No podía evitar reproducir la discusión que había tenido con Iris, las palabras resonaban una y otra vez en su cabeza: “soy la novia de Bill”. Ellos se lo habían mantenido oculto desde quién sabe desde cuándo y no lograba comprender el por qué su hermano no quería que supiera que estaba en una relación. Además, en todo el día no dejaba de preguntarse si era verdad lo que Iris había dicho: qué no le importaba Bill, sino él mismo; trataba de analizarlo, tal vez y tenía razón, tal vez y sea lo mejor ya que si bien es cierto que su hermano siempre sufrió de enfermedades, fue alguien muy débil respecto a eso pero también, es alguien fuerte: aún estando siempre enfermo, trataba de no darle importancia y luchaba para tener una niñez como el de los demás. 

Negó frunciendo el ceño. Iris estaba equivocada, él no era egoísta, no lo era; tenía algo de esperanza, que es diferente porque él más que nadie sabe de la fortaleza que su hermano posee, él está seguro de que está luchando para salir del estado de coma y regresar con la familia; aún así, una parte de él le decía que no estaba siendo sincero consigo mismo: tenía que admitir, que si tiene miedo de quedarse solo, pero eso es… porque su única familia, es Bill. 

“Dime Iris, ¿qué es lo que sentirías si tu única familia estuviera al borde de la muerte?”, pensó furioso.
Tal vez, la egoísta era ella. 

Sus pensamientos se cortaron en el momento en que entró al hospital y se dio cuenta de lo triste y estresante que era su vida: problemas en su familia y cuando piensas que puedes despejar tu mente en el trabajo, obtienes otras preocupaciones. De una forma logró encariñarse con la paciente a la que tiene que cuidar, aquél trabajo lo hizo sentir como si fuese su padre o su hermano: siempre tratando de velar por ella. Además, algo tienen en común: sus padres no son los mejores del mundo. 

—Que extraño —murmuró ante el silencio del pasillo y sin detenerse, caminó hacia la oficina de Jost pero alguien se le adelantó en la tarea de abrir la puerta— oh, lo siento —dijo sorprendido y echó una mirada rápida en busca de Kimberly, pero no había señales de ella, solo de sus dibujos. David cerró la puerta impidiendo mirar más. 

—¿Qué haces aquí, niño?

—Vengo a hacer mi guardia —le respondió entrecerrando sus ojos.

—Eso ya lo sé —bufó y giró los ojos—, me refiero a qué haces aquí —enfatizó señalando el piso.

—¿Qué no es aquí donde tienen a Kimberly? —David bajó su cabeza y negó. 

—El caso ya se cerró, todo acabó… Kim regresó a su habitación, así que vuelve a la rutina de antes. 

—¡¿Qué?! —soltó estupefacto— y… ¿en qué… terminó?

—Suicidio. 

—Oh —frunció el ceño— ¿y qué hacen sus útiles de dibujos aquí? ¿Por qué no se los llevaron? 

—No hubo tiempo —susurró comenzando a caminar.

—Eh… espere, ¿no cerrará su…? —preguntó a medias señalando la puerta de la oficina. Apretó sus labios y miró sospechosamente hacia la dirección que David había tomado. ¿Acaso él había dejado la puerta abierta… adrede?



***



—¡Tom! —saludó con entusiasmo Georg— ¿qué es todo eso que llevas ahí? —le cuestionó señalando la bolsa negra.

—Eh, son lápices, dibujos… tu sabes. —respondió dejando la bolsa en el suelo para tomar el radio que yacía en el escritorio y se lo colocó en su cinturón.

—Es para ella, ¿cierto? —Tom sonrió.

—Son sus pertenencias Georg, se las tenemos que devolver ya que está nuevamente en su habitación —inquirió tomando la bolsa nuevamente.

—Esto… —empujó la silla con ruedas hacia donde yacía su compañero—… ¿no lo sabes verdad, Gustav no te lo dijo?

—¿Decirme qué? 

—Kimberly fue sometida a los electroshocks, mira, puedes llevarle sus cosas… pero no creo que se levante de la cama hasta dentro un par de días —avisó difícilmente. 

—¡¡¿Electroshocks?!! —gritó soltando la bolsa.

— Comedor, dormitorios, baños, duchas, psicólogos... todo lo que te puedes imaginar, este hospital, lo tiene —dijo orgulloso— también tenemos una sala especial de electroshocks. 

— ¿Electroshocks? —pregunté deteniéndome. 

— Es una gran ayuda para nuestros pacientes… para los más… delicados. 

— ¿”delicados”?

Georg lo miró confundido. —Pareces sorprendido, ¿no te habían hablado de ello antes? 

—Bueno si, el Director lo mencionó pero no creí que…

—¿Hablaba en serio? —interrumpió alzando una ceja. Tom asintió—. Bueno, es algo muy común aquí.

—¿Pero qué eso no es algo demasiado fuerte? —preguntó con un nudo en el estómago, comenzando a sentir ansiedad, así como en el hospital. 

Con que de eso se trataba… 

—Te seré sincero, solo hubo una víctima de los electroshocks, pero eso fue hace años; en ese tiempo ni siquiera existíamos —le informó—. No creo que vuelva a suceder, además, la tecnología avanza cada día… algún día no necesitaremos más esa herramienta —aseguró despreocupado y llevó sus brazos detrás de la cabeza.

Tom se tensó. 

—Tengo que verla —murmuró. 

—¿Eh? 

—¡Tengo que verla! —gritó y salió de allí llevándose la bolsa consigo.

—¿Tom? —lo llamó— ¡Tom!

No había tiempo de esperar el elevador, corrió lo más rápido que pudo las escaleras mientras escuchaba los regaños y suplicas de Georg de que volviera a la sala de vídeos ya que Kimberly necesitaba descansar, pero su voz llegó a hartarlo y apagó la radio. 

—¿Kimberly? —su voz se perdió en el ruido que hizo la alarma al ser la puerta abierta—. Kimberly, ¡Kim! —la llamó por última vez; estaba frente a su habitación—. Soy Tom… te traje tus cosas —avisaba con la esperanza de escuchar un quejido de ella, pero nada—. Sé que no estás dormida. —aseguró dejando la bolsa en el suelo. Decidido, entró a la habitación.

Georg, desde la sala de vídeos observaba atento con el radio en mano como Tom entraba al cuarto de la paciente: entró como si no se tratase de una loca, como si no estuviera en un manicomio. Tom había entrado como si fuese el hogar de una amiga, de una novia y él, le llevaba un “obsequio”: sus dibujos.

—Tom —pronunció su nombre tomando asiento. Dejó su radio sobre el escritorio y se quitó los delgados cabellos de su frente—, no me digas que... te has encariñado con ella. 

El de rastas cerró la puerta tras él y caminó hacia la silla de madera, dejando ahí la bolsa negra. Desde la oscuridad de la habitación, pudo confirmar que Kimberly no estaba dormida pero aún así, no estaba despierta: su mirada no estaba perdida, simplemente, no había absolutamente nada en sus ojos y muy apenas se podía notar su respiración ya que era demasiado tranquila y lenta. Tom, sintió una presión en su pecho y lentamente, caminó hacia ella preguntándose qué demonios le habían hecho—. Nunca te dejo descansar, ¿verdad? —preguntó hincándose y pudo admirar mejor sus ojos llenos de nada—. Tal vez es, porque creo que tú también te sientes sola como yo y… que es mejor para los dos hacernos compañía, aunque sea solo por unas horas. —susurró y dudoso acercó su mano a su mejilla y la acarició. Su mano tembló al sentir su mejilla helada y ante eso, su ceño se frunció—. Nadie te ha venido a ver, ¿cierto? ¿Cómo se atreven a dejarte sola en este estado? —cuestionó acariciando su rostro para brindarle calor. Suspiró—. Tranquila, yo no me iré de aquí hasta que mi turno termine. 

Aquella voz sonaba en lo más profundo del ser de Kimberly, su guardia no se había dado cuenta, pero había logrado despertar al menos un sentido en ella, haciendo que un pequeñísimo brillo se asomara en sus ojos.
—Tom —lo llamó desde su interior.



***

—¿Qué es esto? —cuestionó Iris tomando la nota que yacía pegada en la puerta de la academia.



RENUNCIO.
-Tom Kaulitz- 

Su labio inferior tembló, al parecer, había perdido a su mejor amigo. 

La puerta de la Academia se cerró, Iris había entrado para preparar las actividades correspondientes del día dejando olvidada aquella pequeña nota en el pavimento. Tal vez las cosas sean mejor así.


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Otro máaaaaaaaaaaaaaas<3 ldkfjdsklflsdgf la inspiración si volvió a mí lml jajajajajjaja espero y les guste este cap :3 cada vez los sentimientos entre Tom y Kim son más obvios >:3
Los quiero & gracias por leer *-*

22 jul. 2012

Capítulo veintiséis



El recorrido al baño fue común y corriente, ninguno de los dos se volteaba a ver y parecía no importarles; Kimberly se detuvo y miró de reojo a unos policías que se encontraban platicando al final del pasillo, los uniformados, al verla, pararon su charla y Kimberly siguió nuevamente su camino. Tom, vio aquella escena extrañado pero le dio más importancia seguirle el paso a la paciente.

—Uh, bueno… eh, aquí te espero —balbuceó al llegar por fin a los baños. Kimberly pasó su mirada de la puerta a donde se encontraban los policías; ellos, al volver a sentir los ojos de la paciente prefirieron irse y Kim, al verlos marchar, decidió por fin entrar al baño. 

Tom soltó un suspiro y se recargó en la blanca pared cruzándose de brazos esperando a que terminara, volteó hacia donde habían estado aquellos policías y supuso que eran ellos los que estuvieron cuando Kim tuvo el ataque. Tal vez no había algo gracioso en ello, pero para Tom sí y no pudo evitar soltar una pequeña risa, al parecer, los policías no eran tan rudos. 

Al escuchar que la puerta se abría, se despegó de la pared y espero a que Kim se adelantara un poco, pero la chica no se movió. 

—¿Sabes si volverán a interrogarme? —preguntó con la mirada baja y con un nudo en su garganta. Tom se encogió de hombros. 

—No lo sé Kim, lo siento. —la chica asintió—. Dudo que el Dr. Jost les permita volver. 

Kimberly seguía sin moverse, tenía tantas cosas en su cabeza que no sabía cómo ponerles orden: Sam, Bill, Tom, los policías, el asesinato, David, ella; no sabía qué hacer primero: si arreglar el problema de Bill para que así él y Tom desaparezcan de su vida o pedir con desesperación los electroshocks para así, no ver en un buen tiempo a Sam ni a nadie y poder estar a salvo, pero, si eso hacía, también dejaría de ver a Bill y si eso pasa, la petición de éste se alargaría y ella solo se atrasaría en su recuperación. 

Cerró suavemente sus ojos, Bill y Tom irían primero: sería corta y directa, decirle a Tom todo lo que Bill quiere que sepa sería algo sencillo, allá él si no le quiere creer, ella ya se zafaría de ese asunto y volvería a concentrarse en los suyos. Suspiró. 

—¿Pasa algo? —no respondió.

Aunque el asunto de los gemelos sería un poco pesado, tendría que hablar con Tom como si le tuviese confianza, además, tenía que ganarse al cien por ciento la de él, cosa que —cree ella—, estaba logrando hasta que pasó lo del asesinato. Como sea, tendrá que hacerlo todo otra vez y desde el principio, aunque eso signifique escuchar una y otra vez la historia de Bill —historia que ya se sabe muy bien—, y soportar los lamentos de su débil guardia. Todo sea por quitarse un problema de encima. 

—No, nada —respondió y por fin comenzó a caminar, Tom la siguió. Kim debía de aprovechar esa pequeña caminata para comenzar a entablar una conversación con él, aunque no tenía ni idea de cómo comenzar pues nunca pudo tener conversaciones normales con gente normal; tenía que esforzarse—. Uh… ¿cómo, cómo siguió tu hermano? 

—Ha estado bien —respondió dando una corta sonrisa—, bueno, está como siempre… tu sabes —murmuró mirando el piso. 

—Si, lo sé… —agachó su cabeza y Tom la miró de reojo, ¿qué mosca le había picado?

—Y, eh, ¿tu cómo estás? 

—¿Dejando a un lado que estoy involucrada en un caso de asesinato? Estoy muy bien —respondió con un poco de sarcasmo, Tom rió. 

—Al menos te lo estás tomando bien —la chica subió y bajó sus hombros. 

—¿Qué más puedo hacer? Solo esperar a que el caso se arregle para terminar con el encierro en la oficina de mi psiquiatra y volver a mi encierro de siempre —Tom hizo una mueca.

—Suena algo… ¿aburrido? 

—Lo es, al menos en mi habitación tenía mi material para dibujar —murmuró. La verdad, extrañaba ese único pasatiempo. 

Tom dejó de caminar y miró a uno de los pasillos que guiaban hacia la gran escalera, tenía una idea. —Kim, espera. Le puedo pedir al Dr. Jost que te lleven tus materiales de dibujo antes de irme, si quieres. —le informó.



*



El dibujo comenzaba a tomar forma al ir borrando excesos. No había sido fácil convencer a David, pero al final accedió y al parecer, iba a acceder a muchas peticiones de Tom sobre Kimberly; él comenzaba a notar que por fin lograron una conexión de confianza y si Tom lo pedía, era porque su paciente realmente lo necesitaba. Cualquier cosa para mantenerla tranquila. 

—¿Qué es esto? —cuestionó el Dr. Baecker quitándole la hoja del escritorio. Su expresión fue de horror al ver al nuevo personaje de Kim y volteó a ver al Dr. Jost —quién aún se encontraba en el marco de la puerta— para exigirle que se acercara a ver la nueva creación de su paciente.

—Kimberly, podrías decirme… ¿quién es él? —preguntó sin despegar los ojos de la hoja. La chica dejó el lápiz sobre el escritorio y escondió sus manos debajo.

Agachó levemente su cabeza y se encogió de hombros. 

—Es… el asesino —respondió con dificultad. 

Sorprendido, Baecker le entregó la hoja a David restregándosela en el pecho. —Prepárala para una sesión de electroshocks. —el psiquiatra, con preocupación tomó la hoja y no miró a su jefe en ningún momento pero si a Kimberly y se sintió tan mal, porque aunque ella lo había pedido desde hace ya unas semanas, sabía que le aterraba demasiado y pudo percibir como una escondida lágrima bajó por su mejilla a lo que ella, agachó más su cabeza. 

—Toda esta pesadilla termina hoy —aseguró el Director. 

—Espera, ¿qué es lo que dirá? —le cuestionó un poco alarmado. Baecker miró sobre el hombro de David a la paciente. 

—Me las arreglaré con los investigadores. Todo terminará como suicidio. No más.
Y dicho esto, se marchó.

—Kimberly, no te someterás a los electroshocks si no quieres —le informó volteando a verla. 

Ella, cerró fuertemente sus ojos y soltó un pesado suspiro, al parecer, sus planes no iban a resultar como ella esperaba. 

—No lo quiero… pero tú sabes que realmente los necesito —susurró.



***

La mochila de Tom iba siendo arrastrada por él mismo, se sentía algo cansado pero nada iba a evitar que viera a su hermano. Al lograr visualizar a Gordon sentando en una silla lejana, sonrió, parecía que había pasado una eternidad sin ver a su papá, pero al ver en su rostro de tristeza, la sonrisa de Tom se desvaneció y se quedó congelado en medio de la sala de espera negando repentinamente; Gordon, se levantó y casi corrió hacia él y lo tomó por los hombros, tratando de tranquilizarlo antes de que rompiera en llanto, apretó el agarré un poco más y soltó un suspiro. 

—Sufrió un infarto —pudo sentir como su hijo se tensaba—, el doctor logró estabilizarlo. Todo está bien ahora.

—Tengo que ir a verlo —se apresuró aventando los brazos de su padre, pero Gordon lo logró detener de su suéter.

—No, el Doctor no nos permite pasar, dice que debemos dejar que… que descanse.

—Pero, Bill —musitó mirando la puerta de su habitación—. Yo, yo tengo que… —balbuceó. Gordon, lo guió hacia unas de las sillas y tomaron asiento. 

—Él sabe que estás aquí, no te preocupes. 

—Papá, ¿qué pasó, por qué decayó? —cuestionó con un hilo de voz. Gordon frunció sus labios y bajó su cabeza; no podía decirle, se lo había prometido a Simone. 

—No lo sé Tom, no lo sé. 

Los puños de Bill estaban apretados, estaba furioso. ¿Cómo se atrevían a ocultarle la verdad? Él debe saber que su verdadero padre volvió, que Jörg está nuevamente en la ciudad. Gruñó. Si él tan solo pudiera salir de la habitación, si Tom tan solo pudiera verlo. —¡Aaah! —gritó con furia logrando arrancar una de las persianas.—¡Papá está aquí, Tom! ¡¿Me escuchas?! ¡Él… él está aquí! —avisaba entre gritos y lágrimas de coraje. Todo eso era algo inútil 

—¿Qué sucedió? —cuestionó Simone acercándose a su esposo y a su hijo. Ellos, de pie, la miraron algo confundidos.

—Al parecer una persiana se cayó —informó el de trenzas volviéndose a sentar. 

Si él tan solo mirará más allá de aquella ventana oscura, si no tuviera la mente cerrada como todos los demás, él… él pudiera ver a su hermano y poder sentirse completo otra vez…

“Yo solo quiero que ésta pesadilla termine” pensó Tom y al otro lado del pueblo, Kimberly se encontraba deseando lo mismo.

La última persona que vio antes de cerrar sus ojos, fue a David, se encontraba al otro lado de la ventanilla: la miraba como un padre preocupado por su niña. Escuchaba como las enfermeras se movían a su alrededor, estaban preparando a la máquina y la banda ya estaba colocada en su cabeza.

—¿Estás lista? —preguntó el doctor, pero ella no le contestó. 

El Dr. Baecker le dio la señal a su enfermera y ella asintió encendiendo la máquina; escuchar la cantidad de volteos que recorrían los cables la ponían cada vez más tensa y como siempre, su mente le ponía a recordar todo lo que había visto a lo largo de su vida: era como una secuencia de imágenes que pasaban velozmente frente a sus ojos, al llegar casi al presente, las imágenes iban cada vez más lentos, la “película” llegaba a su fin, estaba a punto de pasar la última imagen y ese era, el rostro de su nuevo guardia, Tom.

Sus ojos se abrieron, las descargas habían llegado a su cabeza. Su cuerpo se echó para atrás y apretó los dientes más que pudo, no iba a gritar y no iba a llorar; no quería mostrarse débil enfrente de ellos.
La máquina fue apagada y Kimberly, automáticamente cabeceó. 

—Llévenla de nuevo a su habitación —escuchó a lo lejos. 

Su cuerpo estaba cansado y todo en ella se iba debilitando pero logró sacar una débil y escondida sonrisa: la imagen de Tom sonriéndole seguía intacta en ella.

Se durmió con la sonrisa del guardia plasmada en su mente.



***

Tom comenzó a sentirse incómodo y empezaba a removerse en la silla, su estómago sentía un revoltijo, estaba algo ansioso. Volvió a mirar hacia la habitación de su hermano y parecía que todo estaba tranquilo, no había motivo alguno para sentirse de esa manera.

—¡Tom! 

El de rastas se levantó al escuchar a Iris llamarle, extrañado, la abrazó. Ella se sentía más cómoda cuando él no estaba en el hospital, así, podía mostrar lo que en verdad sentía al estar enfrente de Bill, por ende, se le hizo raro verla en el hospital en la mañana.

—¿Cómo está él? —cuestionó mirando la ventana donde yacía el menor Kaulitz.

—Bueno, uh, él… —se rascó levemente la nuca—, él sufrió un infarto pero… —suspiró—, ya está todo bajo control.

Tom pudo notar como el labio de su amiga tembló, Iris bajó su cabeza y comenzó a negar.
—Hoy tuve una sensación extraña desde la madrugada, no he estado a gusto y mi instinto me decía que algo malo estaba pasando. No sabía que podía ser, te juro que no creí que se trataba de Bill —calló por un momento—. La verdad, deseaba que no se tratara de él pero… 

—¿Tu instinto? 

—No sé cómo explicarlo —confesó—. Es una extraña sensación en el estómago, cómo cuando estás nervioso y te empiezas a sentir ansioso de la nada —Tom se enderezó, él se sentía así en ese mismo momento—. Bill… —susurró derramando lágrimas. 

Tom la volvió a abrazar. 

—Tranquila, ya todo está bien, él es fuerte. —Iris apretó sus labios y se separó de él. Se abrazó a sí misma y dejó de mantener contacto visual con él—. ¿Qué pasa?

—¿No crees que ya ha sido mucho? —Tom frunció su ceño confundido.

—¿Mucho? ¿A qué te refieres?

—Bill está sufriendo mucho, Tom, ¿no crees que es mejor si…?

—¡No! —gritó y la mirada de suplica de Iris se convirtió en una de susto—. ¿Cómo se te ocurre pensar así? ¡¿Acaso estás loca?!

—Tom, baja la voz —rogó. 

—Bill logrará salir de ese estado ¡él lo hará! Y si tú no tienes esa fe ¡mejor vete de aquí! —le gritaba furioso.

—T…Tom.

—Creí que eras su amiga —dijo con rabia. Eso logró lastimarla. 

—Te equivocas, yo no soy su amiga, ¡¡soy su novia!! —le gritó a todo pulmón. Los ojos de Tom comenzaron a llenarse de lágrimas: ¿novia? ¿Bill tenía pareja y nunca se lo había contado? La novia de su gemelo era su mejor amiga ¡¿y nadie le había dicho nada?!—. Y me duele tanto verlo en ese estado, ¡¿qué acaso no te das cuenta?! ¡Tu hermano está agonizando! Mi novio, el amor de mi vida… está sufriendo —susurró— y por más que me duela, sé que es lo mejor dejarlo ir. —Las lágrimas de Tom se detuvieron comenzando reflejar furia en sus ojos. 

—Si amarás a mi hermano, no pensarías eso —susurró. 

—Al contrario —desafió— porque lo amo, sé que es lo correcto y… de alguna manera, siento que él no los agradecería. Tom, ¿no recuerdas? Tantas enfermedades que Bill pasó, tantos malos ratos que estuvo en el hospital. Bill está allí —señaló la habitación— a causa de una enfermedad, su cuerpo es débil, él está débil; los doctores solo lo lastiman más y más y no logran ningún avance, ¿tú crees que Bill quiere seguir pasando por esto? ¡¡Contéstame!! —exigió ante su silencio. 

—Nadie separará a Bill de mí, ¿entiendes eso, Iris? Nadie —dijo con la voz ronca debido al llanto reprimido—. Es lo único que tengo —susurró.

Las manos de su amiga se convirtieron en puños, la ira se iba apoderando poco a poco de ella pero no iba a perder el control en ese lugar, iba a tranquilizarse, iba a hacerlo por Bill.

—Tom —sonrió ingenua—, dios, ¿cómo no me di cuenta antes? —el de rastas la miró confundida—. A ti no te interesa como se siente Bill, te da igual si sufre o no… lo único que te interesa es no quedarte solo… —inquirió mirándolo a los ojos.

—¡Yo no…! —calló desesperado— ¡Eso no es cierto! 

—¡¡Eres un egoísta Tom!! ¿Cómo puedes hacerle esto a tu propio gemelo?

—¡No sabes de lo que estás hablando, Iris! —aseguró entre dientes. La chica negó. 

—Yo lo amo Tom, amo a Bill con toda mi alma y si tu lo amaras… pensarías igual que yo. —Finalizó comenzando a retroceder.

—Yo amo a mi hermano —susurró con su llanto deprimido— ¡Yo amo a mi hermano! —Le gritó a su amiga y ella, pretendía no escucharle mientras se marchaba de ese lugar con lágrimas en sus mejillas.
Fue triste haber averiguado que su mejor amigo no dejaría descansar en paz a su novio y solo… solo por no estar solo.

—Yo amo a mi hermano —susurró con sus ojos rojos.

Él lo amaba, si, él lo hacía. No era egoísta, ¿verdad? Él no lo era, él... él solo… 

—…no quiero estar solo.

Aquellas palabras se quedaron en sus labios, nadie logró escucharlas, ni siquiera él.



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Aquí está el nuevo capítulo. Lamento la demora, sinceramente mi mente se bloqueó y ya no sabía como continuar con la historia y además, me distraía fácilmente con cualquier cosa y no me empeñaba en la novela como debía. Pero la inspiración volvió extrañamente gracias a una canción .-. que es muy hermosa lml y la he escuchado miles de  veces y me ha ayudado a terminar este capítulo :D y espero que así siga & también espero que ustedes sigan por aquí D: y que les haya gustado este cap! Graciaaaaaaaaaaaaaaaas por leerme <3