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Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

3 nov. 2013

Long hiatus in the Tokio Hotel fandom

He decidido tomarme unos meses de ausencia del fandom de TH. La verdad ya no siento inspiración, conexión ni emoción. Por más que me esfuerzo, simplemente ya no es lo mismo. No sé si en verdad se deba a la ausencia de los chicos o porque al estar en otros fandoms he notado que este en verdad está muy desunido y no me agrada la forma en que nos tratamos. Se me hace estúpido que digan que las "aliens" son la mejor familia cuando no es así. Nos criticamos y burlamos entre nosotras mismas solamente porque unas chicas no saben respetar los gustos de otras; porque unas fans siguen teniendo sueños de casarse con algún miembro de la banda; porque si el twc, porque si Ria, porque si el amor, porque si esto, porque si lo otro. Nope. I'm so fuckin' done. 

Tampoco quiero generalizar porque hubo muchas chicas en el fandom que siempre fueron muy buena onda conmigo e hicieron que mi estadía aquí fuera demasiado agradable. Aquí fue donde hice mis primeros amigos online y donde supe que la amistad no tenía fronteras. Además, ustedes, mis lectoras, siempre fueron un amor conmigo y siempre, siempre se los agradeceré. Ustedes fueron la razón por la que aguante un poco más. 

Esto no quiere decir que ya no me gusta la banda y que deje de tener respeto hacia los chicos. Nope. Sigo siendo fan de ellos, sólo decidí no formar parte de la comunidad. Estar por mi lado y disfrutar lo que ellos nos ofrecen con calma sin que nadie me diga que lo que creo/veo/siento está mal. 

Así me siento más tranquila. 

Sobre mis fanfics, más bien, sobre FOI en sí,  también la dejaré suspendida, no sé por cuánto tiempo. La terminaré, claro, pero no puedo y no les daré una fecha exacta. No lo sé. Escribiré cada capítulo cuando sienta una fuerte conexión y añoranza hacia la historia/personajes/trama. Mientras no sienta nada de eso, no pienso siquiera abrir el documento. Así que no más FOI, por ahora. Pienso editar mis fanfics y one-shots, ya saben, los primeritos que publiqué porque no pienso borrar nada de mis viejos escritos de TH, aquí seguirán, por si alguien los encuentra y le llama la atención leerlos (no estoy dejando mis fanfics a su suerte. Son míos y si alguien quiere hacer algo con ellos --que dudo que eso pase, pero aun así, por si acaso-- tienen que pasar primero por MÍ, informarme a mí, preguntarme a mí y yo ya veré si acepto o no. Respeten mis derechos como autora, gracias). 

El blog seguirá abierto y actualizándose conforme vaya subiendo proyectos de los otros fandoms en donde estoy (actualmente InuYasha y Attack on titan, ambos animes). Si les gusta alguno o quisieran aventurarse, sólo por curiosidad, ya saben, no es necesidad de preguntar: siempre estarán bienvenidas a los diferentes mundos de mis historias :-) 

Tal vez, tal vez, suba alguna que otra cosa mía, personal, pero quién sabe. Eso es lo de menos. 

Y para finalizar, quiero que sepan que si alguna vez necesitan hablar con alguien o de alguien, quiero que quede bien claro que pueden contar conmigo, para lo que sea:-). El no estar en el fandom de TH no implica que me cerraré a toda comunicación con las personas que quieran tener una conversación conmigo, siempre estaré a su disposición n_n. Actualmente, estoy más activa en mi tumblr que en cualquier otra cosa, así que ahí me pueden encontrar con facilidad:)

Creo que es todo lo que tenía que decir. Muchas gracias por estos maravillosos años que me ofrecieron en el fandom, ¡fue una gran experiencia que nunca olvidaré!

¡¡Nos leemos en la próxima lectura!! 

Adiós "ArlyGzz".
Hola, "ineverloveyou"  




2 nov. 2013

Lista de one-shots, ¡actualizada!

INUYASHA

"Love him, because he's perfect" (Halloween special)


Rated: K+
Personajes: Hojo
Categoría: General 
Género: Horror/Drama

Summary: Hojo tiene amigos maravillosos, chicas que mueren por él y una familia que lo adora. Todo el mundo lo ama, ¿por qué tu no lo haces también? [Leer]

Bury your sins. Not you (Halloween special)

Los derechos de esta imagen no me pertenecen.
Rated: T 
Personajes: Sango
Categoría: General 
Género: Horror/Tragedy

Summary: Las copas de los árboles se mecían al ritmo de la brisa nocturna y al tenerlos sobre su cabeza, los ojos de Sango se abrieron de golpe, en silencio: parecía que le estaban dando la bienvenida [Leer]


Experimentando con un inexperto. 
Los derechos de esta imagen no me pertenecen 
Rated: M 
Personajes: InuYasha, Sango 
Categoría: Hetero
Género: Romance/Drama
Advertencias: NSFW

Summary:  ¿Acaso Sango no lo creía lo suficientemente hombre para hacerlo? ¿Lo tomaba como un maldito chiste? Pues que gran error [Leer]

SNK: ATTACK ON TITAN

"Vuela, hazlo con libertad"
Los derechos de esta imagen no me pertenecen
Rated: K
Personajes: Levi, Petra
Categoría: Hetero
Género: Spiritual/Hurt/Comfort

Summary: Petra todavía no podía irse: había llegado el último visitante a observar el hermoso y temible mar.[Leer]


4 ago. 2013

Capítulo setenta y tres.





Tom acariciaba con su dedo pulgar el dorso de su mano. Su piel era fría, pero él seguía vivo, pensó el guardia tratando de darse fuerza a sí mismo.



Quería pensar que era su imaginación, pero cuando entró y lo vio, no pudo evitar asegurar que estaba más demacrado. Su piel estaba más pálida y también se veía desnutrido (aunque no tanto como Kimberly, gracias al cielo): sabía que lo alimentaban por sonda, pero al parecer, eso ya no era suficiente.



Él no sabía nada acerca de las nuevas noticias que los doctores le daban a su madre y a Gordon, hace meses que se negó a saber sobre aquello. No quería escuchar opiniones externas, qué más daba si eran profesionales; desde ese día en adelante, él sólo se guiaba por su intuición de hermano gemelo. Sí, aunque sonase absurdo. Porque los doctores no conocían a Bill como Tom lo hacía, ellos no sabían la fuerza interior que Bill poseía. Tom sí, por eso confiaba en su conexión como gemelos: mientras él lo sintiera vivo, eso le bastaba para saber que Bill abriría los ojos.



Tarde o temprano, pero lo haría.



«Yo… puedo ver a personas que ya no están en este mundo». Apretó con fuerza la mano de Bill.



Su mente, su cordura, su estabilidad se había ido a la mierda hace tiempo, pero aquello hizo que todo en su interior explotara (una vez más). Todavía no terminaba de digerir aquellas palabras y se sorprendía de sí mismo al caer en cuenta que se había tomado aquella declaración con demasiada tranquilidad. ¿Fue la emoción de tenerla devuelta lo que le impidió razonar como era debido? En ese momento, él se sentía en una nube: estaba flotando y por primera vez en mucho tiempo su cabeza guardó silencio. Y todo, porque Kimberly volvía a estar en sus brazos.



Se frotó los parpados con pesadez.



Claro, aquel silencio no iba a durar para siempre: su mente comenzó a despertar, haciendo mucho ruido. Recordándole el lugar dónde Kimberly estaba, el lugar dónde él tuvo que ir para rescatarla; las personas que vio y lo que en verdad eran o más bien, fueron.



Conoció a Jeny y no sabía qué hacer con eso: obviamente, le había jurado a Kimberly guardar aquella confesión como un secreto. Él se lo había tomado con calma y ahora, que lo estaba analizando todo, tenía sentido. Era cierto, o si no, ¿de qué otra manera puede explicar que haya estado hablando con dos personas muertas? Estaba loco, sí, lo admitía. Pero no lo suficiente para orillar a su mente a crear toda aquella ilusión.

1 ago. 2013

 
 
 
 
 



Lista de fanfics/one-shots ¡actualizada!

INUYASHA: ONE-SHOT.
 
"Confusions in our soul"
Los derechos de esta imagen no me pertenecen.
 
 
Rated: T (+13)
Personajes: Rin, Kouga.
Categoría: Hetero.
Advertencia: Romance, Hurt/Comfort.

Summary: Heridas que serán sanadas por alguien que mantiene todavía más en su interior. [Leer]
 
 
ATTACK ON TITAN (SNK): ONE-SHOT.
 
"Don't go"
 
 
Los derechos de esta imagen no me pertenecen.



Rated: K + (+9)
Personajes: Eren J., Armin A.
Categoría: Yaoi.
Advertencia: Romance, Hurt/Comfort
Summary: No importa que tan cruel las cosas puedan ser para su compañero. Armin nunca se iría de su lado, nunca lo dejaría. Ni siquiera la muerte se lo impediría. [Leer]


TOKIO HOTEL: ONE-SHOT
 
"Never stop fighting"
 
 
 
 
 
Rated: PG-13
Personajes: Tom K., Amy lee, Gustav S., Simone, Jorg, Georg L.
Categoría: Hetero.
Advertencia: Muerte de personaje secundario, violencia.
Summary: En un mundo donde los titanes gobiernan la tierra, las esperanzas para salvar la humanidad, son cada vez más escasas [Leer]
 
 




16 jul. 2013

¡IMPORTANTE!: Cambio de URL

En todos estos días de ausencia (creo que fueron semanas), descubrí a qué se debía mi gran problema con los bloqueos que sufría al tratar de continuar con FOI: la inspiración simplemente se llegaba a rehusar y por el simple hecho de que no me nacía escribirlo. No sé si esto se deba a la falta de actividad por parte de Tokio Hotel (lo cuál, está bien, estos chicos merecen su descanso después de todo) o tal vez, porque ya no los veo con los mismos ojos.

Es extraño, porque aun diciendo esto, soy capaz de asegurar con toda sinceridad que sigo siendo su fan, los sigo y seguiré respetando y siempre tendrán un lugar especial dentro de mí. Pero, ya no los sigo idolatrando como antes: ya no me nace ese amor de antes, esa obsesión por ellos que me mantenía al full en el fandom y eso me deprimió llegando al punto de estresarme porque no sabía qué hacer.

Me encontré entre la espada y la pared porque después de toda mi discusión mental, sólo pude llegar a dos salidas... algo obvias:

  1. Me retiro del fandom y dejo morir a FOI por la paz, aunque esté inconclusa o,
  2. Termino FOI a como de lugar (nunca he dejado algo inconcluso y no pienso empezar ahora) y después, de que le de su merecido final, me voy.
Y después de darle mil vueltas a mi cabeza y hablarlo con una amiga, decidí la segunda opción. Porque era lo mejor y lo más lógico: puede que debido a mis largas ausencias haya perdido a muchos de ustedes (tal vez a todos), pero aun así, quiero darle final a esta novela por ustedes y por mí.

Esa era la decisión final, y por eso también llegué a la conclusión de que debía modificar mi blog: ya no podía ser tokiohotelhistorys, tenía que cambiar, agregar mis nuevos intereses. Dejar en claro que ya pertenezco a otros fandoms, también.

Por eso, poco a poco estoy haciendo estos cambios: una simple barra de menú lo dice todo, ¿no? Entonces, por el momento, así lo dejé. Estoy editando entrada para poner en orden las cuatro historias (sin contar FOI) que publiqué aquí, pero para terminar estos pasos, tengo que modificar de una vez por todas la url.

Eso lo deje pausado, porque mientras me daba el tiempo de pensar el nuevo nombre del blog y acomodar los últimos cambios, me puse a trabajar en el capítulo 72 de FOI y mientras más avanzaba, más me di cuenta que realmente no quiero irme de aquí.

Yo empecé en el fandom de Tokio Hotel, aquí aprendí todo lo que sé (o lo poco, no sé). Conocí a hermosas personas que ahora son unas de mis mejores amigas, las conocí a ustedes, mis lectoras, que me dieron y me siguen dando todo mi apoyo aun y cuando lo que escribo no es lo mejor. Y lo agradezco con todo el alma hasta el grado de ir y abrazarlas a cada una y estrujarlas y apretarles sus cachetitos *-* (dfhakdfdkjg soy tierna :c) porque lo hetero es lo que menos se lee hoy en día por estos rumbos y saber que hay gente que aun le interesa esta categoría y todavía mejor (aunque suene egoísta m.) que se interese en MIS NOVELAS HETERO es... es... wow.


Yo crecí aquí, ¿cómo dejarlo? No. Simplemente no.

Ahora, tal vez esté hablando sola y me lo merezco. No lo negaré, soy irresponsable, punto. Así que no me sorprende si la verdad ustedes no están aquí o se cansaron de esperar, en verdad, lo entiendo muy bien. Es lo más lógico, pero, por si alguna razón, sólo tienen curiosidad de lo que está pasando conmigo y están leyendo esto quiero decirles: Hola :C dkfhdskjgf gracias por seguir aquí ;_; ♥

Bien, a resumir esto (?).


  • Terminaré FOI. Con ánimos, porque aunque llegó un punto en que me cansó y me aburrió la historia descubrí nuevamente porqué la cree y el porque le di mi tiempo, mi espacio, mi todo en su momento. Me encariñé con los personajes, la trama, todo y merece su final. Uno bueno y juro que me saldrá del alma y no será uno forzado sin sentimientos. No. NO. NO. Simplemente, así no.
  • No me voy. Aquí seguiré para las que gusten quedarse conmigo un rato más, agradeceré mucho su compañía: me alegraría saber que no estoy sola.
  • ¿Seguiré subiendo mis fanfics de TH aquí en el blog? Sí y también pienso subirlas en thficción.
  • ¿Este blog será multifandom? Sí. InuYasha y SNK (attack on titan), específicamente ambos animes.
  • ¿Subirás los one-shots/fanfics de InuYasha, SNK, etc en el blog? No. Esas las subiré exclusivamente en ff.net, sin embargo, aquí pondré las listas de las historias con su respectivo resumen, rating, etc. Por si les nace la curiosidad y quieren leer :-)
  • ¿Diré de una puta vez cuál será la nueva url del blog? Sí xd


tokiohotelhistorys.blogspot.com, adiós.
 
 
La nueva url será:
 
 
storiesofarlygzz-ineverloveyou.
 
 
Necesito que comprendan que es de mucha importancia que guarden la nueva url ya que cuando llegue el tiempo de cambiarla, TOKIOHOTELHISTORYS no existirá y no podrán encontrar el blog, y si lo llegan a buscar con esa url, aparecerá como inexistente.
 
Dejaré este aviso por una semana.  La url será cambiada el domingo 21 de julio, si por alguna razón me aparece que la nueva url ya está ocupada (que lo dudo mucho, al menos que haya otra arlygzz por ahí ._. la cual deberá morir... *carraspeo nervioso* digo, sí... eso, olvídenlo), informaré por mi página de Facebook  acerca de ese impertinente y del nuevo nombre que estaré obligada a dar... er, como digo, dudo mucho que eso ocurra, pero bueno, no está mal prevenir xd.
 
 
Nuevamente, sin tantos rodeos:
 
 
La url del blog será cambiada a "storiesofarlygzz-ineverloveyou" el 21 de julio. Si es de su preferencia, guárdenlo. Esa será la nueva forma de encontrar el blog.
 
 
Cuando ese cambio sea realizado, continuaré editando las entradas de mis historias, todo para que sea más fácil encontrarlas en este desorden xd
 
 
En fin, supongo que es todo, si surge alguna duda o algo así, las contestaré en el inbox de Facebook, mi tumblr, y por supuesto, mi ask.
 
 
Supongo que es todo, por el momento.
 
 
¡¡Hasta la próxima lectura!!
 
 
ArlyGzz

15 jul. 2013

Capítulo setenta y dos.


Sus ojos se abrieron de golpe encontrándose con la vista del piso. Los sentía secos, al igual que su garganta y un dolor tremendo invadió su cabeza, desorientándole por pocos minutos: llevó su mano a su frente y con calma, se puso de pie percatándose de que había caído inconsciente al poner a penas un pie dentro de la habitación, quedando tirado frente el marco de la puerta.



«Con que… así fue», descubrió convirtiéndose en un espectador por unos segundos: pudo verse entrar, agitado, nervioso y al pasar la puerta, su cuerpo cayó pero su alma siguió corriendo en busca de Kimberly. Entonces, de esa manera, fue como entró a ese mundo extraño o (cómo había dicho “Jeny”) el mundo de los… muertos.



Sacudió su cabeza con fuerza, todavía no quería divagar en ideas estúpidas de lo que había sucedido porque, siendo honestos, sentía algo de miedo ante las posibles respuestas. Lo que pasó, pasó y eso fue lo que le asustaba: ¿cómo pudo haber sido todo eso verdad? Refunfuñó por lo bajo dándose media vuelta, encontrándose con un cuerpo cubierto por una sábana blanca, dejando al descubierto sus brazos y pies sucios y descuidados, los cuales, le brindaron una alarmante descarga eléctrica que recorrió desde su nuca hasta su cadera: la persona que yacía debajo de la sábana era Kimberly, ¿por qué no se movía?



Con sus ojos dilatados, su rostro pasmado y sus pies cansados, caminó hacia ella extendiendo sin darse cuenta su brazo derecho, dispuesto a destapar su rostro en el momento en que tocase la sábana, al tiempo que balbuceaba cosas sin sentido en su cabeza: se supone que había salido, él la había sacado de esa maldita prisión, logró rescatarla y pudieron salir los dos, ¿no? Recuperó su cuerpo y regresaron al mundo de los… vivos; él era la mismísima prueba, estaba presente, caminando, respirando, ¿entonces por qué ella no se movía? Ella también tuvo que haber regresado con él… ¡los dos salieron juntos, mierda!



—¿Kim…? —aquel nombre apenas y logró ser entendible. Tom temblaba al igual que su voz pero procuró mantener su brazo y dedos firmes: a estos, los extendió lo más que pudo y al sentir el rose de aquella sábana, la tomó destapando de un tirón a la paciente que yacía escondida debajo de ésta y entonces, Tom se preguntó si estaba dormida.

27 jun. 2013

Capítulo setenta y uno.




Los latidos de su corazón los podía sentir en todo su cuerpo. Si es que acaso todavía existía una pisca de cordura en la habitación, esto se había desintegrado, derretido, quemado, desvanecido en la peor forma posible. Todo esto ante sus ojos y era algo que su débil cuerpo ya no podía soportar.



Pero debía. Dudar ya no es una opción y mucho menos cuando estás a un paso (o tal vez varios) de recuperarla y por lo visto, con una aliada.



Ya no le importaba lo que Jeny fuese o si se trataba de la misma paciente a la cual Georg amó. En ese momento nada era importante: mientras ella le ayudase a sacar a ese “Sam” del cuerpo de Kimberly, todo estaría… bien.



—Maldita. ¿Cómo es que puedes ser vista? —cuestionó Sam recorriéndose sin despegarse de la pared. Seguía manteniendo su mano en su mejilla y sus ojos estaban llenos de furia e impotencia: su entrecejo fruncido y el arrugamiento en su nariz lo delataba. Jeny, al escucharlo, volvió a mirarlo dándole su espalda al guardia, quien, en ese momento, iba a hacer un gran cero a la izquierda.



Esa pelea, de algún modo, se estaba convirtiendo de ella.



—Esta habitación no está en el mundo de los vivos —explicó sonriendo de lado al notar la leve expresión de asombro por parte de su compañero—. Si me quieres insinuar que estoy invadiendo terreno, no es así, amigo. ¡Tú estás invadiendo el mío!


Los dos intrusos se quedaron en shock ante aquella confesión. Por un lado, Sam, que comprendía a la perfección las leyes del mundo de los vivos y muertos y por el otro, Tom, quién no tenía ni la menor idea de lo que sucedía. Ella había dicho “vivos”, eso quiere decir que en… en verdad… ¿murió?



—O más bien, ella —corrigió encogiéndose de hombros.


Sabía que algo iba mal: desde que recobró la conciencia y pudo sentir como el campo de energía de Kimberly se desvanecía, supo que algo malo le había sucedido a su amiga. Y sí, sus sospechas fueron confirmadas al descubrir que su cuerpo había sido llevado a un mundo en el cual, no todos los vivos son capaces de entrar. Otro problema y más importante aún, es que el alma que yacía en su cuerpo no era de ella… era de un intruso, de Sam.



Sus manos lentamente se convirtieron en puños y sus ojos se cerraron con fuerza. Y pensar que comenzaba a verlo como un amigo, que compartía su lástima y dolor y que en más de una ocasión, logró entender sus sentimientos.



Era un maldito traidor.



—Así que yo… —masculló alzando su vista—… ¡yo expulsaré a Kimberly de aquí!



La boca seca de Sam se cerró y en ese momento, una sonrisa burlona se formó en sus labios. Sin cuidado alguno, bajó su mano dejando al descubierto la marca del golpe que había recibido apenas hace unos minutos y acomodó inútilmente su mechón detrás de la oreja—. Alguien débil como tú, ¿expulsará a un ser vivo? ¡No me hagas reír! —soltó entre una leve carcajada ocasionando un leve gruñido por parte de Tom.



Aquella risa era grotesca y lo peor era que provenía de la garganta de Kimberly. Eso, de alguna manera, lo hacía enfurecer.



Sam lo notó y volvió a reír fijando su atención nuevamente a su compañera.



—Tienes razón, soy débil. Pero no estoy sola… —aclaró mirando al guardia, quien desorientado, puso su atención en ella: volvían a incluirlo—. Tom, tú me ayudarás.



El cuerpo de Sam se tensó: Jeny lo había descubierto.



—Después de todo, él también es una simple alma.



—Maldición —gruñó callando abruptamente al sentir una fría mano apretar su cuello—. ¿Q… qué haces? —balbuceó encajando sus uñas en el brazo de su compañera—. No me sacarás, no lo lograrás. No hasta que… hasta que cumpla con… mi objetivo.



Ahora, Jeny rió.



—¿Quién dijo que yo iba a sacarte?



Los labios de Tom se entreabrieron al sentir la mirada de aquellos dos sobre él: en su cabeza sólo se podían escuchar constantes ecos y una que otra palabra bien articulada. Alma, cuerpo, sacar… fue lo único que logró distinguir y ahora, esa chica mirándolo con complicidad. ¿Qué tenía qué hacer, qué debía hacer?



—Sólo entrar.



La respuesta vino por sí sola, acompañado de un forcejeo por parte de “Sam”.



—No. ¡No te acerques Kaulitz, no te acerques! —amenazó y Tom volvió a sentir una furia indescriptible. “No con su voz”, ordenó en su interior. Lo aborrecía, era lo más asqueroso que aquel desconocido podía hacer: nombrarlo utilizando la voz de Kimberly.



—Eres un alma aquí Tom —siguió Jeny apretando el cuello de Sam al sentir que sus uñas le perforaban la piel—. Entra, entra y saca a la verdadera dueña de este cuerpo, ¡saca a Kimberly!



—¡Maldita zorra! —gruñó el intruso escarbando en la piel de la muchacha—. Esto lo hago también por ti, ¡por los demás, por todos! ¡¡Debo matarlo!!



—¡¡No con el cuerpo de nuestra amiga!! —escupió tomando su cuello con las dos manos, aguantándose el dolor.



Sam se quedó inmóvil observando los ojos brillosos de Jeny; algo le dijo que los suyos lucían exactamente igual en ese momento. La chica agachó su cabeza sin ni siquiera aflojar un poco el agarre y comenzó a sollozar, Sam lo supo aunque no escuchase sus llantos: el movimiento constante de los hombros hablaba por sí solo. Y después, al ver sus ojos rojos cayó en cuenta que la estaba lastimando, sin importar que aquellas acciones fueran por ella también, por su salvación. Jeny se había convertido en… su amiga. También quería salvarla.



—Prometiste que ya no le harías daño Sam —su cuerpo se estremeció como si le hubiese caído encima un balde de agua helada—. Dijiste que la dejarías en paz. ¿Por qué? ¿Por qué echaste esas palabras a la basura? —apretó sus labios—. ¿Por qué no puedes cumplir tu propia promesa?



—Yo… —murmuró—… yo prometí… —sí, lo hizo. Había prometido alejarse de ella, había decidido dejarla libre para que pudiese estar al lado de ese maldito guardia y también, había prometido—… protegerla. —Sus ojos brillaron y Jeny volteó con el guardia.



—Tom, ¡¡ahora!!



Su cuerpo reaccionó con torpeza ante aquella orden, pero sus pies corrieron por sí solos, ayudándole. No entendía lo que debía hacer, no había recibido instrucciones claras pero lo único que había logrado procesar se lo repetía una y otra vez: “entra, entra, entra, entra” y no debía ser adivino para saber dónde debía de hacerlo.



Logró escuchar gritos, aunque eran lejanos y cuando logró acercarse a su objetivo, pudo observar como “Sam” luchaba para librarse del agarre de la muchacha. Él era quién gritaba, pero no distinguía nada de lo que decía y simplemente no le importaba. “Entra”, se repitió una vez más extendiendo el brazo hacia aquel rostro que hace unos días atrás le encantaba acariciar y que ahora, no le producía sensación alguna. Sólo disgusto.



Sam sentía el sudor recorrer por todo su cuerpo y también, sintió a la perfección como sus pupilas se dilataban al tener a dos centímetros los dedos de ese maldito guardia. Lloraba, rompió en llanto en cuanto sintió el agarre de Jeny aflojarse al fin ya que eso sólo significaba una cosa: Tom consiguió entrar. Y eso hizo que llorara más. ¿Por qué nadie lo dejaba matarlo? ¡¿Por qué todos defendían a Baecker?! ¡¿Por qué nunca nadie podía estar de su parte?!



—Lo siento, Sam.



Aquellas palabras fueron pronunciadas al dejarlo completamente libre y un simple “no” se escuchó como respuesta. Había sido derrotado, ¿por qué?, ¿por qué no lo dejan ser libre?



—… no —tenía al guardia frente a frente—… ¡no! —para desaparecer unos segundos después.



Había conseguido entrar.




La vio, lo hizo en cuanto miró directamente a través de esos ojos vacíos llenos de oscuridad. Lo cierto era, que no estaban vacíos del todo: en su interior contenían algo de precioso valor, para él, lo era… Kimberly. Por fin, por fin la había encontrado.



Su cuerpo rebotó al llegar al final de lo que sabía fue una caída de la cual, desconocía la distancia pero si se le hizo larga; sacudió su cabeza y con cuidado, se puso de pie.



Su cuerpo se heló al instante e incluso, su corazón se detuvo. ¿Qué era aquello que sentía, lo mataba por dentro? Era un dolor pero extrañamente podía asegurar, era ajeno: él conocía muy bien su propio dolor. Lo ha estado llevando sobre su espalda desde el día en que su padre lo abandonó.



Esa sensación de ahogo y soledad era de alguien más.



Pasó saliva y cerró sus ojos tratando de calmarse: ya no debía distraerse con nada y también, tenía que poner su cabeza en blanco. No era el momento para andar cuestionándose cada suceso, como lo había dicho antes, ya nada importaba; tal vez, las respuestas surgirían más adelante: si era así, era más probable que no creyera en nada y si no, bueno… eso era lo mejor.



Caminó, juró que lo hizo por línea recta en aquel lugar que se suponía… era el interior de Kimberly. Pero parecía perdido. Había perdido un curso inexistente y no lograba encontrarla, a pesar que la había visto a la perfección antes de aventurarse en su interior, reflejada en aquellos ojos que parecían de vidrio. Ahora, nada, no había rastro y eso hizo enfurecerlo una vez más: por dios, ¡no podía ser tan inútil! Siempre recibiendo ayuda, siempre y ahora, que está por su cuenta, ¿no puede encontrarla? Si no fuese por… Bill —sus hombros se encogieron y continuó su camino—, él todavía estuviese en esas escaleras muriéndose por asfixia. Si no fuese por… aquella niña, no hubiera tenido una mínima pisca de la extraña actitud de Kimberly y por último, si no hubiese sido por… Jeny, no hubiera ni siquiera entrado. ¿Por qué? Porque era un estúpido, por eso. No sabía razonar, actuar. ¿Qué hizo cuando confirmó que había un intruso en el cuerpo de Kim? Nada. Se quedó ileso observando como aquella muchacha lo enfrentaba.



Él ya no quería ser un inútil.



Él en verdad quería salvarla, por su cuenta, sólo. Quería demostrarle lo que valía, que podía defenderla, cuidarla. Que podía estar a salvo con él. Que podían estar bien juntos.



Los pies de Tom temblaron, pero no bastó varios minutos para descubrir que no eran sus pies, era todo ha su alrededor: temblaba, parecía un pequeño sismo o como si un gran edificio estuviese a punto de derrumbarse. Sus ojos se abrieron de golpe: sí, algo se derrumbaba y eso era lo poco que quedaba de la esencia de Kimberly; maldición, Sam volvía a recuperar su fuerza, ¡debía apresurarse! Así que corrió, tan simple como eso.



Corrió, gritó y chilló el nombre de la paciente. Buscó en todas partes (sí es que así podía decirse), miró en todas direcciones empezando a sentirse desesperado: sólo estaba esa maldita oscuridad que cada vez se hacía más y más profunda. Tal vez ya se había vuelto loco, pero podía asegurar que todo en su alrededor era oscuro y lo único que podía distinguirse, era él. Se sentía como si fuese una pequeña luz en toda esa bruma, él era su misma linterna, su misma llama y sólo contaba con él mismo para salir con Kimberly y dejar de una vez esa maldita pesadilla enterrada en un sitio olvidado de su mente.



Aunque se había dicho a sí mismo que no debía de pensar en nada, no puedo evitar preguntarse, ¿en verdad estaba muerto? Toda aquella situación entre Jeny y el bastardo llamado Sam lo hizo poner en duda: el mundo de los vivos y muertos; el hecho de estar en el de los muertos, lo convertía en uno, ¿no? Eso quería decir… ¿se había ido primero él que Bill? ¿Ya no volvería a estar junto a Kimberly, sentirla…? ¿Ya no? Entonces, ¿por qué sonreía y lo peor, con satisfacción? Tal vez… el hecho de pensar que Bill seguiría luchando, que su hermano mayor continuaría, lo hacía sentir, tranquilo. Y por el otro lado, rescatar a Kimberly (porque sabía que lo haría) y el tener asegurado su cuidado gracias al Dr. Jost, hacían que se calmara un poco pero aun así…—¡No es suficiente! —no, él todavía no debía morir.



—¡¡Kimberly!! —gritó por última vez a todo pulmón antes de detenerse en seco, desorientado, atónito.



Ausente, giró sobre él mismo, regresando dos-tres pasos atrás. Había visto algo, otra luz, aunque muy débil y no, no alucinaba, tenía toda la certeza de que realmente había visto, algo.



—Kim… —murmuró estupefacto ante la sorprendente escena que miraban sus ojos—… berly. —era repugnante los lazos que sujetaban el cuerpo de la paciente: parecían lianas. Eran enormes, gruesas y parecían tener vida propia ya que logró percatarse de que se movían con el único objetivo de apretar más el cuerpo de la mujer. Pero su verdadera acción, era tragársela.



Y dolía, el quejido de Kimberly lo delató: apretó sus ojos y soltó un alarido, lo más fuerte que podía ya que no le restaban energías; sólo su cabeza y parte de los brazos se podían distinguir entre toda aquella oscuridad, lo demás estaba completamente oculto entre kilos y kilos de esas lianas negras. Tom bajó su vista con lentitud, Kimberly yacía en un punto alto, demasiado y lo único que podía hacer para sacarla, era escalar esa cosa asquerosa que la rodeaba y se movía para lastimarla.



¿Podía hacerlo? Claro que podía.



Así que lo hizo, escaló, lo hizo encajando sus dedos y uñas entre toda esa cosa viscosa. Escuchó cómo se removía entre éstos, ¿quería comerlo también? ¡Ha! Buena suerte con eso. Él no había venido hasta aquí para ser tragado. Venía a rescatarla, se dijo otra vez y es lo que iba a hacer. Le iba ayudar… a recuperar su cuerpo.



—¡¡Kimberly!! —gritó sacando uno de sus brazos con dificultad, para volverlo a encajar a diferente altura y escalar un poco más—. Abre los ojos, Kimberly —le gritó entre dientes luchando por no ser tragado él también—, por fin vine, ¡ya estoy aquí! Vine por ti. ¡Vine a sacarte! —aseguró observando como la oscuridad se movía una vez más rodeando los brazos descubiertos de la muchacha.



Tom se alarmó al oírla quejarse.



—¡¡Saldremos juntos de aquí!! ¿Me oyes? ¡Abre tus ojos, necesito saber que estás consciente, ábrelos!



Se podían escuchar los constantes gruñidos y quejidos por parte del guardia, quien luchaba una y otra vez por recuperar sus brazos y piernas, y así, poder seguir avanzando. No iba a hacer derrotado, nadie podía derrotarlo en estos momentos y Kimberly sonrió por eso: no tenía la fuerza suficiente para abrir sus ojos ni para hablar, ni siquiera podía mencionar su nombre pero ya nada de eso la ponía triste. No. Él ya estaba aquí, había venido a pesar de todos los problemas que le había ocasionado, regresó, lo hizo por ella, porque en verdad la quería. Y eso, hizo que las ganas de salir de aquel hospital regresaran con mucho más fuerza.



Así que volvió a sonreír.



«Gracias, Tom».




El cuerpo yacía inerte en el piso, los ojos paseaban de un lado a otro mirando cada rincón de la habitación sin importancia. Su pecho subía y bajaba con rapidez y de vez en cuando el “contenedor” se erguía ante los fuertes espasmos que le recorrían desde el dedo pequeño del pie hasta el último de sus cabellos seco.



Kimberly había despertado.



Jeny también lo sintió. Su cabeza se recargó con cuidado en la fría pared y miró hacia el techo, cerrando sus ojos con satisfacción y alegría: lo logró, había contribuido en algo. En esos momentos, se encontraba sentada a un lado del cuerpo, observando por el rabillo del ojo cuando éste se estremecía bruscamente y rápido miraba hacia un punto perdido. Sam también estaba sufriendo y no podía evitar esas ganas de ayudarlo, pero no, no se lo merecía.



Ya no se merecía nada de ella.



—¿Por qué? —escuchó haciendo que volviera a mirarlo de reojo: su voz era entrecortada y débil—, ¿por qué no me dejaste matarlo?



—Porque no lo ibas a hacer con tus propias manos —respondió a secas—. Iban a hacer las de Kimberly, estuviste a punto de ensuciar unas manos inocentes —finalizó mirando la pared de en frente—. No era justo.



—Y nuestra forma de morir, ¿fue justa? —Jeny chistó.



—Nada es justo, Sam. Nada lo es, además, nosotros morimos al acto de entrar aquí. Así fue nuestro destino, así viviremos por siempre.



Otro espasmo.



—Vivir por… siempre —repitió—. ¿Acaso no piensas vengarte de tu asesino, eh? ¿Acaso no quieres ir a descansar, salir de este limbo?



Jeny ladeó su cabeza.



—Mi asesino, no es Baecker.



—Ah, claro. Es ese, Georg, ¿cierto? —sus ojos se cerraron.



—Él es mi descanso —corrigió para sí misma—. Yo no tengo razones para vengarme…



Sam suspiró llamando la atención de su compañera.



—Y ahora, ¿cuál es el plan?



—Vivir aquí para toda la eternidad, creí haberlo mencionado antes —los ojos del muchacho se abrieron de golpe.



—No me jodas, debe ser una broma. Yo no estaré encerrado en este lugar, sabes que seguiré insistiendo: seguiré buscando la forma de matar a ese bastardo. Saldré, lo haré al mismo tiempo que ella lo haga.



Jeny sonrió.



—Ella es la que nos encerrará, yo misma se lo pediré…



—Ella no sabe… —atajó.



—Sabrá —interrumpió—. Lo sabrá, así como supo crear un campo de fuerza, así como supo mandarnos a diferentes infiernos, así como supo encerrarse en su propia mente. Ella sabrá cómo mantenernos aquí, para siempre.



El cuerpo tembló.



—Debes estar bromeando —repitió—. Debes estar… bromeando: no podemos estar aquí encerrados… eso significaría…


—¿Tienes miedo? —atajó mirándolo al fin—. No hay descanso eterno para nosotros, no importa lo que hagas, no lo hay.



Los labios de Sam se apretaron.



—No quiero estar sólo todo este tiempo. Ya no quiero estar sólo.



La boca de Jeny se entreabrió y su flequillo ocultó su mirada llena de sorpresa ante aquella confesión. Su labio inferior tembló, pero rápido supo controlarse y disfrazó aquellos sentimientos en una leve sonrisa.



—Yo estaré contigo, Sam.



Oyó un sollozo.



—… gracias.




Ya no era momento de escalar, sino de escarbar: apretó sus manos dentro de aquellas asquerosas lianas y las sacó con furia descubriendo partes del alma maltratada de Kimberly. No se detuvo a mirarle por mucho tiempo ya que la conciencia iba atacarle en cualquier momento; después de todo, los golpes y signos de nutrición… era su culpa. Lo sabía. Así que continuó escarbando sin detenerse a mirar nada más: la luz proveniente de Kimberly comenzaba a brillar un poco más. Eso era bien, ahora, eran dos linternas en la oscuridad.



Otro temblor más se presentó, esta vez, en esa torre de lianas: estaba derrumbándose, en cualquier momento caerían, así que se apresuró lo más que pudo. Siguió escarbando, descubriendo las piernas, el torso, todo. Un brazo por fin estaba completamente libre, eso era lo suficiente para tomarla y arrancarla de esas asquerosas lianas negras pero el tiempo no fue suficiente: otro temblor se presentó, destruyéndolo todo.



Aun así, el tiempo para Tom se detuvo: observó cómo Kimberly caía a su lado y como si se hubiese congelado, alargó su brazo para alcanzar a tomarla y jalarla hacia él.



—Por fin —susurró sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas—. Por fin estás otra vez en mi brazos —exclamó con tanta felicidad que no pudo evitar juntar su frente con la de ella y abrazarla con más fuerza, pegando su cuerpo desnudo al suyo.



Ya nada iba a separarlos. Eso era un hecho y aunque seguían cayendo, pudo asegurar que la caída, esta vez, no dolería.




Sus ojos pesaban pero, en esta ocasión, sentía la energía suficiente para abrirlos y poder reincorporarse. Su pecho ya no le dolía, al parecer, podía respirar otra vez. Ya no sentía frío, algo cálido le rodeaba y la necesidad de morir ya no estaba presente.



¿Había muerto ya? No. Algo mejor, mucho mejor le había ocurrido.



—Hey —la saludó esbozando una estúpida sonrisa, sí, la estúpida sonrisa que ella amaba—, ¿cómo te sientes?



—Cansada —susurró con voz ronca, a lo que carraspeó con dificultad—, ¿dónde estamos? —ya nada estaba oscuro, ahora, una fuerte luz blanca les rodeaba.



—Seguimos… aquí —respondió acariciando su mejilla: al parecer, la mantenía sobre sus muslos, abrazándola—. Pero, es tiempo de volver. —Kim asintió.



Tom la dejó sentada en el piso mientras él se ponía de pie, después la ayudó a levantarse pero no tardó en recibir un golpe en su mano para que la soltase.



—¿Qué ocurre? —cuestionó confundido mirando como el rostro de Kimberly se ponía completamente rojo.



—¡No me dijiste que estaba desnuda! —chilló cubriéndose sus senos con sus mismos brazos y su parte íntima haciendo una danza extraña con sus piernas.



—¡Oh, eso! —exclamó quitándose su playera—. Ten, te quedará como bata, así que no te preocupes —aseguró acercándosela a su rostro.



Kimberly le miró anonadada y ahora, con un leve rubor, accedió en tomar la playera. —G…gracias —balbuceó teniéndola sobre puesta: mientras le tapase su torso, estaba bien.



El chico sonrió y tomó su mano sintiendo como inmediatamente Kimberly entrelazaba los dedos con los suyos, era tiempo de partir, por fin. Avanzaron en silencio, sin la necesidad de averiguar qué camino tomar: cualquiera era la salida, Kimberly lo supo al ver que Tom desaparecía primero, pero ya no estaba aterrada, porque sabía que lo vería nuevamente, esta vez, del otro lado. Su mano se cerró levemente al sentir que la de su pareja se desvanecía por completo; había salido, por fin y ahora, le tocaba a ella.



Su cuerpo se erguió: una energía muy conocida se estaba plasmando a sus espaldas. Así que curiosa, dio media vuelta... encontrándose con Kimy.



El escenario ya no era negro, ni blanco. Era amarillo: estaban en el exterior, en uno falso. No. En uno único. Un campo de girasoles, uno enorme para ellas dos con el cielo siempre azul y nubes enormes y esponjosas predominando las alturas.



Las dos llevaban vestidos blancos, mismo diseño, diferente tamaño: era uno sencillo, tirantes, largo con un pequeño borde antes de llegar a las rodillas, sin zapatos. ¿Para qué? No los necesitaban.



—¿Volverás? —Kimy negó.



—Este es mi lugar.



Silencio.



—¿Estarás bien… sola?



—Yo no estoy sola. Ya no. —Kimberly sonrió—. Después de todo, yo represento tu niñez, tu felicidad, tu verdadera inocencia…—la suave brisa se hizo presente alzando en su danza unos pétalos amarillos que rodearon con majestuosidad la silueta de la muchacha, desapareciéndola, sacándola por fin de aquel sitio el cual, ya no iba a hacer un infierno volver.



—Yo soy tu Kimberly —otro remolino de pétalos amarillos se alzaron rodeando ahora la silueta de la pequeña, haciendo que se convierta en uno con aquel hermoso campo de girasoles…




«Y mientras tu estés bien, yo estaré bien».
 
 
 
Nota final: CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN (8) En verdad, en verdad espero que sea de su agrado T-T!!

 

21 jun. 2013

Capítulo setenta.




Oscar cayó al suelo ante el susto que se dio al ver de pronto a la paciente despierta y de pie tras reincorporarse de esa llamada por radio, que, al parecer, seguía sin funcionar. Sin decir nada, inhaló profundamente todo el aire que pudo tres veces seguidas para poder tranquilizarse: no podía mostrarse débil frente a ella ni frente a ningún otro paciente. Eso era una regla importante.



Se puso de pie obligándose a sonreír para indicarle a Kimberly que había confianza entre ellos, debía hacerlo para poder acercarse y sostenerla; por su aspecto, parecía que no iba a durar mucho tiempo de pie: las viejas heridas, la sangre seca y más la falta de higiene la hacían lucir como una indigente. Más a parte, sabía que las nuevas heridas debían ser supervisadas por un médico antes de que llegaran a infectarse. El cuerpo de la paciente temblaba demasiado y Oscar creyó que iba a comenzar a convulsionar.



Los labios de la joven comenzaron a hacer diferentes muecas, al parecer, quería hablar. Oscar se enderezó ante ese descubrimiento y con urgencia, extendió su brazo derecho hacia ella…



—¿Qué? —balbuceó al lograr oír un leve lloriqueo proveniente de la paciente. De nueva cuenta, se escuchó más no se logró entender—. Kim…berly, necesito que hables más fuerte, por favor —pidió acercando su temblorosa mano hacia su rostro, extendió lo más que pudo sus dedos, estaba dispuesto a quitarle los mechones de su frente pero…



—Baecker —masculló.



—¿El Dr. Baecker? —atajó atrayendo su mano hacia él.



—Tráemelo… quiero a Baecker… ¡quiero a Baecker! —chilló endureciendo las facciones de su rostro. En ningún momento Oscar logró ver la expresión de su cara ya que Kimberly mantenía su vista fija al piso, pero supo muy bien que comenzaba a enojarse: los puños apretados y el chirrido de sus dientes la delataban.



Debía calmarla.



—Él no está Kimberly. Son más de las doce, lo sabes, ¿verdad? El Doctor está en su casa… —trató de explicar acercándose con cautela, pero esas palabras no estaban teniendo ningún efecto: la chica apretó aun más sus dientes y dio un grito ahogado—. Pero prometo que lo verás en la mañana, ¿sí? Pero tienes que venir conmigo, abajo hay personas que esperan por…



—No me toques —advirtió alejando su cuerpo de la manos del guardia. Oscar se quedó tieso—. No me toques, no te atrevas a hacerlo —¿esa era la voz de Kimberly? Era imposible, la de ella era menos… gruesa.



—No lo haré, tranquila —aseguró—, puedes salir por tu cuenta, ¿verdad? Hay que ir con el médico…



—No. Tráeme a Baecker. —ordenó pegándose contra la fría pared del baño. Oscar puso los ojos en blanco, comenzaba a fastidiarse de su actitud infantil, ¿ella dándole ordenes? ¡Qué se creía!



—Ya te dije que no está. No vendrá hasta las ocho de la mañana y si no es que un poco más tarde —repuso entre dientes—. Ahora, acompáñame Kimberly. No me orilles a llevarte a la fuerza.



Los dedos de la chica comenzaron a moverse sin control, estaba sufriendo un estado de ansiedad lo cual no alarmó en lo más mínimo al guardia. Ya había tenido ataques así, no pasaban de gritos y berrinches; volvió a inhalar profundamente, necesitaba guardar un poco más de paciencia.



—Entonces… yo no me moveré —aseguró—. Nadie más me verá, sólo él, ¡sólo Baecker!



Oscar negó con fuerza.



—Suficiente de esta mierda —murmuró tomándola sin problema de sus brazos—. Tengo que llevarte con el médico Kimberly, lo siento, así es esto.



—No. Me. Toques. —Oscar negó sin voltear a verla haciendo esfuerza para poder moverla—. No. Me. Toques.



—Suficiente Kimberly, no hagas esto complicado.



—Quita tus putas manos de mí. —Oscar se detuvo, ¿acaso dijo…?



—Cuida tus palabras —advirtió tratando de hacer caso omiso de aquella provocación: nunca antes la había oído maldecir.



—¡Suéltame maldito imbécil! No me toques, ¡no me toques! —gritó casi en su oído ocasionando que el guardia se estremeciera y como acto reflejo, la soltó.



—¡No vuelvas a hacer eso, mierda! —se puso a la defensiva oprimiendo un poco su oreja, aun no se había recuperado del todo, pero trató de ignorar como fuese la molestia del grito y volvió a tomarla de su brazo, esta vez, recibiendo a cambio un fuerte golpe en su cara proveniente del puño de Kimberly.



—No toques este cuerpo, estúpido —escupió y las pupilas de Oscar se dilataron.



—¿K... Kimberly? —balbuceó retrocediendo inconscientemente agarrando su nariz con fuerza al sentir que comenzaba a sangrarle debido al inesperado golpe.



Ella rió y Oscar negó: la chica que tenía frente a él no podía ser la Kimberly que conocía, ¿de dónde había sacado esa fuerza, las agallas? Su voz ni siquiera era la misma. Era estúpido pero, pareciera como si estuviese tratando con alguien más…



—Ella no está aquí por el momento —la respiración de Oscar se cortó—. Uhm… dijiste que Baecker no está presente —recordó caminando de un lado a otro, mirándolo por el rabillo del ojo—. Pero el sigue siendo el Director de este hospital —la chica, cuyos pies descalzos mostraban ampollas, detuvo su marcha al estar frente al aterrado guardia quien ahogó un grito al verla sonreír de oreja a oreja: algo malo iba a suceder, debía irse, debía huir, debía—, me pregunto, ¿vendrá corriendo al saber que un empleado murió en su hospital?



—¿Mo…rir? —balbuceó—, ¡pero de qué mierda estás hablando! —la chica, no, aquel maldito ser ladeó su cabeza al tiempo que entrecerraba sus ojos.



Volvió a sonreír.



—Sí… vendrá.



Y de pronto, todo se hizo negro para aquel guardia en turno.





—Veo que eres persistente —declaró endureciendo su mirada—. Lárgate, sólo viniste aquí a complicarme las malditas cosas.



El cuerpo de Tom se tensó completamente al cruzarse con aquello ojos que no tenían nada de parecido con los de la desconfiada paciente. Ella nunca lo había visto de esa manera con anterioridad, ni siquiera en sus primeros encuentros cuando trataba de humillarlo: aquella mirada reflejaba asco y odio puro hacia él, sin remordimiento o titubeo alguno. Eso le dolió. ¿En qué momento cambiaron todos sus sentimientos hacia él? Sabía y estaba consciente de que tenía todo su derecho a enojarse con él: la había dejado sola, por poco tiempo, pero la había dejado. En su caso, él también se hubiera molestado pero… ¿en verdad merecía aquella mirada? Ese gesto sólo decía “muérete” en la manera más seca y cruel posible.



Hasta cuando le hablaba lo hacía con asco, en verdad no quería saber nada de él pero… olvidaba que la persona que tenía en frente no era la chica de quién se enamoró, era otra persona y eso le hizo sentir un terrible dolor en todo su cuerpo que no tardó en viajar para posicionarse en su cabeza. Todo esto parecía una loca pesadilla: ¿cómo estaba tan seguro que la mujer que tenía en frente no era Kimberly aun sí ésta lucía exactamente igual? ¿De dónde habían salido esas tontas hipótesis? O más bien, ¿de dónde había salido toda esa seguridad?



Ella no era Kimberly, se lo podía decir a cualquiera, esta vez, sin titubeos y a la vez sin pruebas convincentes.



—Vine a sacarte de aquí —replicó cerrando su boca de golpe y sintiéndose un completo estúpido, bajó su mirada: aquellas palabras que no debían ser pronunciadas lo fueron, ocasionando que las dos personas presentes se tensaran.



Los nervios habían ganado sobre la poca cordura que le quedaba. El escucharla decir que él sólo era un “estorbo” hizo que su cabeza volviera a calentarse: ella nunca había sido tan cruel. No. Simplemente esa persona no era Kimberly.



«En verdad estás empeñado en verla fuera de aquí, ¿no es así?», sus ojos yacían bien abiertos aunque ocultos de la vista del guardia. Debía esconder la sorpresa que aquella petición había causado. Mirando las piernas pálidas del contenedor se mordió el labio inferior tan fuerte que logró saborear el extraño sabor salado del cuerpo en su boca: nunca creyó que fuese tan decidido, era un niño idiota, un ignorante, hablador y cobarde. Y aun así, Kimberly estaba enamorado de él y él de ella llegando al punto de ingeniar un plan de salir así: ella quería huir, arruinarle su maldito plan, echarle perder todo lo que había logrado y todo, ¡todo por ese maldito guardia!



La ira que estaba a punto de explotar en su interior se apagó de la nada, volvía a tomar el control de sus sentimientos; su cuerpo volvió a encogerse, su mirada se entrecerró y una sonrisa se plasmó en el cansado rostro: no la sacaría, era demasiado tarde ya, Sam había ganado esta vez.



Tom se estremeció al escucharla hablar de nuevo, y sin moverse, volteó a verla una vez más. Quería acercarse, abrazarla y sobre todo, sacarla de ahí pero su cuerpo estaba congelado en aquel lugar. Estaba inseguro y aunque quería ocultarlo, tenía miedo.



—Inocente Kaulitz… o debo decir, ¿ignorante? —cuestionó en leve burla—. Nosotros, las personas como nosotros, pertenecemos a este lugar. —Explicó balanceando su cuerpo en el borde de la cama, simulando un columpio—. Nadie se puede ir —dijo sin más.



Tom lo miró incrédulo, en verdad que era un ignorante. Él tenía la respuesta: sabía muy bien que la chica que yacía ahí no era Kimberly y Sam de alguna manera no lo negaba, sólo realizaba juego de palabras para divertirse y ganar tiempo: ¿qué pasaría si Baecker entrase y viese al guardia desterrado en la habitación? En verdad quería saber. Pero de alguna manera, volvió a confirmar la respuesta que le había ofrecido hace apenas unos instantes: ellos pertenecían a ese lugar. Ahí estaba la prueba: Tom era libre de irse, pero no lo hizo, al contrario, regresó a ese hospital por una mujer que también pertenecía al recinto.



Una vez que entras ahí, te es imposible irte. Los pacientes, incluyendo los que murieron en ese lugar, los empleados, Baecker, Kimberly, Tom e incluso él mismo, formaban parte de ese psiquiátrico, todos y cada uno habían dejado una parte de su esencia impregnada en esas paredes malditas, dejando atrás su libertad.



—No. Tu no perteneces a ese lugar —los ojos de la mujer se afilaron—, ¿recuerdas? ¡¿Recuerdas que prometiste esforzarte para irte de aquí?! Esa ¡es! Tu meta y yo… ¡yo juré ayudarte a cumplirla! —La mandíbula de la mujer se endureció, «en verdad estabas dispuesta a irte Kimberly… »



—No hay motivo para salir de aquí…



—Sí lo hay —atajó—. Para nosotros existe un motivo: empezar desde cero, juntos. Ayudarnos a salir adelante, ser la resistencia del otro —su habladuría se acabó de golpe y sus facciones se endurecieron, ¿pero qué mierda estaba haciendo?—. No tengo porqué seguir contándote esto.



—¿Ah, no? —rió—, ¿y por qué no?



—¡¡Porque tú no eres ella!! —gritó a todo pulmón señalándole con furia. La mujer ladeó su cabeza, interesado.



—Entonces, ¿quién soy?



«La que está ahí… no es la verdadera, tienes que entrar… sus ojos… ella se encuentra… en sus ojos…»



El brazo de Tom calló con pesadez al igual que todo su cuerpo. Se sentía exhausto ya que todo esto parecía un maldito juego mental: su cerebro se había exprimido completamente, ya no sabía que pensar. Sólo escuchaba la voz de aquella niña en la poca razón que le quedaba y por más que trataba de entender, no lo lograba.



Esa niña… era Kimberly y la que estaba ahí, con su cuerpo, su físico y su apariencia, no lo era. ¿Qué significaba todo esto?



—No lo sé —dijo sin más jadeando, tratando de recuperar todo el aire que había perdido en esos minuto que para él, se habían convertido en horas—. No sé quién mierda eres —soltó alzando su vista, encontrándose con los pies de la muchacha, luego con sus pantorrillas, su torso, su cuello, su rostro… sus ojos.



«Ella se encuentra en sus ojos», y ante esto, sus labios se fruncieron.


Más allá de aquellas dos esferas negras y muertas que con anterioridad solían ser un café claro dando el ambiente fresco del otoño, en su interior, exactamente en el centro de toda aquella densa y abrumadora noche, se encontraba una chica, atrapada en toda esa demencia: su cuerpo estaba alzado, enredada gracias a la oscuridad que cumplía el papel de una fuerte y peligrosa cruz cuyo propósito era matarla.



¿Qué tal si ya estaba muerta?



Las pupilas del guardia se dilataron aun más y una gota de sudor resbaló sin prisa por el camino de su sien hasta caer y dar contra el piso. Era Kimberly, la había encontrado y al parecer, ella lo notó: con fuerza y dolor, luchó por abrir sus ojos y alzar su cabeza para mirarlo, lo había sentido antes pero creyó estar alucinando y ahora, que sabe que en verdad estaba ahí, sintió nuevamente ganas de llorar. Había perdido.



«Tom, lo siento».



—Kimberly —exclamó en un estado de trance pero despertó gracias al parpadeo de la mujer, quien chistó furiosa y apartó su mirada de la del guardia: la vio. Por un puto descuido, logró verla pero no importaba, era tarde: el cuerpo ya no le pertenecía a Kimberly, era de Sam y un simple guardia no iba a cambiar la situación.



Tambaleante, se puso de pie. —Regrésamela —ordenó con su cabeza en blanco: las razones y los por qué ya no importaban. Había visto a la verdadera Kimberly, seguía ahí, estaba atrapada y lo único que importaba es que iba a ir por ella—. ¡Hazlo, hazlo ya!



—¡¡Ella ya no tiene derecho sobre este cuerpo!! —escupió huyendo de su alcance—. Pero si tanto es tu urgencia por tenerla, espera a que cumpla con mi objetivo. Después, ella será tuya —aseguró pegando su espalda contra la fría pared.



Tom tembló ante el dolor que comenzó a nacer en su estómago ante la furia contenida.



La mujer sonrió. —Aunque… sólo será un contenedor vacío. Pero eso no te importa, ¿verdad? Sólo quieres recuperar el cuerpo.



La respiración de Tom se cortó por unos segundos: estaba tratando de dirigir aquellas palabras lo más rápido que podía y sólo llegó a una salida—: Te refieres a que… ¿morirá?



—Ella será libre de ir a donde quiera, pero no será capaz de volver aquí —rió—. Es lo que más querías, ¿no? Su libertad.



—¡De qué mierda estás hablando! —gruñó avanzando la mitad de distancia hacia aquella desconocida pero se detuvo al analizar en qué era lo que haría, ¿golpearla? Después de todo, el cuerpo seguía siendo de Kimberly—. Deja de decir estupideces, ¡ella no morirá si es lo que insinúas!



—No, no lo hará. Pero algo más importante sí. —Tom bajó su guardia y parpadeó desorientado.



—¿Qué… qué es…?



—Su cuerpo —respondió sin más procurando no soltar una carcajada: el cabello volvió a cubrir su rostro y el rostro de Tom palideció al escuchar simultáneas risas por parte de la mujer—. ¡¡Su cuerpo morirá conmigo!!



Las carcajadas seguían saliendo, parecía una verdadera demente, una psicópata. En ese momento Tom creyó que ahora se encontraba en una enferma película de terror/suspenso, nada podía ser real: su piel seguía perdiendo color y el sudor bajaba sin control. ¿Morir? ¡Kimberly en verdad iba a morir…!


 
«Tom —sollozó—, ¡¡Tom!!»
 



Aquella voz llena de dolor se revolvió con aquellas distorsionadas risas que entraban sin piedad en los tímpanos del guardia. Esto se había salido de control por fin, iba a explotar… y lo hizo: sus ojos no podían estar más abiertos y sus pupilas se habían dilatado al máximo. Desesperado, se llevó sus dos brazos a su cabeza y gritó toda su frustración sin control.



Las risas burlonas se hacían más molestas, los jadeos de Tom interminables y el silencio llegó acompañado del eco de un fuerte golpe propinado de una bofetada.



Los ojos del guardia se abrieron de sorpresa y estupefacto, fijó su vista hacia la mujer que mantenía la apariencia de la paciente: su rostro yacía de lado con su mejilla roja debido al golpe, estaba aturdida, como él.



Aquel golpe había sido parte de otra chica, cuyo cabello rubio volvía a caer sobre su espalda, en ese momento, parecían flamas, pensó Tom atónito. ¿De dónde había salido esa mujer?



—¡Has perdido la razón, Sam! —el cuerpo del guardia se enderezó al escuchar aquel nombre: no estaba mal, en verdad le había hablado a la paciente con ese nombre.



Entonces… entonces estaba en lo cierto: esa persona no era Kimberly. ¿Acaso… acaso su cuerpo había sido… poseído?



La mujer giró su cabeza mirando a la desconocida con furia. De alguna manera, el guardia podía sentir traición proveniente de ellos dos.



—No tienes ningún derecho de estar aquí, Jeny. Y mucho menos, de golpearme.



La boca de Tom se entreabrió y balbuceó—. … ¿Jeny? —la chica, al escuchar su nombre, volteó a verlo, dudosa y con miedo. Había cometido una falta grave, pero ya no podía echarse para atrás.



—Hola, amigo de Georg.



Sus ojos volvieron abrirse una vez más.



—Imposible…



Aquella era la mujer en la cual su amigo Georg se fijó, la paciente que había desaparecido y que se rumoraba había muerto. La mujer por la cual su amigo enloqueció por haberla olvidado, la paciente que Georg amó… estaba ahí, frente a él, poniendo un alto a aquella locura que todavía no parecía tener sentido.



Estaba despierto, todo era real, pero aun así…



—Imposible.



No. Todo era posible.

 
Nota final: Las cosas se pusieron intensas, ¿no creen? e.e

15 jun. 2013

Capítulo sesenta y nueve.




El eco seco de sus pasos paró porque por fin había llegado a su destino y aunque en ese momento era mejor idea apresurarse y entrar, decidió, más bien, se obligó a sí mismo a detenerse y observar: ¿otra alucinación? ¿Qué hacía una niña en ese lugar?



Un momento, él conocía a esa niña: la había visto antes, en el campo de girasoles del hospital cuando mantenían a Kimberly en la oficina del Dr. Jost.



—Pequeña —le llamó dudando en acercársele: la pequeña estaba con su vestido blanco, de pie frente a él, cabizbaja: no podía mirar su rostro ya que su largo cabello se lo ocultaba. Parecía estar lastimada, sus brazos presentaban golpes y además, tenía un color muy pálido. Esa niña estaba herida.



Apretó sus labios al sentir una pequeña ola de impotencia invadirle: estaba a tan sólo una puerta de Kimberly pero, ¡no podía dejar a una niña en ese estado! Debía llevarla hacia los consultorios aunque eso le estropease la oportunidad de estar… ¡agh, mierda! ¿Qué debía hacer?



Su atención fue nuevamente devuelta al escuchar un murmullo, la niña había hablado y al parecer, lo seguía haciendo: los constantes balanceos de su cuerpo se lo confirmaban pero él no podía escuchar absolutamente nada de lo que decía así que, sin titubeos, decidió acercarse y cuando por fin estuvo frente a ella, se puso a su altura.



—Este no es un sitio para ti, ven, te llevaré a un lugar seguro —indicó alzando su brazo para tocar su hombro, pero su mano quedó suspendida en el aire al tiempo que sus pupilas se dilataban: por fin logró escucharla.



—A..yú..dame…, a…yú…da…me —tembló—, p…por…fa…vor, T..om.



—¡Sabes mi nombre! —explicó sintiendo como una gota de sudor frío resbalaba por su sien. Sus movimientos comenzaron a entorpecerse y desesperado, la tomó por los hombros moviendo bruscamente el cuerpecito de la menor—, ¿¡quién eres, por qué estás aquí!? —exigió apretando el agarre.



Entonces, su corazón se detuvo.



La niña alzó su cabeza dejando ver por fin su demacrado rostro: sus ojos eran completamente negros, sin vida, estaba pálida, se le notaba cansada y aun así… sonreía. Era una pequeña y débil sonrisa, pero lo hacía y se le notaba alivio en ella.



—La que está ahí… no es la verdadera —masculló cerrando sus ojos para descansar—, tienes que entrar… sus ojos… ella se encuentra… en sus ojos…



Los labios de Tom se abrían y cerraban sin pronunciar sonido alguno, no sabía qué hacer o qué decir. Ni siquiera pudo razonar las palabras provenientes de la pequeña la cuál comenzó a llorar.



—¿… Kimberly? —soltó por fin abrazándola con angustia. Su garganta comenzaba a dolerle y sus ojos arderle, él también lloraba—. Por dios, ¿qué está sucediendo? ¿Qué te hicieron Kim?... ¡qué te hicieron!



La niña recargó su cabeza en el pecho del guardia: sus ojos estaban cerrados y las lágrimas continuaban saliendo con calma y tranquilidad. Su sonrisa seguía sin desvanecerse.



—Sabía que vendrías —confesó entre los sollozos del hombre quien ante esas palabras lo único que pudo hacer fue abrazarla con más fuerza pero, en un parpadeo, se encontró abrazándose a sí mismo.



Desorientado, abrió sus ojos rojos percatándose que el cuerpo de la niña ya no estaba: había desaparecido y eso lo único que hizo fue alármalo: se levantó y dio unos cuantos pasos entre tropiezos: algo malo le había ocurrido a Kimberly, ¡algo malo le habían hecho! La habían tocado, sí, la habían sedado, Baecker aprovechó esa debilidad y la drogó con nuevos medicamentos. Estaba seguro, su cabeza le decía que eso era exactamente lo que había sucedido. Mierda, mierda ¡y más mierda! Había llegado tarde, esos medicamentos tal vez le hicieron reacción, tal vez… tal vez…



—No, no por favor. No. No me la quites a ella, ¡a ella no! —la alarma de la gran puerta sonó y por un momento, la habitación se tornó color roja.



… tal vez había entrado en coma debido a la medicación.



Los latidos de su corazón los sentía fuertes en su garganta y oídos y se hacían cada vez más intensos al acercarse cada vez más a la puerta cuyo número era 1014. En aquel instante, había olvidado por completo que yacía en un pasillo rodeado de los enfermos mentales más peligrosos de Alemania y que en esos momentos, se encontraban pegados a sus puertas gritándole majadería y media. Pero no importaba, no, ellos no importaban. Ni siquiera existían.



En ese momento era solamente Kimberly: Kimberly y su sonrisa, Kimberly y su voz, Kimberly y su mirada, su tacto, su cuerpo, su todo. Kimberly despierta. Sí, en ese momento sólo importaba eso.



Aun no comprendía aquella ilusión. No podía entender que significaba el verla en su infancia: ¿estará a punto de... morir? ¿Acaso esa era su despedida? No. Negó fuertemente su cabeza al tiempo que limpiaba bruscamente el sudor que se había acumulado en su rostro. No era nada de eso, ¡debía ser algo más!



Ansioso y casi en el borde de la locura, buscó las llaves de su compañero y al encontrarlas, hicieron un ruido espantoso: sus manos temblorosas le impedían buscar la correcta, pero, cuando por fin logró hacerlo el mundo a su alrededor se detuvo y los latidos de su corazón se escucharon por todo el lugar.



El sonido del seguro de la puerta hizo eco en todas las paredes al ser quitado y todo fue en cámara lenta cuando la entrada a esa habitación se abrió…





Oscar entró en estado de alerta al no visualizar a la paciente en su cama. Miró por los rincones de la habitación, no se encontraba en ninguno, entonces, llegó a la conclusión de que debía estar en el baño. Podía salir y esperarla a fuera, pero al encontrarse con la puerta de ese cuarto abierta, supo que algo no estaba marchando bien.



—¿Kimberly? —la llamó entrando completamente a ese sitio que, en esos momentos, le causaba escalofríos—, ¿todo bien? —se aventuró a cuestionar frente al marco de la puerta y al no obtener respuesta, llevó su mano a la radio que mantenía en su cinturón—. Si no me respondes, entraré. ¿Todo bien? —volvió a cuestionar sin éxito alguno.



«Chiquilla tonta, espero y no hayas hecho una estupidez», refunfuñó para sí sintiendo un poco de temor al creerla capaz de cometer un suicidio y el tan sólo pensar que lo hizo en su guardia era…, agh, era mejor no pensarlo.



—¡Entraré! —avisó adentrándose a esa espesa oscuridad del cuarto del baño aunque, no avanzó mucho, procuró estar pegado contra la pared buscando el interruptor.



La imagen que obtuvo al encender la luz no fue algo que hubiese deseado ver: la chica estaba sentada en el piso, a un lado del retrete, al parecer, inconsciente. Recordó cuando asistía las fiestas de sus amigos de la universidad y su suerte de siempre encontrar chicas dormidas o desmayadas a un lado del excusado después de vomitar el exceso de alcohol o drogas que había en su sistema. Siempre se le hizo algo asqueroso y divertido encontrarlas de esa manera. «Por putas», es lo que decía y, después, regresaba a la fiesta, pero esta ocasión, era distinta: no había una fiesta a la cual volver y aquella chica desmayada no lo ocasionó alguna cerveza o pastilla.



El ruido de la estática se escuchó.



—Necesito que traigan ayuda, la paciente del 1014 está inconsciente—informó por su radio y aguantó unos segundos por respuesta: nada—. ¿Alguien me copia? ¡Necesito ayuda! —sin éxito—. En serio, ¿en estos momentos me fallas? —reclamó al objeto dejándolo nuevamente en su cinturón.



Inhaló dos veces todo el aire que pudo y al estar frente a ella, se inclinó para tomarla y hacer que se recargara en la pared: tenía pulso. Notó que el cabello de la paciente estaba mojado ya que se le había pegado al rostro y estaba más oscuro haciendo resaltar su pálida piel y sus ojeras moradas: realmente parecía muerta. «¿Agua del inodoro?», preguntó con asco y pena al quitarle los mechones de cabello de sus frías mejillas.



—Kimberly, ¿qué tratabas de hacer? —preguntó sabiendo que no obtendría respuesta—. Te llevaré a tu cama e iré por ayuda, ¿sí? Sólo tienes que aguantar un poco más —le indicó tomándola de sus brazos para poder alzar su cuerpo sin problema pero al notar los rasguños en la zona de su muñecas, se detuvo—. Estas marcas… son nuevas —murmuró admirándolas con severa preocupación: había sangre seca a su alrededor. ¿Acaso estaba en lo cierto: ella trataba de suicidarse?



Sus brazos pálidos estaban decorados por moretones color verde, sangre seca, rasguños y marcas de pellizcos. Había estado casi dos semanas lastimándose a sí misma sin motivo alguno, su estado era irritable e inestable: unas noches te atacaba, otras veces simplemente lloraba y en una ocasión, llegó a pedirle ayuda pero Oscar nunca supo qué hacer ya que después de eso, la muchacha cayó inconsciente.



Esa no era la Kimberly que él conocía, algo extraño le sucedió y lo que no podía comprender (aunque se tratase de una loca) era cómo demonios llegó a autodestruirse en un abrir y cerrar de ojos.



—Mierda, ¡¡alguien venga al último piso, tengo problemas con Kimberly!! —volvió a pedir ayuda quitándole la vista por unos segundos—, ¡está inconsciente, creo que ha perdido mucha sangre…!



Y la chica que se suponía estar dormida, despertó.



El problema era que no se trataba de “ella”.




El cuerpo de la paciente estaba en su cama, inmóvil, y Tom no veía que su pecho subiese y bajase.



Nuevamente, tropezó al entrar a su habitación.



Avanzaba pero él no sentía que lo hiciera, estaba en un estado ausente el cual le impedía hasta parpadear: ¿qué se supone que iba a decirle? Más bien, ¿qué se supone que debía hacer? Hace unos minutos la hubiera sacado de ese sitio sin dudarlo, estaba decidido a darle una vida normal y también, a tenerla él también. Lejos de todo y de todos. Sólo ellos dos. Pero… ahora, al verla en ese estado, ¿acaso aquello era una buena idea?



¿Con qué iba a mantenerla? ¿En qué trabajar? ¿Cómo es que Kimberly lograría a adaptarse a la rutina de la vida diaria?¿Dónde iban a vivir?... ¿lograrían sobrevivir?



Qué estúpido era.



Bajó su mirada y procurando ser fuerte una vez más, tomó la pálida y fría mano de la paciente estrechándola fuertemente con la esperanza de pasarle su calor. Apretó ligeramente sus labios al tiempo que le quitaba un par de mechones de su frente: sudaba y fue ahí cuando notó que tenía fiebre.



—Perdón por tardarme —dijo sin más acariciando la mejilla de la joven—, ya puedes despertar Kimberly. Por favor, hazlo —rogó—. Hazlo… Kimberly, abre los ojos, ¡hazlo! —ordenó apretando con fuerza la frágil y fría mano de la chica ignorando completamente que tal vez ese gesto la pudo haber lastimado.



Comenzó a inquietarse al saber que Kimberly no iba a despertar pronto. ¿Qué demonios se supone que hacían las enfermeras? Ella estaba mal, ¿cómo no pudieron notarlo? Tenía que ir por ayuda, debía traer al Dr. Jost, ¡ella necesitaba un hospital! No pensaba cometer el mismo error que con Bill.



Un leve movimiento hizo que detuviera sus ideas y volviera a traer toda su atención a la paciente inconsciente: bajó su vista hacia su mano notando que Kimberly comenzaba a corresponder el agarre. Se movía, se despertaba, ¡estaba volviendo! Tom no pudo evitar reír como un estúpido al notarlo y procurando contener aquel ataque, acarició su mejilla emocionándose al seguir sintiendo el movimiento de los dedos de la chica; la sonrisa se ensanchó más, por fin pudo sentir que su cabeza se enfriaba después de tanta tortura. Olvidó todo: lo de Bill, lo de la niña, todo. En ese momento sólo esperaba que la muchacha abriese sus ojos para poder abrazarla y besarla como era debido.



Sí, en ese momento era una necesidad verla despierta. Necesitaba con urgencia ver aquellos ojos cafés oscuros que solamente brillaban al verlo. Necesitaba ver su reflejo en ellos…



Su sonrisa se esfumó e inconscientemente, negó una y otra vez buscando una explicación coherente ante lo que sucedía: la chica había despertado, parpadeo un par de veces y luego, lo miró pero… no había nada en aquellos ojos completamente negros. Estaban vacíos, huecos, muertos, parecía un abismo.



Otra persona diría y aseguraría que era algo absurdo e insignificante el señalar que la mujer que yacía en esa cama tendida no era Kimberly por el simple hecho de que aquella mirada no era la que solía brindarle al guardia. Sí, cualquier persona que no la conociese tan bien diría algo así pero por el contrario, Tom lo hacía y lo hacía muy bien.



Por más estúpido e ilógico que sonase, en ese momento podía decir sin titubear: “tu no eres ella” y señalarla acusadoramente por ser una cruel impostora pero, en lugar de eso, simplemente retrocedió haciendo que sus dedos resbalasen de la mano de aquella extraña mujer. Sus brazos pesaron y su boca se entreabrió al observar como la extraña se sentaba sobre su lugar, girando un poco para quedar sobre el borde de la cama, con sus pies rozando el piso; ella alzó sus ojos vacios y los clavó sobre el guardia haciéndole sentir amenazado e inferior.



—Pensé que no regresarías —habló por fin y Tom pudo sentir como la cólera comenzaba a formarse en la boca de su estómago—. No hubieras regresado, Tom. Estoy mejor sin ti.



Sus puños se apretaron al verla ladear un poco su cabeza para sonreír.



—¡Cómo te atreves a usar su voz!



La sonrisa se hizo más grande, esta vez, mostrando los dientes.



—No te ves muy bien, Tom. Es mejor que te vayas, veo que este ambiente por fin te afectó —explicó acomodándose de una manera grotesca su mechón café opaco detrás de su oreja—. Verás, no te necesito.



Sus brazos comenzaron a temblar. Podía afirmar por el amor que se tenía a sí mismo que se había vuelto completamente loco: si la persona que estaba en frente no era Kimberly entonces, ¿quién era? Su cabeza seguía fría pero comenzaba a dolerle: empezó a recordar su encuentro con Bill, con la pequeña niña que estaba seguro, era Kim y luego, esto. ¿Acaso estaba soñando? ¿Y qué tal si realmente murió allá abajo y este es sólo el purgatorio o mejor aún, su infierno? Era la única explicación para todo lo sucedido y lo más coherente pero, maldición, todo se sentía tan real: incluso esta pequeña discusión.



«La que está ahí… no es la verdadera».



Sus ojos se abrieron al recordar las palabras de la niña que en estos momentos, se estaban convirtiendo en una advertencia que Tom comenzaba a comprender o al menos, eso trataba.



«Ella no es Kimberly —se repitió una vez más—, entonces, ¡¿a qué mierda me estoy enfrentando?!».



Gritó histérico en su interior rogando que alguien fuera a sacarlo de aquella pesadilla.



Él se sintió atrapado y ella se burló: mataría dos pájaros de un tiro.


Nota final: dskfjdskjfhdskjgfaskjdfgdskg se viene, se viene lo bueno & el desenlace, eso creo. Claro, claro, el desenlace no es en el próximo capítulo XDD, pero ya faltan unos cuántos..., ¡muchísimas gracias por leer! *-*

8 jun. 2013

Capítulo sesenta y ocho




Los labios del pelinegro se entreabrieron al sentir un alivio combinado de sorpresa al ver que su amiga Jeny despertaba; la barrera hecha por Kimberly le había afectado de una manera sorprendente, obligándola a retirarse: le estaba quitando energía. Bill decidió acompañarla porque sabía que en esos momentos, se encontraba vulnerable y sus sospechas se confirmaron cuando la chica cayó al suelo para después, quedarse completamente inmóvil.



Jeny había permanecido así un día completo y aquello extrañó a su compañero. ¿Por qué a ella le afectó más esa barrera pero a Sam y a él no? ¿Acaso ella todavía no se recuperaba por completo después de la travesía que Kimberly les obligó a tomar?



Era lo más probable.



Bill, quien yacía de cuclillas a un lado de ella, logró hacer que se enderezara y que lo mirara. Su vista ya no parecía estar cansada aunque seguía anonadada. Ella despertó, eso quiere decir que… ¿Kimberly también lo hizo?



—¡Bill! —exclamó Jeny tratando de ponerse de pie, pero la presión de la mano de Bill sobre su hombro obligó a volverse a sentar. Estaba desorientada, no había duda y también, toda su energía había vuelto a ella obligándola a actuar como si no hubiese tenido el percance.



Ella lo miró confundida ante el freno que le impuso, pero ante la negación de Bill, no tuvo más que encogerse de hombros.



—Es mejor que te tomes las cosas con calma —sugirió masajeando en círculos el área de su espalda.



—Pero, Kimberly… —el chico hizo una mueca y alzó su vista hacia el edificio donde yacía la paciente: sus ojos se entrecerraron al notar que la barrera que había salido de esas gruesas paredes se desvanecía: volvía a sentir la energía de Kim y también…—, debemos regresar, Sam está sola con ella —atajó interrumpiendo sus pensamientos.



—Sí, tienes razón —concluyó ayudándola a ponerse de pie—. Hay que ir, tenemos que aprovechar que la barrera se extingue.



Al terminar de escucharlo, Jeny volvió a entrar al edificio: no confiaba en Sam, no podía por más que se lo proponía y el simple hecho saber que él se encontraba sólo con su amiga la hacían sospechar de que le haría algo… malo. Por otro lado, Bill se quedó inmóvil mirando todavía aquel viejo edificio: podía jurar el haber sentido su propia energía. Pero eso era imposible a menos que…



—¿Estás aquí, Tom?




Arrancaba los últimos pedazos de oscuridad que yacían sobre sus piernas. Era doloroso también y extraño, ya que sentía sus extremidades adormecidas y una ola de insoportable cosquilleo la atravesaban en el momento en que intentaba mover sus piernas. En un intento de ponerse de pie, cayó debido a ese problema, pero, con ayuda de Kimy, volvió a intentarlo y aunque todavía sentía la molestia, está vez, logró caminar aunque fuese en pasos cortos y lentos.



—¿Está cerca? —preguntó algo nerviosa y al ver que la niña asentía sus puños se apretaron un poco—. No quiero que vea mi cuerpo en este estado, ¿qué irá a pensar de mí? Soy una vergüenza.



—¿Tú crees que en estos momentos le importe más tu aspecto que tu bienestar? —cuestionó retóricamente. La chica apretó sus labios: no. Qué tonta al pensar algo así.



Con una estúpida sonrisa negó ante aquel comentario estúpido y siguió avanzando a la par con la pequeña. Debía volver al exterior rápido, ya ansiaba verlo.



—¡Agh! —sin poder evitarlo, cayó sobre sus rodillas al sentir un pulsante dolor en su pecho. Confundida, miró esa zona y se apretó la playera al sentirlo nuevamente: dolía mucho más que cuando la oscuridad trataba de desaparecerla. Esta vez, sentía que alguien trataba de arrancarle su propio ser.



—¡Kim, Kim, ¿estás bien?! —cuestionó la pequeña alarmada y trató de ayudarla a ponerse de pie, pero los constantes quejidos de la mayor se lo impedían.



—Algo sucede —inquirió entre dientes y ante otra pulsada, cerró fuertemente sus ojos evitando soltar un alarido—. Reconozco esa sensación —murmuró con sus pupilas dilatadas—… ¡alguien está tratando de usurpa mi cuerpo! —gritó como si aquel descubrimiento le hubiese caído como agua helada.



Y lo era, ella recordaba algo similar. Hace tiempo… ella vivió ese infierno, pero, ¿cuándo, quién…?



Sus ojos se abrieron de golpe: ¡Sam!



Con Kimy con ella, ¿quién estaba a fuera protegiendo su cuerpo? El maldito estaba aprovechando la oportunidad: debía poseerlo ahora.



El cuerpo de Kimberly yacía recostado en la cama. Perfecto, al parecer la última enfermera que estuvo con ella le facilitó las cosas, ya no había necesidad de moverla: pasó saliva con dificultad, había llegado el momento.



Yacía arriba de su cuerpo. Si Kimberly regresaba, sería incapaz de moverse ya que las piernas de Sam a un costado de las suyas le impedirían aquel acto.



Apretó sus dientes… no quería lastimarla. Sus manos apretaron las muñecas de las pacientes, sus brazos temblaron. ¿Sería capaz de arruinarle su vida una vez más? Si comete el crimen en su cuerpo, la culpable sería Kimberly: la hundiría aún más, ¿podría manejarlo? Pero si no lo hacía, ella se convertiría en otra de las víctimas de ese enfermo Doctor.



Eso no lo toleraría. No, jamás se lo perdonaría, no iba dejarla morir en sus manos.



«Lo siento», repitió una vez más mientras observaba el rostro de la joven paciente.



¿Qué hubiera pasado si él no estuviera muerto y si la hubiera conocido en otras circunstancias? ¿Él hubiera sido capaz de cautivar su corazón? ¿Él sería el que estuviera a su lado y no Tom? Sabía que era un caso perdido sentir algo por otra persona pero no pudo evitar encariñarse con esa mujer. Se había enamorado de Kimberly estando consciente de que su amor nunca sería correspondido, sabiendo que ella lo odiaba y tenía sus razones: por su culpa, se encontraba encerrada en ese lugar. Pero, era momento de terminar todo aquel sufrimiento de una vez.



Lo que venga después, se lo dejaría al destino.



—Terminaré rápido —aseguró en el rosar de sus labios. Si estuviera vivo, en esos momentos, sentiría el calor de su cuerpo al estar tan cerca del de ella.



Tan cerca y tan lejos.



Gruñó por lo bajo, no sentía nada. Mientras que por el otro lado, Kimberly sentía el dolor y desesperación al saber que estaba en desventaja.



—Hay que salir, rápido… —murmuró tratándose de poner de pie—. No hay… no debo permitir que… —pero el dolor hizo que volviera a caer y después, todo se volvió un infierno.



Los ojos de Kimberly se encontraban tan abiertos que Kimy llegó a pensar que en cualquier momento se le saldrían de sus cuencas. No parpadeaba. No hacía nada. Hasta que… gritó: la expresión el rostro de Kimy cambió por uno de horror; jamás la había visto actuar de esa manera, ¿qué estaba sucediendo? Kimberly había dicho algo de “usurpar”, ¿qué significaba eso…? ¿…robar?



Alzó su vista



¿¡Quién demonios le quiere robar su cuerpo!?



—¡¡Salté!! —sus manos sostenían con fuerza su cabeza, yacía de rodillas suplicando que todo ese martirio terminase.



Sam quería entrar en ella, como la última vez. Kimberly creyó el haber reprimido aquel momento pero al parecer, no fue así: comenzaba a revivir ese instante en el cual, su cuerpo había sido profanado. Después de eso, su memoria estuvo en blanco: no recordó nada de lo que ocurrió cuando el intruso estaba en su “recipiente”; parecía como si hubiese dormido todos aquellos días. Cuando volvió en sí, todos la miraban de una manera diferente, le temían y otros la miraban con cólera y ella, no entendía el porqué. Las cosas alrededor de ella habían cambiado y su casi amigo Oscar ya no estaba. Nadie le dijo nada respecto a eso, hasta que el Dr. Baecker llegó con la excusa de que renunció por unos motivos personales.



¿Habrá sido cierto eso?



—Kimberly, tenemos que salir —recordó Kimy jalándola del brazo, tratando de que reaccionara, pero fue en vano—. ¡Kimberly!



—No. Puedo. Moverme.



Kimy se detuvo.


—¿Qué? —los ojos de la mayor giraron hacia ella. Algo estaba mal…



—Ayú….dame…



El cuerpo de la menor se tensó, había alguien más en el lugar. Un intruso…. ¿Sam? Lentamente, se giró sobre su lugar sintiendo como el miedo se apoderaba de ella, ¿qué hacer? ¿Cómo proteger a Kim?



Los ojos de la mayor se cerraron haciendo que un par de lágrimas rodaran por sus mejillas. Podía ver su cuerpo, era horrible: veía a la perfección como Sam entraba en ella, haciendo que su cuerpo se doblara un poco; sus brazos y piernas se tensaron y sentía algo enorme en su garganta que le impedía respirar.

 


«Salte»



No podía moverse, pero podía mover su cuerpo. Debía sacarlo, Tom llegaría pronto.



«¡Salte!»



Si se acercaba… Sam podría herirlo, ¡no podía permitirlo! Así que, arañó su propio rostro.



«¡¡Salte!!»



Sentía a Sam en esa zona, debía sacarlo, arrancarlo de ella. Así que siguió arañándose, lastimándose, y esta vez, continuó con sus brazos: su maldita energía se esparcía a sus anchas.



Pero no se daría por vencida, ella no podía perder.



—¿Qué se supone que haces? —cuestionó la menor al intruso.



Sam podía sentir los golpes de Kimberly, lo retenían, no podía avanzar más pero eso no lo expulsaría de su interior. Era inútil, él ya había entrado y no saldría hasta cumplir con su cometido.



Kimy gritó, algo ocurría: la oscuridad comenzaba a alzarse contra ellas, ¿acaso planeaba comerse a Kimberly una vez más?



—Ve… te —escuchó por parte de la joven pero Kimy negó con fuerza.



—¡¡No saldré sin ti!! —chilló y las pupilas de Kimberly se dilataron al ver como la oscuridad cubría a la pequeña con su inmensidad: se la había tragado por completo y lo último que pudo escuchar de ella fue un grito de dolor y miedo.



«¡¡Kimy!! —gritó en silencio entrándose en un mar de llanto—, te dije que te fueras, ¡¡te dije!!», maldecía queriendo destruir todo lo que estuviera a su alcance. Sus pensamientos fueron cortados al notar que el intruso se acercaba a ella, junto esa gran inmensidad de oscuridad. Maldición. No podía perder, no ahora que Tom estaba cerca, ¡no podía perder la razón!



—Esto es por el bien de todos —logró oír y ella, sólo apretó más sus ojos.



«Tom… Tom… perdóname»





Cada vez era más difícil respirar. ¿Acaso es una trampa? ¿Baecker sabía que vendría? Estaba casi semiinconsciente, tirado en un escalón tratando de recuperar el aire posible para seguir avanzando. No podía rendirse estando tan cerca de ella, no podía desmayarse ahora, no.



El maldito olor a quemado estaba invadiendo sus sentidos, ¿acaso había un incendio? Si era así, debía salir lo más pronto posible de ese sitio. No es que pensara en que iba a morir pero simplemente, si eso llegase a pasar, sería patético hacerlo en ese hospital.



Su cabeza se movía de un lado al otro. Seguía luchando en no desfallecer aunque sus ojos se estuviesen poniendo en blanco y le doliese respirar: estaba próximo a verla, sus esfuerzos no podían quedarse sepultaos en ese sitio.



«Kimberly debe saber… que estoy aquí —se repetía una y otra vez obligando a sus ojos a abrirse pero…— ¿Bill?», logró cuestionarse.



Comenzaba a ver oscuros bultos quienes lo rodeaban y robaban su espacio. Mierda, ¿acaso murió ya y esos seres son servidores del infierno? Venían por su alma y no había forma de escapar, ¿cierto? Qué débil y patético era. Su madre tenía razón: era un inútil, no podía hacer nada bien; ni siquiera… logró ver por última vez a la chica quién en verdad ha querido.



Está bien, merecía pudrirse en ese sitio.



—Levántate —uno de esos seres le habló haciendo que su vista dejara de ser borrosa.



Tom pudo distinguirlo, con el simple hecho de escuchar su voz sabía de quién se trataba y entonces, se dio cuenta que no estaba muerto y mucho menos, se encontraba en el infierno. Si él estaba ahí, significaba que estaba a salvo.



—¿B… Bill?



—¡Levántate y ve con ella! —exigió y Tom soltó una estúpida sonrisa.



—¿Qué haces aquí? Tú no estás muerto, idiota —recordó cerrando con pesadez sus ojos—. Así que ve a casa…



El menor de los Kaulitz apretó sus labios.



—Lo sé. Pero vine a sacarte de este lugar para que de una vez por todas, rescates a Kimberly de su encierro —sus puños se cerraron y tembló un poco al saber que aquellas palabras tuvieron efecto sobre su gemelo: Tom, aun débil, se enderezó y trató de poner sus ideas en orden.



Extendió su mano, pero la cerró al recordar que sería una idea estúpida. Pero, debía hacerlo, era su hermano y como su deber, necesitaba ayudarlo.



Tom abrió sus ojos y lo miró anonadado. ¿Esto era un sueño? Se sentía y veía tan real: la sonrisa de Bill, el tacto con de su piel. Su hermano estaba vivo y estaba frente a él, alguien, por favor, ¿podía explicarle lo que sucedía?



—¿Regresaste? —cuestionó siendo levantado por él. Bill negó—. Entonces… ¿cómo es posible que… tu estás… pero… cómo…?



—Soy tu gemelo —dijo sin más—. Yo siempre estaré para cuidarte Tom, «ahora, es mi turno de hacerlo». Ahora vete, ¡no pierdas más tiempo!



El mayor de los hermanos estaba envuelto en una ola de sentimientos que no sabía interpretar: ¿irse y dejar a Bill? ¿Quedarse y dejar a Kimberly? Negó fuertemente. No iba a abandonar a ninguno de los dos.



—Más vale que regreses pronto, sino, regresaré a buscarte y sabes que eso no será bueno —amenazó desviando su mirada. Nunca lloró frente a él y no comenzará a hacerlo ahora: él era fuerte y lo era por su familia, por Bill.



El chico rió.



—No sabes cómo hacerlo —y ante esa respuesta, Tom le dio la espalda: estaba a punto de partir…



—Lo averiguaré.



Bill se erguió y asintió sintiéndose orgullo al tener a ese sujeto como su gemelo. Tom no vio aquel gesto, había continuado su camino dejándolo atrás con todos los seres quienes cazaban por energía: Kimberly los había debilitado al extremo obligándolos de alguna manera a permanecer en ese sitio. Al sentir la fuerza vital de Tom, era de esperarse que todos se lanzaran contra él.



El cuerpo del menor se tambaleaba ante los leves empujones que recibía de “aquellos”: uno de ellos, una mujer calcinada, trató de seguir al mayor, pero una extraña barrera se lo impedía y aunque ese lugar era una zona despreciable para permanecer, Bill no se movió y su sonrisa no se borró en lo más mínimo.



Extrañaba demasiado a su hermano y agradeció tanto la oportunidad que se le dio: pudo hablar nuevamente con él. Tal vez iba a hacer la última o tal vez, se le presentaría otro chance. Sea lo que sea confirmó que su gemelo jamás cambiaría: él siempre sería el fuerte, inteligente y el responsable de los dos.



—Lo sé, Tom —contestó.






Sus piernas seguían temblando ocasionando que tropezara ya en varios escalones, pero eso no logró detenerlo, no en esta ocasión. Ya faltaba tan sólo un piso y por fin toda esta pesadilla se detendría.



—Ya estoy aquí —avisó a la imagen mental de la paciente: desprotegida, frágil e inmóvil—, ¿me escuchas? ¡Ya estoy aquí, Kimberly!



Nota final: Honestamente, no me gustó este capítulo. No me quedó como tenía planeado, pero al menos logré hacer la parte de Sam kdjfhskjg *-*, ¿es triste decir que me he enamorado de él? :c. Espero y a ustedes les agrade la lectura, lo siento muchísimo si no es así, en verdad:(.
Los quiero!!