-

-
Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

31 dic. 2010

Cap. 42 Rastro

Algo la desconcentró y era el sonido de la puerta que se abría dejando salir algunos rayos de sol. Miguel entró con un vaso con agua.

-Ten –Le dijo extendiendo su brazo. Debany solamente veía el vaso más no lo tomo, recordó como Miguel había matado a su padre- Tranquila, no está envenenado.
-No quiero –Le respondió volteando hacia la pared.
-Es mejor que te tomes el agua… a no ser que quieras morir de sed. –Debany cerró los ojos y dio un suspiro.
-Está bien –Se levantó y agarró el vaso de agua. Miró a Miguel y éste le sonrió, se tomó toda el agua, tenía tanta sed que eso no iba hacer suficiente.
-Al rato te traigo más –Le avisó saliendo de la habitación.
Debany se acostó en la cama malgastada dándole la espalda a la puerta. Seguía pensando en su Tom, en esos momentos le era imposible olvidarlo. Empezó a darle sueño, mucho sueño, dio un bostezo y después de eso sus ojos se iban cerrando solos.
Miguel esperaba ansioso afuera esperando que hicieran efecto esas pastillas.











Las chicas seguían preocupadas, Georg Gustav y Andreas trataban de calmar a los gemelos sin éxito. Tom subió a su habitación quería estar solo. Se aproximó a uno de los cajones y sacó una blusa de Debany, acercó su nariz empezando a olerla, ese perfume que tanto le fascinaba seguía impregnado en la blusa. Se sentó en la cama sin soltar la blusa y después comenzó a acariciar el lado de la cama de Debany.
-Tranquila te voy a salvar –Le prometió al recuerdo que impregnaba la habitación.
En ese momento se sintió inquieto, algo no estaba bien, lo sentía en lo más profundo de su ser. Algo le iba a pasar a Debany. Bajó corriendo las escaleras y se dirigió hacia los detectives que trataban de encontrar el rastro de la chica.
-Debany está en graves problemas –Al decir eso, todos voltearon a verlo confundidos.
-¿Cómo lo sabes? –Le preguntó Marcela con los ojos llorosos. El de rastas se quedo callado un momento, ni él se explicaba como lo sabía, después contestó:
-Tengo un presentimiento.
-Tom se que estas desesperado yo estuviera igual en tu lugar, pero no podemos estar seguros de eso –Trataba de calmarlo el detective.
-¡Es que ustedes no lo entienden! –Les gritó furioso- ¡Lo siento en mi corazón! -Y al decirlo, lo señaló¬- Es la misma sensación que tengo cuando a mi hermano le pasa algo.
-Tom es mejor que te tranquilices y….
-¡¿Cómo quieres que me tranquilice si mi novia esta con un maldito loco en quién sabe dónde?! –Le preguntó irónico, estaba molesto.
-Hermano, mejor siéntate y trata de calmarte –Le sugirió Bill tomando su hombro.
-¡No! –Le gritó moviéndose bruscamente para que no lo tocara- No me quedaré aquí sin hacer nada –Avisó yendo hacia la pequeña mesa de la sala, agarró sus llaves y caminó hacia la puerta.
-¿Y tan siquiera sabes por dónde empezar a buscar? –Le preguntó el detective curioso y levantando una ceja.
-No… pero sé que de alguna forma llegare hasta ella –Respondió voleando a verlo- Y sin tu ayuda.
Todos en la sala se voltearon a verse preocupados. Marcela, que ya no aguantaba más la angustia, se levantó dispuesta a ayudar a Tom en la búsqueda de su amiga.
-Yo voy contigo –Le avisó su novio.
Sin decir más la pareja salió de la casa para alcanzar a Tom dejando al investigador con las palabras en la boca. Todos en la sala voltearon a verlo, el solamente dirigió su mirada al monitor de su laptop.
-Sigan buscando, no vamos a descansar hasta encontrarla ¿entendieron? –Les ordeno.










Debany cayó en un profundo sueño. Miguel entró y acaricio su cara, después se aproximo a sus labios dándole un frio beso.
-Ahora sabrás lo que es un hombre- Dijo mientras le quitaba la ropa con furia.









Ella abrió lentamente los ojos, tenía un dolor de cabeza insoportable. Se sentó en la cama percatándose de que estaba completamente desnuda, asustada, recogió su ropa para vestirse lo más pronto posible.
-Si quieres yo te ayudo. –Al escucharlo, Debany de inmediato se tapó con su ropa- No es necesario que lo hagas –Avisó acercándose a ella- conozco cada parte de tu cuerpo a la perfección.
-¿Qué me hiciste? –Le preguntó con un nudo en la garganta.
-Lo que quería desde el primer momento en el que te vi... Te hice mía.
-¿Qué? –Murmuró asustada.
-Al fin eres mía –Ella negaba con la cabeza mientras que sus ojos se llenaban de lágrimas.
-Por favor no te acerques –Le suplicó retrocediendo.
-No hay nada que temer, ven, dame un abrazo.
-¡No! ¡Aléjate de mí! –Le gritó llorando.
-Eres tan perfecta en todos los sentidos –El seguía caminado, parecía que no la escuchaba.
-¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme!
-Nadie te escucha, solamente estamos nosotros dos ¿No es fabuloso?
-¡Maldito enfermo! –Gritó mientras el miedo invadía su cuerpo.
-Soy más hombre que ese Kaulitz.
-Por favor, déjame ir –Murmuró entre lágrimas.
-Acaso lo que pasó entre nosotros ¿No significó nada para ti? –Preguntó con pena.
-Te vas a ir al infierno –Le respondió con un nudo en la garganta.
-¡Así no se trata a la persona que te ama! –Le dijo molesto.
-¡Yo no te amo!
-Pues vas a empezar a hacerlo por las buenas o por las malas –Le amenazó estirando su cabello.
-¡Agh! ¡Suéltame! –Se quejó.
-¿Me vas a amar? -Le preguntó estirándoselo más.
-¡No!
Miguel la tiro al piso y empezó a golpearla con furia. Debany gritaba esperando que alguien la escuchara pero todo era en vano. Miguel pateó sus piernas y su estómago y golpeó su cara dejando un gran golpe en la mejilla y el labio rasgado.
-Más vale que vayas comenzando –Le recomendó yéndose de ahí.
Debany se quedo en el piso quejándose por el dolor y ahogándose en sus propias lágrimas, poco a poco fue vistiéndose con cuidado de no lastimarse más. Cuando terminó, se fue arrastrando hasta un rincón de la habitación abrazó sus rodillas y comenzó a llorar en silencio rogando que esta pesadilla acabará ya. Miguel la había tocado, era lo peor que le había pasado en la vida, Debany se sentía tan frágil en ese momento que ya no sabía lo que le tenía preparado el destino.









Tom se fue en su carro y Bill y Marcela en otro. Buscaron en cada rincón del país, la policía buscó en los barrios más peligrosos y sin rastro de ella. Los medios de comunicación también empezaron a ayudar a buscar, las fans al enterarse de lo sucedido decidieron ayudar a sus ídolos.
Tom comenzó a sentirse desesperado parecía que la tierra se había tragado a Debany. Se detuvo en frente de un parque, recargó su cabeza en el volante y comenzó a sollozar, se le habían agotado las ideas. No sabía qué hacer, su mente estaba completamente en blanco, empezó a imaginarse lo peor de las cosas. Sacudió la cabeza quitándose esas ideas. Debany seguía viva, el más que nadie lo sabía. Volvió a encender el automóvil y siguió con la búsqueda.
Estaba empezando anochecer y nadie tenía noticas sobre ella. Bill y Marcela También detuvieron su marcha para pensar en cuales lugares les faltaba buscar, cerca de ahí había un centro nocturno afuera había una pareja platicando, pero a Marcela se le hacía familiar el hombre.
-¿Qué tienes? –Le preguntó Bill curioso.
-Yo lo conozco –Respondió señalando aquél hombre. Bill volteó a verlo. El hombre miró hacia el carro pero no logro verlos- ¡es Ernesto! –Dijo sorprendida, el menor de los Kaulitz frunció el ceño.
-¿Es el idiota que trató de lastimarte?
-Sí –Respondió encogiéndose de hombros.
-Ese imbécil me las va a pagar –Aseguró abriendo la puerta del auto.
-¡No! –Gritó deteniéndolo- Es mejor hablarle a la policía, por mientras lo seguimos.
-Como quiera, él sufrirá por lo que trato de hacerte, de eso me encargo yo.
Vieron como Ernesto comenzó a alejarse del lugar. Bill encendió el carro, apagó las luces y comenzaron a seguirlo. Marcela le habló el investigador y el de inmediato ordenó a su gente a ir para allá. Lo siguieron hasta unas cuadras en donde Ernesto tenía estacionado su carro, arrancó y se dirigió a las afueras de Alemania. Bill trato de seguirle el paso con cuidado de que no se diera cuenta de que lo seguían. Ernesto estacionó su carro enfrente de un tipo bosque, Bill hizo lo mismo.
-Con que aquí es donde esta Deb. –Exclamó Marcela.
-Ven, hay que bajarnos.
Trataron de estar un poco alejados de él. Llegaron hasta unas casas en malas condiciones, tal vez esas casas eran del tiempo de la segunda guerra mundial. Bill detuvo a Marcela al ver que Ernesto entraba a la última casa.
-Ahí es, llámalos. –Marcela asintió.

Continuara***
& ya solo faltan tres capitulos(: Espero que festejen & despidan muy bien el año 2010, que sus deseos se cumplan en el 2011 & sea su mejor año :B los quiiero, gracias por su apoyo(:

Cap. 41 Todavía hay esperanza

En ese momento Tom abrió los ojos, agarró el brazo de aquel hombre impidiéndole disparar.

-Los Kaulitz no nos rendimos tan fácilmente –Aviso el mayor.
-Que les quede eso claro –Dijo Bill agarrando de la camisa al otro hombre.
El menor de los Kaulitz golpeó directamente a la cara con todas sus fuerzas haciendo que el hombre soltara el arma y retrocediera. Tom doblo el brazo del otro lo más que pudo después le dio un puñetazo en el estomago sacándole todo el aire. Él se inclino y se agarró su estomago tratando de respirar. Los gemelos retrocedieron, cuando los dos hombres pudieron recuperarse de los golpes se lanzaron contra ellos. La pelea no paraba, ninguno de los cuatro se rendía, los Kaulitz luchaban por lo que más amaban y los desconocidos para matarlos.
Unas chicas que iban camino a un antro observaban la pelea solo por diversión hasta que dos de ellas pudieron distinguir al vocalista así que marcaron asustadas a la policía.
Los hermanos se estaban cansando así que los otros llevaban la a delantera, al fin habían conseguido derribar a los gemelos.
-Como decía –Volvió hablar y escupió sangre- que patéticos.
-Perdieron el tiempo ¡no iban a ganarnos! –Tom trato de levantarse pero no lo logró, solo se acercó con su hermano y lo tomó del brazo.
-Pase lo que pase...
-Siempre estaremos juntos hermano –Aseguró el vocalista. Uno de los hombres los vio fastidiado.
-¡Ay! ¡Ya cállense! –Ordenó apuntándoles con la pistola.
Las chicas que observaban la pelea se lanzaron contra los hombres golpeándolos con toda su fuerza, una de ellas se acercó con los gemelos y trató de levantarlos.
-No se preocupen ya viene la policía.-Avisó.
-Gracias –Respondieron al unísono.
-¡Malditas zorras! –Gritó uno de los hombres- ¡Suéltenme! –Las empujó.
En ese momento llegaron dos patrullas. Los hombres suspiraron y dejaron caer al piso sus armas y luego empezaron a esposarlos.
-¡No la vas a salvar Tom! No importa lo que hagas ¡no lo lograrás! –Le aseguró burlándose de él.
-¡Muévase! –Le ordenó un oficial.









En la sala solamente se escuchaban los quejidos de los gemelos ante las curaciones que les brindaban las enfermeras. Cuando terminaron se fueron de ahí dejándolos con su representante.
-¿Qué pasó? –Preguntó David aturdido.
-No importa –Le respondió Bill tocándose su nariz.
-David... tenemos que regresarnos a Alemania.
Los hermanos les contaron todo lo sucedido a sus amigos así que sin perder más tiempo se regresaron a su país. Cuando llegaron Bill le volvió a marcar a Marcela para que le informara en que hospital estaba solamente fue el menor de los Kaulitz.
Al llegar, Bill sintió un gran alivio al verla sana y salva, Marcela cuando lo vio lo único que hizo fue abrazarlo y al ver las heridas del vocalista se preocupó, pero Bill trato de tranquilizarla. Los doctores les informaron que Peter estaba mejor y que pasado mañana le daban de alta, su familia estaba ahí así que la pareja podía retirarse.







Todos estaban ahí, hasta David y los padres de los gemelos, la policía ya estaba investigando sobre el paradero de Debany y empezaron a interrogar a Marcela.









Debany estaba en un rincón de la habitación muerta de sed y rogando por ver los rayos del sol. Todavía tenía las palabras de Miguel en su cabeza “Yo mate a tus padres” y la imagen de su madre desesperada tratando de salvarla de ese maldito loco. Después vino Tom y Bill, Miguel había dado la orden para matarlos, algo le decía que estaban vivos, pero era una esperanza muy lejana. Comenzó a imaginarse a Tom tirado bañado de sangre al igual o peor que Alberto. Lloraba en silencio, quería verlo, es lo que más deseaba en el mundo, pero ¿y si ya no podía? ¿Y si su destino era morir en las manos de Miguel? ¿O que tal que Tom ya estaba muerto? Eran tantas preguntas en la cabeza de Debany que se empezó a sentir desesperada, pero, después de tantas preguntas llegó a una respuesta para todas ellas: no se iba a rendir ¡no le iba demostrar a Miguel que era débil! Tom... Tom estaba vivo. Sabía que su mamá lo estaba protegiendo igual que a Marcela y que están haciendo todo lo posible para salvarla. Sabía que Tom no iba a dejar las cosas así y que la está buscando sin cansancio para volver a estar juntos, para entregarse el uno al otro y demostrarle al mundo cuanto se amaban. Aún con todos los problemas que han vivido siguen juntos porque simplemente se aman con locura y pase lo que pase, estén en donde estén, siempre sabrán que tienen el apoyo del otro.
Escuchaba la voz de Tom decir: Voltea, estoy aquí a tu lado, no dejes de buscar ese arcoíris. Y en ese momento Debany empezó a susurrar la canción que Bill había hecho para ella y Marcela, esa canción tan sagrada “By your side”.

Cap.40 ¿Adiós a los idolos?

-Debany… ¿No me quieres? –Le preguntó con dolor.

-No, ¡Te odio! ¡Me das asco! –Le respondió con rencor.
-¡Es culpa de ese! ¿Verdad? –Estaba molesto- ¡Me odias por culpa de Kaulitz!
-¡A él no lo metas en esto! -Amenazó.
-Es por su culpa ¿Verdad? –Volvió a repetir- ¡Respóndeme!
-¡No! ¡No es su culpa! ¡No es la culpa de nadie! –Contestó con lágrimas en sus ojos, su cuerpo ardía de furia.
-¡Sí, si es su culpa! Siempre ha sido su culpa ¡Pues ya no! Él ya no te quemará tu cabeza con mentiras mías, ya no volverás a ser de él ¡Nunca! –Tomó sus mejillas bruscamente, estaba cegado por el odio.
-¡No te atrevas!
-¿Por qué él si puede tener tú amor y yo no? ¿Por qué?
-¡Porque yo lo amo! –Le respondió soltándose de su agarre- Porque él sabe lo que es amar, él sabe lo que necesito, él me ha tratado de una forma tan linda en tan solo un año, cosa que nadie ha hecho ni con todo el tiempo del mundo. Él me ha enseñado a ver la vida de otra forma, con él me siento querida y cada vez que me abraza me siento protegida…
-¡No!
-Sus besos son como una droga para mí, me he vuelto adicta a sus besos, sus caricias… cuando me acaricia, me siento la mujer más especial del mundo.
-¡Cállate! –Rogó golpeándose en la frente- Conmigo puedes sentir eso y más.
-¡No! –No, por supuesto que no- Nadie me hará sentir eso, necesito a Tom a mi lado para estar completa.
-No, no es cierto.
-¡Si lo es! Solamente necesito de él ¡y de nadie más
-Veamos si sigues pensando igual cuando él ya no este. –Le dijo tomando su celular. Miguel estaba desesperado y Debany no pensaba lo que hacía- ¡Hazlo ya! –Ordeno furioso.
-¡No!











Los chicos estaban cansados, solamente querían llegar y dormir. Varias fans los esperaban a fuera del hotel de Houston Texas. Ellos dieron unos cuantos autógrafos y después de eso fueron hacia sus habitaciones. El equipo les indico donde dormirían, obviamente Fernanda, Ingrid y Katia iban a dormir con su respectiva pareja, solamente los Kaulitz iban a dormir solos, pero antes de acostarse, Tom fue a la habitación de Bill, para de ahí marcarles a Debany y Marcela.
-¿Qué crees que estén haciendo? –Preguntó Bill curioso. Tom pensó por varios minutos.
-Compras –Respondieron los dos al mismo tiempo.
-¡Marca ya! –Le ordeno Bill ansioso.
-Okey ¡Pero no me grites! –Bufó. Marcó a su casa dos veces y no había respuesta- ¿Porqué no contestan?
-No lo sé –Le dijo preocupado- Algo no está bien.
-Por favor, no digas eso –Suplicó nervioso.
-Vuelve a marcar –Tom hizo lo que le pidió su hermano. Seguía igual, nadie contestaba.
-Debany, Debany ¿Dónde estás? –Preguntó completamente nervioso.
-Márcale a Peter, tal vez está con ellas –Ante esa respuesta los dos se vieron pensativos.
-Más vale que no estén haciendo lo que yo estoy pensando –Dijo frunciendo el ceño. Bill rió. Tom le marcó al guardaespaldas, le contestó una voz femenina-¿Marcela?

Conversación telefónica
-Ho-hola –Contestó con la voz cortada.
-Marcela ¿Qué pasó? ¿Por qué tienes el celular de Peter? –Preguntó Bill confundido.
-¿Está todo bien por allá? –Cuestionó el menor de los gemelos- ¿Cómo está Debany? –Ella no respondió- Marcela ¿estás ahí?
-Si –Respondió con un nudo en la garganta.
-Amor ¿Qué tienes? –Le preguntó preocupado.
-Miguel se llevó a Debany –Dijo al fin- Estoy en el hospital porque intoxicaron a Peter –Avisó rompiendo en llanto- No sé donde esta mi amiga y estoy desesperada. No me puedo mover de aquí por miedo a que vengan y traten de hacerme daño de nuevo. –Tom se quedo callado y se fue de la habitación sin dirigirle una palabra a Bill, mientras que él comenzó a asustarse ante lo que había dicho su novia.
-¿Trataron de matarte? –Preguntó furioso.
-Si, Ernesto, un cómplice de Miguel. –Respondió aún llorando.
-Tranquila Marcela, nos regresaremos a Alemania.
-Bill... Cuídense por favor, Miguel está molesto y tratara de matarlos también.
-¡que lo intente! No me importa, él nos las pagara por todo lo que les han hecho, Te amo marcela ¡no te muevas de ahí!
Fin de la conversación telefónica



Bill salió de la habitación en busca de su gemelo. En el camino se topo a Georg y a Andreas que estaban hablando en el pasillo.
-¿No vieron a Tom? –Les preguntó rápido.
-Yo no –Respondió Georg.
-Salió del… hotel –Le respondió Andreas extrañado. Bill asintió su cabeza en señal de agradecimiento.
-¿Qué paso? –Preguntó Georg confundido.
-Problemas –Le respondió entre dientes.
-¿Debany y Marcela?
-Sí, necesitamos regresar a Alemania
No dijo más y se fue de ahí corriendo dejando a Andreas y Georg confundidos. Bill buscó como loco en los alrededores del Hotel y no había rastro de Tom por ningún lado, hasta que llegó a un parque y vio a su hermano que estaba sentando en una de las bancas con las manos cubriendo su cara
-Tom –Murmuró acercándose- ¡tenemos que irnos ya!
-¡Sabía que no debía irme –Le dijo de golpe- ¡Sabía que debía estar todo momento con ella! –Dijo desesperado.
-Tom, reacciona ¡No es momento de culparse! Si nos quedamos más aquí perdemos más tiempo.-Trataba de calmarlo.
-Debany debe estar sufriendo –Decía con los ojos llorosos- Si el trata de lastimarla yo... yo... –Abraza a su gemelo.
-Tom, vámonos –Le susurró en su oído.
El de rastas se separo de su hermano y se limpió las lágrimas. Dieron media vuelta y vieron que dos hombres se aproximaban hasta ellos, sabían con quien estaban y también sabían a que venían. Los gemelos se pusieron firmes y no demostraron tener miedo, cuando al fin estaban frente a frente uno de los hombres sonrió.
-Con que ellos son los ídolos adolescentes del momento –Musitó viéndolos de arriba abajo- no son gran cosa.
- No tienen nada de especial: un rapero mediocre y un hombre con maquillaje ¡guau qué emoción! No se que le vieron esas estúpidas –Tom y Bill cerraron sus manos en forma de puños ante el comentario.
-¿A quién eliges?
-Pido al rapero.
- okey, siento que no vamos a tardar mucho.
-¿Dónde está? –Preguntó Tom entre dientes.
-Tú debes de ser el novio de la hijastra de mi jefe.
-¿¡Dónde la tienen?!
-Vete olvidando de ella, al igual que tú –Sugirió mirando a Bill- vayan dándose la idea de que no las van a ver jamás.
-Eso es lo que creen –Los 2 hombres se echaron a reír ante el comentario del de rastas.
-¡Basta de charla!
-Si, acabemos con esto de una vez.
Los gemelos empezaron a retroceder, mientras que los dos desconocidos sacaban sus armas
-Con matarnos no lograran nada –Habló el menor de los Kaulitz.
-Eso es lo que crees. ¿Su último deseo?
Los hermanos se quedaron callados, aún así seguían sin demostrar miedo. No los podían matar, el deseo de estar con Marcela y Debany eran más fuertes, pero aún así, si lograban su cometido no se arrepentían de nada, habían hecho lo que más deseaban en el mundo: habían sufrido, llorado, reído, amado todo con sus seres queridos y al final encontraron a dos chicas que los amaban, no por su fama, sino por cómo eran por dentro. Tom tomó la mano de su hermano y los dos al mismo tiempo cerraron sus ojos.
-No nos vamos a dejar vencer por ellos -Pensaron. Los dos hombres se acercaron a ellos hasta quedar frente a frente.
-Que patéticos –Dijo uno de ellos apretando el gatillo.

Cap. 39 Revelación de una cruel verdad

Marcela se despidió de todos los chicos, al final se despidió de los gemelos. Abrazó muy fuerte a Bill y se despidieron con un beso largo. Les prometió hablarles todo los días para ver como estaban.

Llegó a la casa, todo estaba oscuro y en silencio lo cual se le hizo extraño.
-¿Debany? ¿Peter? –Les llamó, pero no hubo respuesta-¡Ya llegue! ¿Dónde están? –La casa estaba en completa oscuridad.
Caminaba a ciegas hasta que se topo con algo. Se agachó y pudo apreciar que era un cuerpo
-¿Peter?–Preguntó asustada-Peter ¡reacciona! ¡Peter! Por dios… -Murmuró tratando de mantener la calma.
Subió hasta la habitación de Debany presintiendo lo peor y deseando que solo se tratara de una pesadilla. Todo estaba vacío, no había rastro de ella. Salió de ahí para buscarla en las otras habitaciones, pero alguien la jaló golpeándola contra la pared.
-¿¡Quién eres?! –Soltó anonada por el golpe.
-¿Acaso no me recuerdas?
-¿Ernesto? –Preguntó miedosa.
-Has estado en situaciones que no te importan, y ahora, ¡Pagarás las consecuencias! –Le avisó dejando ver una pistola.
-¡No te atrevas! –Le amenazó logrando darle un fuerte golpe en la entrepierna, eso hizo que la soltara. Marcela aprovechó para salir corriendo, pero otras dos personas la detuvieron- No, ¡Suéltenme! ¡No me toquen! –Gritaba manteniendo resistencia.
-¿Creíste que podías ayudar a tu amiga? –Le preguntó Ernesto bajando las escaleras- O más importante ¿Creíste que te podías salvar? ¡Pobre ilusa!
-¿Debany? –Preguntó anonada para ella misma- ¿¡Qué le hicieron?!
-Esta con su única familia, su padrastro –Le respondió tomándola del rostro.
-¡No le hagan nada! –Le gritó tratando de sostener sus lágrimas.
-Marcela, mejor preocúpate por ti –Sugirió colocando la punta de la pistola en su cuello.
-No te atrevas –Le rogó- ¡Ayuda!
-¡Cállenla! –Les ordenó a sus dos cómplices. Uno de ellos tomó a Marcela y el otro tapó su boca. Ella, solo cerró sus ojos deseando que todo fuera una pesadilla.
-¡Suelte el arma! –Se escuchó otra voz.
Ernesto la tiró y levantó las manos al igual que los otros dos hombres. Marcela abrió los ojos ante la voz de ese señor. Eran 3 policías, verdaderos policías. Ernesto logró escaparse por la puerta trasera mientras que a los otros dos hombres los arrestaban. La chica se dejó caer al piso.
-¿Está bien señorita? –Le preguntó uno de ellos, Marcela asintió.
-¿Cómo supo que estaba en problemas? –Preguntó confundida, pero aún así, estando muy agradecida.
-Los vecinos hicieron un llamado de auxilio a escuchar gritos –Le respondió volteando a ver a Peter el guardaespaldas –Caminó hacia él tomó su pulso- Está vivo… ¡Llamen a una ambulancia!













Miguel aventó a Debany y esta cayó al piso. Se fue arrastrando hasta la cama, abrazó sus rodillas y se apoyó en la pared.
-En estos momentos, Marcela ya ha de estar acompañando a tus padres –Le avisó poniéndose de cuclillas enfrente de ella.
-¿Dónde estamos? –Le preguntó ida.
-Lejos, muy lejos de todo.
-Quiero ver a Tom –Le dijo en susurró, el golpe la había aturdido.
-Hazte a la idea: Jamás lo volverás a ver ¡Ni siquiera sabe que estás metida en este problema! Ya nunca volverás a ser suya, porque ahora… -Se acercó lo más que pudo a su rostro-… me perteneces.
-¡No me toques! –Logró reaccionar- Marcela no está muerta y Tom… Tom vendrá a rescatarme –Miguel se echó a reír, su inocencia le encantaba.
-Ve perdiendo las esperanzas –Le sugirió.
-No, yo sé que mi amiga está viva -Susurró, estaba completamente segura.
-¿A si? ¿Y cómo es que lo sabes? –Preguntó irónico- Debany, estar con ellos te ha jodido el poco cerebro que tenías.
-Estar con ellos me ha enseñado lo que es tener una familia ¡Lo que es saber ser querida! –Le corrigió.
-¡Yo te quería y tú me dejaste! –Recordó entre dientes.
-¡Eso no es querer! Querer no es tener a una persona contra su voluntad, ¡querer no es golpearla, humillarla para que haga lo que tú quieras! –Gritó cerrando sus ojos.
-¡Cállate! No quiero escucharte malagradecida.
-¡No me importa lo que me digas! –Gritó más fuerte- A ti te espera un destino peor que el mío ¡Espero que sufras, que sufras tanto que hasta desees la muerte! Mataste a mi mejor amigo, quisiste matar a mi hermana, quisiste lastimar a Tom ¡Y envenenaste la mente de mis padres! Mi madre te pudo dejar la herencia porque pensaba que eras una buena persona, pero yo te la puedo quitar ¡Todo se paga! –Le restregó en su rostro, no le demostró miedo. Él, volvió a reír.
-¡Tú no sabes lo que hizo tu madre! Ella no me quería dejar la herencia ¡Yo la obligué! –Le corrigió- Debany, eres una estúpida: yo jamás fui amigo de tu padre y yo jamás ame a tu madre ¡Todo lo contrario! ¡Los odiaba! Eran los más queridos en todo el puto hotel, encima, tenían a una hermosa hija a su lado que me volvió loco desde la primera vez que la vi. Sabía que tus padres no me dejarían acercarme a ti así que tuve que ingeniármela de otra forma.
-¿A qué te refieres? –Preguntó anonada ante esa confesión.
-Yo mate a tus padres –La chica calló ante esa respuesta, no se la esperaba en absoluto- ¿Te acuerdas cuando tu padre estaba enfermo? Tenía una tos insoportable

Flash Back
David tosía como nunca y todo por no tomarse el medicamento a la hora indicada. Miguel lo observaba desde lo más alejado de los vestidores, tenía un bote de agua en la mano y de su casillero saco un pequeño frasco con un veneno que atacaba de inmediato. Lo vacío completamente en el bote y el frasco, ya vacio, se lo hecho en el bolsillo de su uniforme. Se acercó hasta su compañero enfermo y con Ernesto, quien estaba guardando sus cosas esperando con ansias la muerte de David.
-¿Te sientes bien? –Le preguntó Miguel ‘preocupado’.
-Lo estaré, necesito tomarme las pastillas –Le respondió sacándolas del casillero- ¡Maldición! –Vuelve a toser- ¡no tengo agua!
-No te preocupes, ten –Le dijo ofreciéndole su agua- toma el mío.
-Gracias.
-De nada -En Ernesto se dibujo una sonrisa mientras cerraba su casillero. David le sonrió a Miguel y después se tomó la pastilla, enseguida se tomó el agua para pasársela- ¿Y como está tu hija?
-No me hables de esa –Le respondió con asco- Es una inútil ¡Igual que su madre!
-Yo pienso todo lo contrario –Dijo esbozando una sonrisa.
-¿A qué te re…? –Él se presionó el pecho, empezó a sentir que le faltaba el aire y respiraba con dificultad- Ayuda... Mi-miguel... por favor –Le suplicó dejándose caer de rodillas.
-Si me hubieras dejado acercarme a Debany no estuvieras en esta situación –Voltea a ver a Ernesto- Vámonos.
El asintió con la cabeza. Se fueron dejando sufriendo a David que poco a poco dejaba de respirar.
Fin del Flash Back

-Por eso fue el infarto –Susurró Debany, ya todo tenía sentido.
-Y tu madre, tampoco iba a aceptar nuestro amor –Ella volteó a verlo confundida ‘¿Nuestro?’ Estaba más loco de lo que pensaba.

Flash Back
Miguel guardaba las herramientas en una caja y los cables, los colocó en una bolsa y la tiró a la basura, salió y empezó a limpiar el auto.
-¿Qué haces? –Le preguntó asustada su esposa.
-Limpio nuestro auto –Le respondió volteando a verla- ¿Acaso no puedo?
-Vuelvo en la noche –Le dijo nerviosa evitando la pregunta.
-Okey, suerte…
Ester subió rápidamente al carro y arrancó. Agarro su celular, mientras subía cada vez más la velocidad con dirección a la notaria, no iba a dejar su herencia en manos de Miguel, tenía que corregirlo.
-Hola Andrea ¿Te puedo pedir un favor?...Checa la tarjeta por mi voy a llegar tarde... okey gracias nos vemos al rato.
Un letrero avisaba que había un semáforo a 100mts, intento bajar la velocidad pero no podía, todo lo contrario iba más rápido
-¿Qué le pasa? -Preguntó asustada, había llegado al semáforo que marcaba el rojo. No pudo detenerse, un tráiler pasó también a toda velocidad y se la llevo de encuentro.
Fin del Flash Back
-No… -Musitó mientras se ahogaba en sus propias lágrimas- Eres un ¡Asesino, maldito! ¡Espero que te pudras en el infierno –Le gritó con asco.

30 dic. 2010

Cap. 38 Secuestro.

La pareja empezó a platicar, lo mejor era olvidar todo por un momento. Debany se tomaba su medicamento y Tom la ayudaba a remojar el trapo. Un rato más hablando y después se quedaron dormidos.

Las dos parejas dormían, al fin tranquilamente, aunque los gemelos seguían preocupados.
Al día siguiente Debany aún tenía fiebre, pero no tan alta, Marcela seguía insistiéndole a Bill que siguieran con la gira que ellas iban a estar bien de rato, poco convencido, aceptó, pero todavía faltaba Tom.
-Ve Tom, no puedes dejar a las fans así
-¡No quiero dejarte sola! –Reprochó.
- No lo estaré, Marcela va a estar conmigo –Le respondió tomando su mano.
-Okey –Respondió cansado- ¡Pero no saldrán sin un guardaespaldas!
-Sí Tom, lo sé, no te preocupes. –El guitarrista se acerca a ella y le besa la frente- Como deseo acompañarte.
-Yo también lo deseo –Le contestó haciendo una mueca.
-Como quiera sabes que te apoyo ¡estés en donde estés!
-Y yo estando lejos te estaré protegiendo –Debany sonrió.
-Bésame.
El de rastas rápidamente se acercó a los labios de la chica. Comenzó siendo un beso tranquilo y terminó siendo uno apasionado. Las manos de Tom estaban en el cuello de Debany mientras que ella acariciaba su espalda.
-Quiero hacerte mía –Le susurró en su oído.
-Tom, estoy…
-Débil… lo sé–Aún así las caricias y los besos iban subiendo cada vez más de nive.









Bill y Marcela estaban en la sala. De rato bajaron Tom y Debany con una gran sonrisa. Los gemelos se iban a ir en la noche.
Todo el día transcurrió tranquilo, gracias a dios. Los hermanos preparaban las últimas cosas para irse al aeropuerto junto con Georg y Gustav. Fer, Ingrid, Kathia y Andreas también se iban a ir con ellos a América.
Ya era hora de irse al aeropuerto. Debany no los podía acompañar ya que tenía que estar guardando reposo, pero ella y Tom se despidieron de una manera especial. Marcela los iba acompañar hasta en el aeropuerto, así que dejaron a un guardaespaldas encargado de cuidar a Debany mientras llegaba su amiga.
Ya era tarde, Debany descansaba en su habitación, el guardaespaldas miraba la televisión, mientras poco a poco le ganaba el sueño.
La puerta trasera se abría despacio, hizo un pequeño sonido, un rechinido. El guardaespaldas logró escucharlo así que fue a fijarse a ver qué pasaba, no había nada ni nadie. Se sirvió un vaso de agua y se volvió a sentar en el sillón viendo tranquilamente la televisión, no había nada bueno a esas horas así que le estaba dando mucho sueño, fue cerrando los ojos y sin darse cuenta se quedo dormido, pero otro ruido hizo que se despertara. Volvió a checar la parte baja y luego subió en las habitaciones, no había nadie. Volvió a bajar y se terminó de tomar su vaso con agua, cuando se sentó empezó a sentirse mareado, su vista iba nublándose hasta que no vio nada y de eso cayó dormido.
Debany dormía tranquila, ya estaba mejor de la fiebre. Él la observaba desde el otro extremo de la habitación, en silencio. Se acercó hasta ella y comenzó a acariciarle el cabello, Debany sintió el tacto de esa persona, abrió lentamente los ojos. Primero vio borroso, volvió a pestañar y ahí lo vio, al causante de todo su sufrimiento. Iba a gritar pero el rápidamente le tapo la boca, Debany comenzó a sollozar.
-Shh, no voy hacerte daño. –Debany negaba con la cabeza, mientras las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos- No sabes cómo te extrañe –Se acercó a su rostro para darle un beso en la frente pero Debany se quitó- ¿No vas a dejar que te bese? ¿¡NO?! –Debany logró que Miguel quitara su mano.
-¡No! –Gritó. Logró levantarse y correr pero pronto Miguel la alcanzó y la acorralo contra la pared-¡Suéltame idiota! –Le gritó moviéndose para que la dejara.
-Shh, ¡Tranquila! No voy a lastimarte
-¡Jah! Por dios Miguel ¡esa ni tú te la crees! ¡Quítame las manos de encima! –Luchaba contra él, pero era inútil
-¡Cállate! –Comenzaba a enojarse.
-¡No!
-¡Es por tu bien!
-¡No! ¡Suéltame ya!
-¡Ya cállate! –Gritó furioso y le da una cachetada- Deb… mi querida Deb, es hora que sepas toda la verdad –Volvió a decir tranquilo esbozando una sonrisa.
-¿Qué quieres de mí? –Preguntó asustada rompiendo a llorar, él suspiro.
-Todo.
-Eres un maldito enfermo –Le dijo entre dientes.
-Lo soy por ti –Dijo enamorado... Locamente enamorado- Ahora ven conmigo.
-No lograrás tu meta -Le aseguró.
-¿Quieres apostar? –Preguntó estirando su cabello.
Se la llevó casi a rastras de ahí. Debany luchaba, pero Miguel era un poco más fuerte. Sentía el dolor que le causaban los rasguños, golpes y mordidas de ella, pero la obsesión que le tenía era más fuerte. Antes de salir Debany vio al guardaespaldas inconsciente en la sala.
-¿Qué le hiciste? –Preguntó con su voz quebrada. Él se acercó a su oído y le susurró.
-¿En verdad quieres saber?
-¡Eres un loco! –Le gritó golpeando su pierna
Miguel hizo un gesto de dolor, pero aún así no la soltó, al contrario, la lastimó más haciendo que se quejara.
-Escúchame bien –Avisó estirándole más el cabello- Vamos a salir como si aquí no pasará nada ¿okey? Porque si gritas...
-¿Qué? ¿Me matarás? –Preguntó irónica.
-¡Eso quisieras! Si gritas mataré a cada uno de tus queridos amigos
-¡No te atrevas a hacerles daño!
-No lo are... si vienes conmigo –Le prometió.
-Está bien, iré contigo –Le respondió entre dientes.
-¡Perfecto! –Soltó satisfecho- ¿Ves? Qué te cuesta cooperar.
Salieron y se aproximaron hasta un carro, muy lujoso, que los esperaba a unas casas de ahí. Debany pudo observar una patrulla no muy lejos de ahí. Miguel le abrió la puerta y ella sin pensarlo lo empujo y se fue corriendo hasta la patrulla.
-¡Ayuda! –Le gritó aproximándose a ese auto.
-¡Mocosa estúpida! –Se quejó siguiéndola.
La chica ya había llegado hasta la patrulla. Golpeaba la ventana desesperadamente hasta que el oficial salió.
-¡Por favor ayúdeme! –Le suplicó- ¡Me quieren secuestrar!
-¿Enserio? –Preguntó indiferente- Lo siento por usted.
-¿Qué? –Preguntó confundid –El oficial se apoyó contra su patrulla, cruzó los brazos y veía a Miguel acercarse
-Creo que ya vienen por ti –Le dijo señalándolo.
-No –Murmuró anonada
-¿Qué no te dije que iba a hacer eso? –Le dijo Miguel con una sonrisa.
-Si, te debo $50 –Le respondió el ‘oficial’ riéndose.
-No –Volvió a murmurar anonada.
Miguel agarró del brazo a Debany y se la volvió a llevar. Entraron al auto y éste arranco. No pudo evitar pensar que ya no volvería a ver a Tom, que jamás volvería a besarlo, sentir su calor, su amor, que jamás volvería hacer suya.
-Te dije que si me desobedecías ¡mandaría a matar a tus amigos! –Eso la sacó de sus pensamientos.
-No, no lo hagas por favor –Le suplicó entre lágrimas. Miguel no la escuchó, comenzaba a marcar.
-Hazlo ya –Le ordenó a su cómplice y colgó.
-¡No! ¡No! ¡No! –Gritó desenfrenada.
-¿Ves lo que causas por desobedecerme? –Le dijo irónico besando su mejilla

Continuara***

29 dic. 2010

Cap. 37 Fiebre

-Es por su bien.

-¿Por nuestro bien? –Preguntó desconcertado- ¿Pues qué mierda pasó?
-Miguel eso paso, Alberto murió por salvar a Marce
-¿Salvar? –Preguntó confundido, no entendía nada.
-Miguel quiere matarlos, ya trato con Marce, pero Alberto se interpuso, sacrificó su vida por ella. Si él no hubiera estado ahí ¡en este momento estuviéramos visitando la tumba de Marcela! Imagínate como hubiera esta Bill o... ¡yo! Miguel quiere matar a mis seres queridos, lo sé, lo conozco muy bien.
-Debany me importa una mierda si él quiere matarme, no me importa lo que él puede llegar hacerme, ¡no me voy a separar de ti! Te amo –Dio besándola- te amo no me voy a ir de tu lado. –Juntando sus frentes.
-No quiero que te pase nada....
-Tranquila, vamos a estar bien, no voy a dejar que te vayas otra vez de mi lado ¡lo prometí!
-Tom...
-¿No lo entiendes Debany? Te necesito a mi lado, te necesito conmigo para ser feliz, al fin encontré el amor de mi vida y no lo voy a dejar ir otra vez, ahora más que nunca me necesitas Deb, ¡no te voy a dejar sola ni un segundo!
-Te amo –Le dijo abrazándolo.
-Y te juro que Alberto no murió en vano, esto no se quedará así –Le prometió entre dientes –Debany se alejó de Tom y dio un estornudo- es mejor ya regresar a la casa te estás refriando.









Cuando Debany bajó del carro sentía sus piernas sin fuerzas así que se doblaron. Se iba a caer pero Tom la detuvo. Él tocó su frente y se dio cuenta que estaba ardiendo de fiebre, así que ayudó a Debany a caminar y entraron a la casa, ahí vieron a Bill y Marcela abrazados, ella con los ojos cerrados y lágrimas en sus mejillas y el mentón de Bill descansando en la cabeza de ésta. Bill vio tristemente a su hermano, Marcela abrió los ojos y se separó de Bill.
-¿Qué le pasa a Debany? –Le preguntó preocupada.
-Tiene fiebre –Le respondió con Debany entre brazos. Sin decir nada más se la llevó a su cuarto y la acostó en la cama, Marcela y Bill iban tras ellos.
-Llamaré al Doctor –Avisó Bill yéndose de ahí.
-¿Tiene mucha? –Le preguntó Marcela, Tom tocó la frente de su novia.
-Sí –Le respondió preocupado.
-Mojare un trapo para que se le baje la fiebre –Le dijo y se retiró de la habitación.
Bill entró y le dijo a su gemelo que el Doctor no tardaba en llegar. Marcela llegó con el trapo y se lo puso en la frente de Debany esperando a que se le bajara la temperatura.
De rato llegó el médico y le recetó unas pastillas y les pidió que guardara reposo.
Marcela le ayudó a Debany a cambiarse de ropa ya que la que traía estaba húmeda. Ya seca, Debany se quedo profundamente dormida. Marcela y los gemelos no se movieron de ahí.
-Marcela, ¿Viste a Miguel? –Le preguntó Tom de golpe.
-No, no vi a nadie ni siquiera me había dado cuenta de la bala –Respondió triste. Bill la abrazó.
-¿Como no nos dimos cuenta que la presencia que sentíamos era de él?
-¿Presencia? ¿Qué presencia?
-Bill y yo, incluso Debany últimamente sentíamos que alguien nos observaba pero... no le dimos tanta importancia.
-¿Tú crees que Miguel quería... –Bill tragó saliva- quería matarlas para quitarle la herencia a Deb?
-Si es así ¿Por qué matarla a ella? –Respondió Tom señalando a Marcela- si la herencia no es de las dos sino de Debany –Se quedo callado un momento- Marcela ¿Dónde dejo el dinero Debany? –Ella dio un suspiro.
-No hay dinero, no hay pertenencias ¡no hay nada! La mamá de Deb cambió todo a último minuto... Se lo dejo todo a Miguel.
Tom se apoyó contra la pared, se agarró la cara con desesperación y se quitó la gorra.
-¿Entonces que quiere? Ya tiene lo que quería, ¡ya tiene el dinero! ¿Por qué sigue molestándolas?... No lo entiendo –Dijo completamente rendido.
-Miguel quiere algo más que el dinero, quiere a Debany a su lado –Le respondió entre dientes-él ha estado obsesionado desde que la vio. Él quiere... quiere –No pudo continuar.
-¡Primero lo mato antes de que le ponga un dedo encima! –Amenazó el guitarrista.
-Igual y –Dijo Bill- si el trata de lastimarte Marce lo mato, mato a cualquiera que trate de hacerte daño. Los gemelos estaban furiosos, no iban a dejar que nadie lastime a las personas que mas aman en el mundo-Marcela a partir de hoy no sales sin un guardaespaldas.
-Bill –Susurró anonada, jamás había visto así a su vocalista.
-¿Entendiste? –Ella asintió.
Debany comenzó a moverse, la fiebre subía cada vez más y estaba empezando a delirar.
-Tom… ¿Tom? –Lo llamó en susurro.
El de rastas rápidamente se aproximo hasta ella. Se sentó, tomó su mano y tocó la frente de su novia para checar la temperatura.
-Esta ardiendo –Dijo preocupado.
-Hay que darle el medicamento, yo mojare el trapo –Avisó Marcela.
Ella y Bill salieron de la habitación. Tom agarró las pastillas, sentó a Debany, ésta despertó, pero de lo débil que estaba cerraba sus ojos, tenía mucho sueño.
-Ten, te sentirás mejor –Dijo dándole la pastilla, Debany la tomó y después le dio el vaso y se pasó la pastilla- ¿mejor? –Ella asintió con la cabeza.
-Gracias... Alberto.
Se volvió a acostar, se acomodó de lado y se tapó hasta el cuello con la cobija por los escalofríos que sentía.
Marcela entró con el trapo otra vez húmedo y con una vasija llena de agua. Le puso el trapo en la frente y observó como la expresión de Debany cambió.
-Me dijo Alberto –Le confesó de golpe.
-¿Enserio? –Preguntó desconcertada, él asintió con la cabeza- Todavía no se hace a la idea que él ya no está aquí, todo fue muy rápido –Dijo con un nudo en la garganta.
-Es mejor ya no hablar de eso ¿Bill ya te dijo que mañana nos vamos a Estados Unidos?
-Sí, no se preocupen estaremos bien –El de rastas negó.
-Quiero quedarme aquí, prometí que no iba a dejarla sola.
-Ella entenderá, yo la cuidare mientras se le baje la fiebre. Aparte, estaremos protegidas así que no hay de qué preocuparse.
-Como quiera será mejor que Bill y yo nos quedemos –Voltea a verla- Ve a descansar se ve que no has dormido.
-Si... me estoy muriendo de sueño –Da una pequeña sonrisa y va hacia la puerta, pero antes de salir voltea a ver otra vez a Tom- Enserio... estaremos bien.
-Hablaremos mañana ¿sí?
-Okey –Se va, cerró la puerta tras ella. Tom se acostó a un lado de Debany y la abrazó
-¿Tom?
-Si, soy yo.
-¿Cuánto tiempo dormí?
-No mucho ¿Ya te sientes mejor? –Preguntó tomando su mano.
-Ahora si –Acariciando el rostro de su guitarrista- ¿Cómo les fue en los concierto?

Continuara***
Subí otros dos más porque tal vez mañana no pueda, disfrutenlo! Solo quedan 8 caps;)

Cap. 36 Adiós amigo.

-Debany no tiene la culpa de nada ¡Así que déjala en paz! –Le aclaró soltando su mano bruscamente.

-Alberto… perdóname, perdóname –Decía murmurando, estaba completamente ida.
-¿Debany? –La llamó su amiga desconcertada, ella no respondió- ¡Ves lo que causas! –Le gritó a Annkatrin.
-¿Yo? –Preguntó irónica- ¡Miren lo que causaron ustedes dos!
La pelea iba en aumento: Annkatrin y Marcela gritando y Debany totalmente ida. Una enfermera se acercó y las cayó a las dos, les dijo que si no guardaban silencio que las iban a sacar del hospital. Marcela se sentó a un lado de Debany y la abrazó mientras que, Annkatrin, se sentó al otro lado de la sala y después de varias horas salió el doctor.
-Los familiares del joven Alberto Rutherford –Rápidamente las 3 chicas se levantaron y se dijeron con el Doctor- ¿Son las 3 familiares?
-¡No! –Respondió Annkatrin- Solamente yo, soy su prima.
-Nosotras somos… éramos –Se corrigió Marcela- Amigas de él
-¿Amigas? ¡¿Amigas? –Annkatrin estaba fuera de control ¡Ustedes no son amigas de mi primo!
-Por favor ¡Cálmense! Que esto es un hospital ¡No un mercado! –Aclaró poniendo sus manos en su espalda- la autopsia nos revelo que murió porque la bala atravesó una arteria del corazón ¿El joven estaba en malos pasos? –Preguntó seriamente. Las 3 negaron con la cabeza.
-El era el hombre más bueno que hemos conocido –Respondió Debany, Marcela la abrazó.
-Lo siento mucho –Dijo el doctor- Ante el cuerpo, ya pueden reclamarlo –Avisó viendo a Annkatrin. Ella asintió- Venga por aquí señorita.
-Es mejor irnos –Sugirió Marcela.
-¡No! Necesito saber done lo van a enterrar quiero… quiero darle el último adiós –Respondió encogiéndose de hombros.
-Está bien, la esperaremos.












-¡¿Fallaste?! –Preguntó anonado- ¿¡Cómo que fallaste?!.... Eres un incompetente ¡Un bueno para nada! –Estaba completamente molesto- Mas te vale, porque si no ¡Yo mismo te matare! –Y al decir eso, colgó. Volteó a ver a Ernesto y frunció el ceño- Son unos inútiles ¡No saben hacer nada bien!
-¿Y ahora que vas hacer? –Preguntó curioso.
-Debany ya se enteró de la herencia, debe de estar decepcionada por parte de su madre y creo que el idiota que asesinaron era un amigo de ella, entonces, está destrozada.
-¿Y? –Preguntó tratando de encontrar la respuesta.
-Y…creo que es hora de una pequeña reunión familiar.
-¿Qué pasará con Marcela y los gemelos?
-De eso, mi querido amigo, te encargas tú –Le respondió palmeando su espalda, después de ese acto, lo dejó solo en la habitación.
-Que me perdonen todas las estúpidas que adoran a esos homosexuales –Se dijo a sí mismo con una sonrisa.









-Annkatrin, ¡Espera! –Suplicó Debany.
-¿Qué quieres? –Preguntó triste, estaba cansada.
-Yo… quiero saber, donde le darán el último adiós a Alberto –Le respondió bajando la mirada
-Creo, creo que es lo menos que puedo hacer por arruinar tu relación con Tom –Confesó con la voz quebrada- Alberto me dijo que luchara por lo que quería, pero creo que no se refería eso, ahorita debe estar muy decepcionado de mi –Rompió en llanto- Él... era como mi hermano Debany, era lo único que tenía –Debany abrazó a Annkatrin y está hundió su cabeza en el hombro de ella llorando aún más fuerte.
-Alberto nos ayudó en tantas cosas... ahora nos va ayudar desde arriba –Aseguró.
-Si, siempre será un ángel –Le dijo separándose- Te voy a anotar la dirección –Sacando una libretita y una pluma de su bolso, cuando terminó arrancó la hoja y se la entrego a Debany.
-Gracias –Dio media vuelta pero no pudo caminar.
-Debany.... –Ella volteó el rostro ante el llamado de Annkatrin- perdón por... meterme en tu relación con Tom.
-No puedo perdonarte por eso. –Se va.
Annkatrin asintió con la cabeza como símbolo de comprensión dio un suspiro y también dio media vuelta para salir del hospital por otra puerta.
Las dos amigas tomaron otro taxi y se dirigieron a la casa de sus novios. Una nube gris se puso arriba de ellas y comenzó a caer una ligera lluvia, Debany dio una pequeña sonrisa.
-Sabes marce... dicen que cuando una persona muere y empieza a llover significa que se va directo al cielo.
Llegaron a la casa y terminó de llover, simplemente era una nube. Entraron y las dos se sentaron en el sillón sin decir ninguna palabra, solamente se escuchaba el tic-tac del reloj que estaba colgado en el comedor.
-¿Te dio la dirección? –Su amiga asintió.
-Es donde enterraron a mis padres –Le respondió con un nudo en la garganta.
-Que chiquito es el mundo –Le dijo sorprendida.
-Si, lo sé. Debany cerró sus manos en forma de puño y golpeó sus rodillas.
-¿Qué tienes Deb? -Preguntó asustada.
-Miguel, me las va a pagar todas ¡todas! Te quiso matar a ti, enveneno la cabeza de mis padres, me hizo sufrir tantos años ¡Mató a mi mejor amigo! Y si le intenta hacer algo a Tom yo… yo ¡Agh! Te juro que…
-¿Lo matarás? –Preguntó interrumpiéndola- Aunque él nos haya hecho mucho daño, eso sería peor para ti que para él. Tarde o temprano el destino le hará pagar –Debany se recostó en el sillón usando las piernas de Marcela como almohada, ella empezó a acariciar su cabello.
-Marcela... también soñé que Miguel mataba a Tom... si se cumplió mi primera pesadilla se cumplirá la segunda. –Le dijo tragando saliva con dificultad
-No. Eso no pasará, te lo prometo, esta vez... estaremos alertas ¿okey?
-No quiero que les pase nada a ustedes, son lo único que me queda –Dijo como si Marcela no hubiera comentado nada- mi miedo es estar sola –Volviendo a llorar.
-Shh, no vas a estar sola, nunca lo estarás –Le aseguró su amiga.
Debany de tanto llorar se quedo dormida, fueron tantas cosas en un día. Marcela trato también de dormirse, pero aún estaba asustada de lo que había pasado en el parque. Miguel no va a descansar hasta verla muerta, de eso estaba muy segura, pero aún estando su vida en peligro no va a dejar a su amiga-hermana sola.
Ya había amanecido, el velorio de Alberto ya había empezado, pero Debany quería estar sola con él. Se despertó se metió a bañar y se cambió, se fue súper sencilla y se recogió el cabello haciéndose una coleta.
-Quiero ir contigo –Le dijo Marcela.
-No, tengo que ir yo sola.
-Pero Debany necesito... ¡Necesito darle las gracias!
-Marcela ¿Qué no entiendes? –Preguntó aventando el peine- Nos están espiando ¡Tenías razón! Si sales trataran de volver a matarte y ¡no quiero eso!
-¡¿Y crees que no intentaran lo mismo contigo?! –Preguntó irónica.
-No, miguel me necesita viva ¿para qué? no lo sé pero estoy segura de eso.
-¿Qué le digo a Tom cuando regrese? –Le preguntó vencida.
-… Nada. -Salió de la habitación dejando sola a Marcela con las palabras en la boca.
Cuando salió de la casa trato de ubicar un carro sospechoso, pero no, todo estaba en calma, pero no bajo la guardia siguió buscando a los cómplices de Miguel o hasta el mismo.
Subió a un taxi y se dirigió al panteón. Cuando llegó ya todos sus familiares se estaban retirando, a lo lejos trato de ubicar a los padres de Alberto pero no los vio por ningún lado, a la única que vio fue a Annkatrin, estaba muy mal, tan destrozada…
Debany caminó hasta la tumba de su mejor amigo. Cada vez que se acercaba agarraba aire para no llorar, pero eso era imposible, aun estando enfrente de la tumba no se daba la idea que su mejor amigo se había ido de este mundo, todo fue muy rápido.
Se sentó apoyándose de sus rodillas, abrazó y empezó a llorar, su corazón, su mente y su alma estaban completamente destruidos.
-Alberto… vuelve –Le pidió entre sollozos- ¡Vuelve! –Comenzaba a llorar de nuevo, pero no había rayos ni truenos, solo lluvia. - Dios Alberto tenías tantas cosas que hacer aún. Tu todavía no podías abandonar este mundo ¿Qué paso con tu sueño de tener una familia?¿ De tener dos hijos un niño y una niña? ¿Qué pasó con la boda que tanto me presumías? ¿Cuándo decías que iba hacer más hermosa que la mía? ¿Qué pasó cuando también me decías que cuando lograrás ser un anciano ibas hacer un viejo corajudo y amargado? Solamente me decías eso para hacerme reír cuando estaba triste por problemas de mi casa... Alberto, todos tus sueños derrumbados por mi... ¡todo por mi! ¡Perdóname! Todo porque no te supe amar ¡Perdóname! –Casi se ahogaba con sus propias lágrimas, la lluvia era intensa al igual que sus penas, pero eso no lograba que Debany se fuera de ahí, quería seguir a lado de su amigo, estaba completamente empapada su ropa se le pegaba al cuerpo por todo el agua en ella.
–Siempre me cuidaste, cuando me caía en los parques siempre curabas mis heridas, cuando estaba triste tú me dabas abrazos para alegrarme... Alberto... –Cerró sus ojos mientras sentía las pequeñas gotas de lluvia caer sobre su rostro. De repente no sintió gota alguna, pero escuchaba que la lluvia seguía, eso la desconcertó. Abrió los ojos y ahí estaba su chico de rastas igual que ella, empapado, ya que su paraguas lo usaba para protegerla de la lluvia
-Tom... ¿Cómo supiste que estaba aquí? –Preguntó confundida.
-Marcela, y la dirección del panteón lo dejaste arriba del peinador–Al igual que ella se sentó apoyándose de sus rodillas y la abrazo fuertemente- amor... estoy contigo acuérdate, jamás te dejare sola ¿te cuido bien mientras estabas en España? –Preguntó con una sonrisa Debany también sonrió y con los ojos llorosos asintió con la cabeza, el volteó a ver a la lapida y dijo-: Gracias, enserio, gracias por no dejarla sola. -Él la miró y acaricio su rostro mojado y besó su frente- también me dijo Marcela que aquí estaban sepultados tus padres ¿los quieres visitar?
-No –Respondió cerrando sus ojos.
-¿No? ¿Segura?
-Sí. Quiero estar otro rato aquí... con Alberto –Tom la abrazó.
-Está bien, comprendo –Él se levantó, pero Debany seguía hincada.
El de rastas solamente veía como su novia, callada, observaba la tumba de Alberto. La lluvia seguía y Tom se estaba empezando a preocupar ya que Debany estaba completamente empapada.
-Deb... Es mejor irnos la lluvia no va a parar hasta un buen rato.
-Okey –Besó la lapida y se levantó no sin antes dejar una foto donde salía ella Alberto y Marcela cuando estaban en España.
Salieron del panteón y ahí los esperaba el Cadilac de Tom. Subieron al carro y los dos se quedaron callados por un momento hasta que Tom decidió romper el silencio.
-Me puedes decir que... –Tom no pudo continuar ya que Debany se había apoderado de sus labios, necesitaba besarlo. Una mano de Debany estaba en el cuello de él y la otra en su gorra, mientras que Tom la tenía abrazada. Sus lenguas se rozaban con delicadeza, no fue un beso apasionado, fue un beso de amor.
-Necesito estar lejos de ustedes –Le confesó encogiéndose de hombros.
-¿Qué?

Cap. 35 Sangre inocente

Debany

Me has decepcionado madre. Empecé a llorar de coraje ¡¿Cómo pudiste hacer eso?! ¡¿Cómo?! ¡Era lo único que teníamos y a ti se te ocurre hacer esa estupidez! Todos en el maldito parque volteaban a verme, no estoy de humor para que me juzguen ahora. Fulminaba con la mirada a varias personas mientras que mis lágrimas recorrían mis mejillas y éstos volvían a voltearse.
Agarre la llave que colgaba en mi cuello con furia, no quería saber nada ¡Nada!
-¡Él tenía razón sobre ti! –Grite desgarrada. Estaba a punto de arrancarme este asqueroso collar cuando escuché que gritaba mi nombre- ¿Alberto? –Voltee a todos lados buscándolo hasta que vi que venía corriendo hacia mí. No quería que me viera así, rápido comencé limpiarme las lágrimas.
-¡Debany! –Corrió hacia mi contento, pero al verme su sonrisa abandonó su rostro- ¿Qué te pasó? –Me preguntó abrazándome. Creo que fue inútil aparentar que estaba bien, el era la única persona disponible para desahogarme en este momento.
-¡Me dijeron algo horrible! –Respondí rompiendo en llanto… Un momento, esto, esto yo… ¡Esta es mi primer pesadilla! Con que a eso se refería todo ¡Miguel está aquí! ¡Nos va a matar!
-¿Debany?
-Alberto… ¡Tenemos que irnos de aquí ya! –Le ordené con los ojos llorosos.
-Okey, pero deja me siento tantito ¿No? –Me respondió con una sonrisa- Es que el viaje fue muy cansado.
-No, ¡No hay tiempo para descansar! –Le dije alterada, no entendía- El vendrá y ¡Nos matará!
-¿Qué dices? –Me preguntó confundido.
-¡Vámonos ya! –Le grité exaltada.
-Debany ¡Cálmate! –Me suplicó tomándome de los hombros- A ver explícame ¿Qué sucede? ¿Quién nos va a matar?
-Por favor, hay que irnos –Murmuré ya que un sollozo me impidió hablar.
-¡Debany! –Escuché que gritaban mi nombre ¿Y si no quieren matar a Alberto sino a Marcela?
-¡Marce! –Le gritó feliz Alberto.
-Alberto ¿Qué haces aquí?
-Al fin pude salirme de ese trabajo.
-¡Dios ¿¡Qué no entienden?! –Les grité alterada. Los dos voltearon a verme- ¡Tenemos que irnos ya! Miguel va a venir y…
-¿Miguel? –Me preguntó Marcela- ¿Viste a Miguel?
-¡No! –Le respondí desesperada- Lo soñé ¡Mi sueño se va a cumplir, nos matará!









Los chicos se estaban preparando para el gran concierto final en el continente Europeo. Gustav escuchando música y fingiendo que toca una batería, y el ritual de Tom, Bill y Georg, reunirse antes de un concierto. Tom y Georg estaban tarareando Break away, pero Bill no. Él se sentía nervioso y angustiado y no paraba de caminar por todo el camerino, algo no lo dejaba a gusto.
-Bill ¿Te pasa algo hermano? –Preguntó Tom mientras se acomodaba en el incomodo sofá.
-Nervios –Le respondió moviendo su mano en señal de que ya no le preguntará nada.
-¿Por el concierto? –Le preguntó Georg- No te preocupes, va a salir bien.
-No –Respondió Bill extrañado- No es por el concierto, es por otra cosa, pero no se por cual –Dijo al fin deteniendo su paso para ver a sus amigos.







-Por dios Debany ¡No te entiendo nada! –Le confesó su amiga.
-¡Hay que irnos por favor! –Se los suplicó.
Alberto y Marcela solamente se veían confundidos. Mientras que en el otro lado de la calle uno de los cómplices de Miguel buscaba a Marcela, al fin la tenía en la mira pero cuando iba hacerlo Alberto se atravesó impidiéndole el paso a la bala.
-Mierda –Susurró molesto- Quítate de ahí muchacho idiota –Dijo entre dientes.
-Está bien Deb, ya nos vamos –Al escuchar esas palabras, Debany, dio un suspiro de alivio. Alberto agarró sus maletas y comenzaron a alejarse.
-Bye, bye Marcela –Dijo al fin con una sonrisa y sin pensarlo dos veces… disparó.
-¡Esperen! –Les llamó Alberto- Se me olvidó una maleta. Al girarse pudo ver esa bala dirigiéndose hacia su amiga Marcela- ¡Cuidado!









Los gritos abrumadores de las fans estaban a todo lo que da. Tokio Hotel ya iba a salir al escenario
-¿Ya estás bien Bill? –Preguntó Tom agarrando el hombro de su hermano. Éste, asintió con la cabeza.
-Un poco -Ya todo estaba listo, solamente faltaba Bill para subir al escenario- Tal vez, si era por el concierto -Pensó dando un suspiro. Y cuando todo estaba más claro, subió al escenario con Ready, set, go!.







Se escuchó un sonido abrumador, al fin había disparado
-¡No! –Lloró Debany. La bala al fin había atravesado el cuerpo aunque él, no era el blanco. Alberto cayó rebotando en el piso-¡Alberto! –Lo llamó desesperada.
Marcela estaba en el piso aturdida, no podía reaccionar, todo fue muy rápido para ella. Debany, se dejó caer de rodillas a lado del cuerpo de Alberto. Agarró su mano y empezó a acariciar su cara, él, empezaba a sudar y a temblar completamente, Debany lloraba.
- Alberto por favor ¡resiste! Por favor ¡yo se que eres fuerte! –Muchas personas se pusieron alrededor de ellos y unas cuantas le marcaron a las ambulancias.
-De…Debany… -Soltó aire y fue cerrando sus ojos.
-¿Alberto? –Preguntó anonada- ¡Mírame! ¡Mírame Alberto! -Le ordenó tomando su rostro, él abrió lentamente sus ojos.
Marcela pudo tranquilizarse así que se levantó y se acercó con ellos. Alberto dio una pequeña sonrisa y agarro fuerzas para hablar:
-Él… ¿él es el amor… de tu vida? –Debany con los ojos llorosos, asintió.
-Perdóname –Le suplicó avergonzada.
-No te preo-preocupes.
-Alberto, se fuerte, ya vienen las ambulancias ¡No me puedes dejar así! A los dos nos falta todavía mucho que recorrer y lo haremos juntos así que por favor ¡resiste! –El negó con la cabeza. Debany lloraba cada vez más y más haciendo que respirar para ella fuera muy complicado.
-Quiero…quiero escuchar que me quieres –Le pidió en susurró.
-¡Te quiero! ¡Te quiero demasiado! –Gritó aferrándose a él.
-…Gracias –La mano de él fue resbalando de la de Debany. Ladeó su cabeza y después de eso no hubo movimiento alguno de él.
-¿Alberto? –Lo llamó asustada- Alberto abre los ojos ¡Por favor! –No, nada- ¡Alberto!
-¿¡Donde está la maldita ambulancia?! –Preguntó desesperada Marcela.
-¡Ya viene en camino! –Le respondió una señora.
En efecto, ya venía la ambulancia, se escuchaba las sirenas. Rápidamente bajaron los paramédicos con la camilla y se aproximaron hasta donde estaban las dos amigas y el cuerpo ya sin vida de Alberto. Debany seguía a un lado de él, tenía agarradas sus manos mientras rompía en llanto. Marcela también empezó a llorar. Uno de los paramédicos levantó a Marcela y después intento hacer lo mismo con Debany.
-Señorita, venga conmigo –Le pidió el paramédico tomándola de su hombro.
-No…
-Por favor señorita ¡Necesito que venga conmigo! –Le volvió a pedir.
-¡No! ¡No! ¡No! –Le respondió abrazando el cuerpo de Alberto.
-Deb… Por favor, suéltalo –Le rogó Marcela tomándola del brazo, comenzó a jalarla para que lo soltará. Debany, ya no tenía fuerzas- Deb ya no podemos hacer nada –Le dijo con la voz quebrada.
Debany se levantó y rápidamente abrazo a Marcela. Las dos veían a los paramédicos cubrir el cuerpo de Alberto y después como lo subían a la camilla. Debany se sintió destrozada jamás pensó que ese sueño se iba a cumplir, tuvo la idea que era una advertencia, pero nunca hizo caso.
-¿Ustedes son sus familiares? –Ante la pregunta, negaron.
-Somos sus amigas –Le respondió Marcela abrazando a Debany.
-Vengan conmigo.
Las subieron a otras ambulancias y las empezaron a atender. Las dos tenían la presión alta. Las llevaron al hospital donde iban hacerle la autopsia a Alberto, estaban en la sala de espera ya con el pulso normal, pero las dos seguían asustadas, más Marcela, esa bala era para ella. Si Alberto no lo hubiera salvado ella estuviera en su lugar, solamente con imaginarse eso le daban escalofríos y otra cosa más importante ella se sentía culpable: si él no la hubiera salvado estuviera todavía vivo a él no le correspondía morir todavía no. Debany se sentía horrible, él había muerto en sus brazos y no pudo hacer nada, uno de sus mejores amigos ya no estaba con ella. Miraba sus manos, en ellas había sangre, las cerró lentamente y empezó a llorar en silencio, mientras veía ida el piso del hospital.
-¿Dónde está? ¿Qué le hicieron? ¿¡Qué le hicieron?! –Preguntó rompiendo en llanto.
Las dos se estremecieron ante el grito de esa chica. Marcela volteó a verla, pero Debany no, aun conociendo la voz no se molesto en verla a la cara, ella seguía ida viendo el piso.
-¡Respóndame! ¿¡Qué le hicieron a mi primo?! –Volvió a preguntar desesperada.
-Él… -Musitó Marcela cerrando sus ojos-… él.
-¿Él qué? –Preguntó asustada- ¡Dime!
-Él me salvo y, ahora, por mi culpa está… está muerto –Le respondió volviendo a llorar y volteó a verla- Annkatrin ¡Alberto esta muerto! -Le gritó sollozando.
-¿¡Qué?! ¡No es cierto! ¡Estás mintiendo! –Le gritó caminando hacia ella.
-¡Eso quisiera! –Le respondió de la misma manera- ¡Quisiera que todo esto fuese mentira!
Annkatrin volteó a ver a Debany y caminó hacia donde estaba con furia y le da una cachetada y eso causó que le dejara la mejilla roja.
Debany había reaccionado y la miró a los ojos. Las dos, tenían sus ojos hinchados, rojos y cansados de tanto llorar.
-Tú eres la culpable –Se lo restregó con odio- Si mi primo no hubiera estado enamorado de ti, sí él jamás te hubiera conocido ¡El aún seguiría aquí! –Levantó su mano para darle otro golpe, pero esta vez, Marcela la detuvo.

Cap. 34 Dandole marcha al plan.

Bill y Tom estaban haciendo la acústica de la canción. Las dos amigas los escuchaban atentamente, habían terminado la canción. La voz angelical de Bill y la tonada perfecta de la guitarra de Tom hicieron que la canción sonora espectacular. Al terminar, las chicas empezaron a aplaudir.

-¿Y qué piensan hacer con la canción? –Preguntó Marcela.
-Agregarla al disco –Respondió seguro y todos voltearon a verlo confundido.
-Pero el disco…
-Ya sé que el disco salió a la venta hace meses –Interrumpió a su gemelo- pero ¿Y qué?
-Creo que te entiendo hermano.
-Antes de que sea la gira, hay que hablar con David de sacar un Cd con tres canciones inéditas.
-Okey –Su hermano estaba de acuerdo- Pero ¿las otras dos?
-Eso lo hablaremos con los demás.
-¿Y cuándo será la gira? –Preguntó Debany.
-En cinco semanas –Les respondieron los gemelos. Las chicas voltearon a verse y después miraron a sus respectivas parejas.
-¿Qué les parece si las llevamos con nosotros? –Les preguntó Tom dejando su guitarra a un lado.
-¿Enserio? –Quedó sorprendida Debany.
-¡Claro! ¿Entonces que dicen?
-¡Por supuesto! –Respondieron las dos.








Después de eso todo transcurrió normal. Bill le dijo a David sobre la idea de sacar el nuevo Cd con las 3 canciones inéditas. Él, sin reproches, aceptó de inmediato. Tardaron una semana en grabar las 2 canciones: 1000 oceans que en alemán es 1000 meere y la de ich bin da, que como el Cd era en inglés quedo como: By your side la 3° canción era nada más y nada menos que el sencillo que los llevó al estrellato “Durch den monzun” Esa canción a fuerzas tenía que estar ahí, para que las chicas/os que recién les gustaba Tokio Hotel supieran cuánto vale esa canción.
Marcela y Bill van a la laguna en las noches como antes, además, quieren aprovechar al máximo ya que cuando sea la gira no van a tener tiempo para nada. Marcela como lo prometió, le escribía a sus padres pero no cada mes, sino cada semana y ellos aún estando ocupados tienen tiempo para leerle los correos y contestarlos.
Tom y Debany en ningún momento han estado en la casa siempre salen ya sea a antros, cine, centros comerciales, están en donde sea. Por el momento, Tom le está enseñando a tocar la guitarra nada más y nada menos con su hermosa guitarra Gibson y en las noches se entregan al otro con tanta pasión y amor que nadie los podrá hacer sentir en la vida.
Cuando los cuatro chicos van con David y los demás productores a checar algunos detalles de la gira, las 5 amigas aprovechan para salir y tener su tiempo de chicas. Al fin todo volvía a hacer como antes… o eso es lo que pensaba Debany.
La gira había empezado antes que nada en el continente europeo. Los chicos les prometieron a sus novias que cuando vayan al otro continente las iban a llevar con ellos ya que era ahí cuando tenían menos posibilidades de verse, todos los días se hablaban para contarse como les iba en los conciertos.
Debany se dio cuenta que el diario, el recuerdo de su madre, no era simplemente para anotar cosas horribles porque había llegado a la conclusión que eso solamente iba a lograr que se ahogara en sus propias penas. Así que, lo único que hizo, fue empezar desde cero: ahora no iba a anotar cosas deprimentes, iba anotar todo lo que era vivir la vida, todo lo bueno que tiene el amor, las amistades y todo lo bueno de tener una familia porque aunque no la disfruto con sus padres la estaba disfrutando con sus amigos.
El día había llegado: al fin iba a reclamar lo que era suyo por derecho. No se sentía emocionada, nerviosa, triste, no sentía nada, pero se sentía segura de lo que hacía al fin y acabo es su herencia ¿Por qué había que temer?, se decía a sí misma, aunque la verdad… debería. Miguel la tenía bien checada al igual que a Marcela y sus seres más cercanos, en este caso, sus amigas y sus novios, lo que preparaba no era algo bueno, al fin podía vengarse de todos los que se entrometieron en su vida, uno a uno los iba apartar del camino, empezando con Marcela, esa chica que siempre ha estado con Debany apoyándola y después iba Tom y cuando quitara a todas las piezas del tablero, se iba a acercar con la que más le importaba, su plan iba a dar curso el día de hoy.







Debany estaba poniéndose los aretes, se empezó a inspeccionar en el espejo para ver si se veía bien con el conjunto que había elegido, al igual que Marcela
-Muchas gracias por acompañarme Marce –Le agradeció dejando el maquillaje en el peinador.
-Sabes que nunca te dejaré sola –Le recordó delineándose los ojos- ¿Ya le dijiste a Tom?
-Si, se sintió mal porque él quería acompañarme pero pues ¡no hay problema! ¿Lista?
-Claro –Le respondió tomando su bolso.
Las dos amigas salieron de la casa pidieron un taxi y llegaron hasta el centro de la ciudad. Se bajaron y caminaron hasta el notario público. Se fueron por un parque para cortar camino.
Marcela notaba algo extraño pero no sabía cómo describirlo, era como, si las siguieran
- Oye Deb… ¿no sientes que nos observan? –Preguntó nerviosa.
-No… ¿Por qué? –La vio confundida.
-Es que… yo sí, desde que nos bajamos del taxi –Le respondió voleando hacia atrás.
-¡No seas paranoica! –Le dijo divertía- Tal vez, estás nerviosa. Cosa que no deberías porque la de la herencia soy yo –Comentó riendo.
-No, no soy paranoica. Debany, últimamente he sentido que alguien me observa ¡Hasta Bill lo ha sentido! –Seguía diciendo dando miradas hacia atrás.
-Tal vez es porque estaban tristes por la gira ya que no se verían en un tiempo –Le dijo tomándola del brazo.
-Okey, ya vamos a llegar
Marcela, no dejaba de voltear hacia atrás, hasta que hubo un momento en el que Debany se hartó y detuvieron el paso.
-¡Marcela ya! –Le gritó tomándola de los brazos – Mira, ¡No hay nadie! –Le señaló todo el parque- Solamente están los niños jugando ¿Ves? Nadie nos sigue –Trataba de calmarla.
-¡No! Estoy segura de que alguien nos observa, Debany ¿En este tiempo no has sentido lo mismo que yo? –Le preguntó anonada.
-A-a veces –Le respondió bajando su mirada.
-¡Ves! No estoy loca –Le aclaró.
-Pero, no sé, tal vez sea un periodista que nos ha querido sacar fotos con Tom y Bill o algo así –Tenía que haber otra explicación.
-Bueno… -Calló un momento, no lo había pensado en ese modo- Supongo que debe de ser eso.
-Hay que apresurarnos –La actitud de su amiga ya la había hecho dudar.
Al fin habían llegado a la notaria. La secretaria le había avisado al abogado del difunto padre que Debany ya había llegado y en unos minutos la hicieron pasar.
-Buenos días señoritas –Las saludo- Siéntense por favor –Les pidió señalando las dos sillas. Cuando lo hicieron, el abogado miró con mucha ternura a Debany y dio una pequeña sonrisa- Se parece mucho a su madre.
-Ah…Gracias –Dijo mientras sus mejillas se ruborizaban. Marcela sonrió ante el comentario.
-Bueno ¿Y qué la trae por aquí? –Le preguntó sentándose.
-Vengo a reclamar la herencia de mi padre David –Al escuchar eso, el abogado frunció el ceño, acomodó sus brazos sobre el escritorio y su mentón descansaba en una de sus manos.
- ¿Herencia? Bueno… creo que eso no se podrá –Le respondió extrañado.
- ¿Y por qué no? –Preguntó confundida.
-Porque la herencia, no le pertenece a usted. –Al escuchar esa respuesta, Debany y Marcela abrieron los ojos como platos, no creían lo que estaba escuchando.
Marcela volteó a ver a su amiga quien tenía la boca abierta por la impresión.
-Pe-pero, mi mamá me dijo muy claramente que mi padre me había dejado todo a mí ¡Su única hija! –Le gritó molesta- ¿Acaso le dice a mi madre mentirosa? –Lo desafío.
-No, porque en efecto, la herencia era para usted –Aclaró esa palabra en pasado- Pero, tres días antes de su muerte, vino aquí y cambio al heredero –Le respondió como si todo hubiese sido ayer, lo recordaba muy bien.
-¿Lo cambió? –Preguntó anonada y se puso de pie- ¿Y a quién se lo dejó?
-A su segundo esposo, Miguel Benzner.
Ese nombre ¡Ese maldito nombre! Debany se imaginó a su mamá y a Miguel sentados en donde estaba ella hace un momento sonriendo, agarrados de la mano y estando muy segura de dejar la herencia en manos de él. Esa imagen se le clavó en la cabeza, se aferró muy fuerte de la silla… empezaba a sentirse mal, todo la oficina le daba vueltas.
De inmediato Marcela se levantó para sostenerla, el abogado se asustó y también ayudó a Marcela, la volvieron a sentar.
-Debany, amiga ¿Estás bien? –Le preguntó asustada. Ella solamente asintió.
-Y mi padrastro ¿Ya vino a reclamarla? –Esa pregunta vino de golpe. Debany no pensaba en lo que decía pero ya que lo había preguntado, esperaba la respuesta. El abogado se quedo callado aún preocupado por la salud de la chica- ¡Respóndame!
-Si –Reaccionó torpemente- Si vino ayer. –Debany se levantó y salió casi corriendo de la oficina dejado ahí a Marcela.
-¡Debany! –La llamó, pero fue inútil- Debany –Susurró anonada ¿Cuándo iba a terminar las desgracias para su amiga?- Gracias –Le dijo al abogado para retirarse en busca de Debany.
El abogado solo se quedó confundido ante la escena que había presenciado.

28 dic. 2010

Cap. 33 Ich Bin Da

Marcela seguía contándole todo lo paso con ella y Debany en España en el cuarto del vocalista. Bill la escuchaba con atención, lo que más le asombraba es que Marcela le confesaba a Bill cada minuto que lo sentía cerca de ella igual que Debany con Tom.

Bill empezó a analizar cuando se la pasaba encerrado en su cuarto, cuando Marce no estaba a su lado, el también sentía la presencia de ella cuando se sentía asfixiado, cuando creía que el ya no iba a hacer el mismo de antes, y es por eso que el también salió adelante.
-Hubieras escuchado mi pronunciación del es...–Se interrumpió ante un trueno que hizo que se exaltara. La pareja volteó hacia le ventana y se percataron de que empezaba a llover. Un relámpago iluminó el cielo y unos minutos después vino otro trueno. Marcela puso sus manos en sus oídos para no escucharlo.
-¿Te asustan los truenos? –Le preguntó tomándola entre sus brazos.
-Desde niña –Le respondió nerviosa- Me encanta que llueva, pero los truenos, no los tolero.
La pareja observaba a la lluvia caer. Cuando se avecinaba un trueno Marcela se acurraba a él como una niña chiquita a su madre, a Bill eso le causaba ternura y daba unas cálidas sonrisas.
La chica moría de sueño ya que, aunque el viaje solo duró horas, la noche anterior no pudo dormir bien por los nervios, así que se fue acomodando en el pecho del vocalista, cerró los ojos y se quedó dormida. Bill se dio cuenta de eso y besó la cabeza de Marcela. Se sentía mejor al tenerla a su lado, por fin había vuelto a él y eso lo hacía muy feliz.
El vocalista trataba de dormir pero no podía, algo en su interior le decía que en ese momento tenía que hacer algo más, pero no sabía que hasta que vino el recuerdo de cuando estaba con Marcela en el lago.
Flash Back
-Sí –Musitó esbozando una sonrisa- Aunque a veces no los aguantaba pero, ¿Sabes cómo salía adelante?
-¿Cómo? –Preguntó curioso.
-Con tu voz Bill, ponía todas las noches su disco y me refugiaba en tu hermosa voz.
-Aún estando lejos, nunca te deje sola –Dijo anonado.
-No, nunca lo hiciste.
Termina Flash Back
¡Eso era! Al fin tenía la idea para esa canción en la cual batallaba, esa canción que quería que significara todo lo que vivieron su gemelo y él con sus respectivas parejas.
Se levantó con cuidado para no despertar a Marcela y se dirigió hacia uno de los cajones, sacó su libreta donde tenía anotadas todas las canciones desde que nació hasta la fecha, agarro una pluma y se puso a escribir. Cada vez que avanzaba una línea, más ideas venían a su cabeza.
Pasaron horas pero al fin había acabado la canción. No evito dar una enorme sonrisa de satisfacción, después dios un gran bostezo. Colocó sus manos sobre el escritorio y ahí recargo su cabeza y tan pronto se quedo dormido.







El sol brillaba como nunca, hasta parecía que en el día anterior jamás llovió. Debany abrió poco a poco los ojos sintiendo los brazos de Tom cubriéndola, volteó y ahí vio a su guitarrista profundamente dormido. Ella besó su frente y se levantó con cuidado para no despertarlo. Agarró su ropa y se metió a bañar.
Cuando salió Tom ya no estaba, tal vez estaba abajo, así que bajó las escaleras y todo estaba en silencio, no había rastro del de rastas eso la desconcertó. Volvió a subir hasta la habitación pero antes de entrar escuchó ruidos extraños
– ¿Tom?- Preguntó extrañada. Dio un suspiro y entró. No había nadie– ¿Tom? Le volvió a llamar- ¿Dónde estás? ¡Esto ya no es gracioso! -Dijo preocupada y molesta.
Seguía escuchando esos ruidos, provenían del baño, así que se dirigió hasta ahí y abrió la puerta. Debany abrió los ojos como platos y empezó a gritar, al fin había encontrado a su guitarrista, pero no como hubiera querido: estaba tirado a un lado de la bañera bañado en sangre. Debany retrocedió hasta topar con algo… o con alguien.
–Mi-¿miguel? –Preguntó con la voz temblorosa.
-Ahora te toca a ti –La giró bruscamente y le clavó el cuchillo con furia.







Debany gritaba. Tom se despertó asustado por el grito, volteó hacia Debany y agarró sus brazos ya que empezaba a manotear.
-Debany, ¡Despierta! –Le suplicó.
-¡No! ¡No me hagas daño!
-Soy Tom, despierta ¡Debany! –Con ese grito logró que ella al fin abriera los ojos. Cuando lo vio, no pudo evitar lanzarse contra él- Tranquila, fue una pesadilla –Trataba de calmarla mientras acariciaba su cabello.
-La sentí tan real –Le dijo con la voz quebradiza.









La pareja se había bañado y dejaron la casa como se la habían recibido. Entregaron la llave a la señora que los había atendido y de nueva cuenta le dieron las gracias.
Ahora se dirigían a la casa de Fernanda por las cosas de Debany. En el camino, Tom pudo notar que algo raro le pasaba a Debany, estaba ida.
Ella seguía en su pesadilla, ya eran dos veces que soñaba a Miguel, dos veces que la quería matar en dos días seguidos. Algo no marchaba bien, eso no era normal.
-¡Debany.
-¿Mande? –Murmuró reaccionando.
-¿Te pasa algo? –Le preguntó preocupado. Ella volteó a verlo y negó con la cabeza.
-Estoy bien, no te preocupes –Ayer pasó una noche genial y no lo iba a arruinar por una estúpida pesadilla.
Tomó la mano de Tom y sonrió, él le respondió de la misma manera. Pero todavía no se sentía tranquilo, la conocía muy bien, sabía que algo la inquietaba.
Volvieron a la ciudad, en cada semáforo en rojo aprovechaban para besarse. Los conductores desesperados siempre les avisaban cuando cambiaba a verde, Debany no evitaba reírse ante el acto de ellos.
Ante otro semáforo en rojo, la chica pudo observar en una tienda un gran oso de peluche, era blanco y su pancita era forma de corazón. Tom vio el oso y sonrió.
-¿Lo quieres? –Preguntó curioso.
-Ah… no –Le respondió avergonzada. –Él estacionó el auto enfrente de la tienda. Se bajó y luego le abrió la puerta a Debany.
-Si lo quieres –Dijo con una sonrisa. Se colocó sus lentes de sol y Debany se enrojeció.
Los dos entraron a la tienda y le dijeron a la chica del mostrador cual oso querían, la chica se los dio pero antes le pidió un autógrafo al guitarrista. Salieron de la tienda y Tom puso el gran oso en el asiento trasero.
-Gracias –Le dijo abrazándolo. El guitarrista acercó sus labios a los de Debany y empezaron a besarse en pleno público, varias chicas lo reconocieron ¿pero que más podían hacer? Era la felicidad de su artista, si él era feliz ellas también. Cuando se separaron los dos sonrieron, subieron al carro y partieron a casa de Fernanda, pero hay algo en que los dos no se percataron, en ese momento había pasado un “viejo amigo” y admiro toda la escena, sonrío para sus adentros y se fue de ahí pasando por desapercibido entre la gente.







Marcela se había despertado y notó que Bill no estaba en la cama, pero vio que estaba dormido en el escritorio. Se levantó y se dirigió hacia donde estaba él y le dio un cálido beso en la mejilla. El abrió los ojos y empezó a estirarse.
-¿por qué te quedaste dormido aquí? –Preguntó extrañada.
-¿He? –Eso lo confundió, pero después vio el escritorio y lo entendió todo- No lo sé –Respondió agarrando su libreta- Léelo –Le pidió ansioso. Marcela tomó la libreta y confundida hizo lo que Bill le pidió.
-Es una canción –Le dijo con una sonrisa.
-Sí, es una canción ella para ti y para Debany.
-¡Es hermosa! –Gritó emocionada abrazándolo. Algo los desconcentró, era la voz de Tom llamándolos desde abajo.
Los dos bajaron, Marcela no había soltado la libreta.
-¿Qué traes ahí? –Preguntó Debany viendo el objeto.
-Mi libreta, Debany… escribí una canción para ustedes –Le respondió Bill.
-¿Enserio? –Marcela le pasó la libreta.
En el encabezado de la hoja decía ‘Ich bin da’. Debany empezó a leerla con mucha atención, parecía que Bill sabía con exactitud cómo se sentía antes, antes de conocerlos, se sintió muy identificada con la letra de la canción.
-Solamente le falta la música –Dijo Bill viendo a su gemelo.
-¡Voy por mi guitarra!







El había llegado a su casa y se dejó caer en el sillón. Dio un suspiro y después una sonrisa, volteó con su amigo, el lo miraba confundido
– ¿Y ahora? ¿Porque estas tan feliz? ¿Acaso ya encontraste a una mujer estúpida para que te tolere?-Preguntó su amigo sarcástico.
-No estoy feliz por mí ¡sino por ti! –Le aclaró
- ¿Por mi? ¿Y porque por mi? –Preguntó confundido, no podía creer que su amigo fuese tan estúpido.
-¿Adivina quien apareció después de que la tierra se la tragó? –Le preguntó poniendo su brazo detrás del sillón.
-¿Debany? –Preguntó atónito y se levantó- Ernesto ¿Era Debany?
-Sí y sigue con ese ¿Crees que venga por la herencia Miguel?
-¡Claro que lo creo! Y si es así, tengo que adelantarme. Ernesto localiza a Raúl y ha Bruno, necesito que la vigilen día y noche al igual que a Tom y a Marcela.
-¿Qué planeas hacer? –Preguntó esperando lo mejor.
-Nada.
-¿Nada? –Eso lo tomó de sorpresa.
-Es hora de que Debany sepa toda la verdad –Dijo con una sonrisa.
-¿Solamente harás eso? –Preguntó decepcionado.
Miguel volteo a verlo con una sonrisa llena de maldad, Ernesto lo entendió parecía que le había leído la mente y ya.


Continuara***
Apartir de aquí subire tres o dos capitulos(:  Faltan poco para que se termine esta fic! Espero & disfruten los tres capitulos que dejé! Los quiero <3

Cap. 32 Ámame bajo la tormenta

Debany empezó a contarle todo lo que hizo en España, que había aprendido otro idioma y como le había cambiado la vida ese viaje. Tom solamente lo platicó como les ha ido con el nuevo disco.

- Debany… ¿porque era muy importante para ti cumplir los 18? –Preguntó curioso.
-Para reclamar, al fin, la herencia de mi padre… es muy importante para mí –Le contestó con seriedad.
-No sabía eso ¿Y cuando irás? –La chica suspiró.
-Esta semana –Calló al ver la tranquila alberca- ¿Quieres nadar?
-Sí -Le contestó levantándose. La ayudó a ponerse de pie y caminaron con cuidado hasta la alberca para no resbalarse.
Tom usó las escaleras mientras que Debany entró ahí de un brinco. El guitarrista se cubrió para no mojarse las rastas.
-¡Hey! –Gritó Tom- Tranquila… -Musitó riendo.
-¡Que delicado! –Dijo Debany en broma.
-¿Delicado? ¡No! Solo que no quiero arruinar mi cabello…
-¿De estropajo? –Le interrumpió.
-Has insultado mi hermoso cabello ¡Mereces sufrir! –Le amenazó nadando hasta ella.
-¡Huy! Que miedo –Rió mientras le salpicaba agua.
-¡De esta no sales! -Dijo fingiendo estar molesto.
El chico empezó a perseguir a Debany y cuando la alcanzo empezó a hacerle cosquillas sin parar. La chica comenzaba a llorar de la risa.
-Tom… para… ya por fa… -Decía entre cortado ante la risa que salía.
-¡No! Eso te mereces por insultar mi cabello -Debany trataba de liberarse y sin querer le bajo el short a Tom haciendo que esté la soltara- oye ¡eso es trampa! –Se quejó acomodándose el short.
Debany nadó hasta las escaleras. Las estaba subiendo cuando sintió las manos de Tom en su cintura jalándola, está volvió a caer al agua.
-¡Eres un tosco! –Le dijo molesta, se había asustado. Tom se acercó hasta ella quitándole el cabello de su rostro.
-Perdóname –Agarra su barbilla acercando su cara con la de ella dejándole un suave beso, los dos se quedaron callados sintiendo la respiración del otro, ahora Debany lo había besado. Sus lenguas empezaban a rosarse al igual que sus cuerpos. Debany había rodeado el cuello de Tom así lográndose aferrar más a él y besándolo cada vez más con pasión.
El sol se había ocultado completamente por grandes nubes grises que lograron hacer pareciera de noche aún siendo todavía de tarde. El viento empezaba a soltarse, se avecinaba una tormenta.
La pareja seguía muy ocupada para darse cuenta de eso. Unas que otras gotas empezaron a caer, una de ellas cayó en la cara del guitarrista, haciendo que este se separará de su pareja para ver al cielo
-Va a empezar a llover –Avisó volteado con Debany- entra…-La lo interrumpió volviendo a besarlo apasionadamente.
Tom la volteó y empezó a besarle el hombro mientras pegaba aún más su cuerpo contra el de Debany. Ella recargó su cabeza en el hombro de su guitarrista, el dejó de besar su hombro para acercarse a su oído:
-Quieres… ¿Quieres volver a hacer mi novia? –Preguntaba mientras besaba su mejilla. Debany no evito sonreír. Volteó a verlo, lo tenía tan cerca que sus labios rosaban con la mejilla del guitarrista.
-Si, si quiero volver a hacer tu novia –Ante la respuesta, Tom mordió delicadamente la oreja de su novia.
Comenzó a besar su cuello hasta llegar a los tirantes del bikini, el empezó a desamarrarlo, sin dejar de besar el cuello de la chica.
Empezó a llover más fuerte, pero eso no le importó a la pareja. Tom volvió a voltear a Debany para tenerla frente a frente, cuando iba a desamarrar los otros tirantes, un rayo acompañado de un trueno se dejaron venir estremeciéndolos.
Los dos voltearon hacia el cielo y después se volvieron a ver, no evitaron reírse por la reacción del otro. Decidieron entrar a la casa, Tom entró al baño por dos toallas, Debany fue hacia el interruptor de la cocina para tratar de encender la luz.
-¿Qué pasa? –Le preguntó cubriéndola con la toalla.
-No enciente, tal vez, el rayo tuvo algo que ver.
-Déjalo –Ordenó tomando su mano- debe de a ver veladoras en algún lugar, mejor voy a buscar, tu sube a la habitación.
Cuando entro a su cuarto, no pudo ver nada, estaba completamente oscura, así que se fue guiando por la pared hasta toparse con otra puerta
-Debe ser el baño –Susurró para ella misma.
Entró y al igual que Tom empezó a buscar veladoras. Se pegó contra algo, como el baño estaba igual que oscuro que la habitación tuvo que encontrar la forma de esa cosa como un ciego, tocándolo
-Okey, esto es la bañera -Siguió tocando hasta que sintió algo más suave que la bañera, trataba de encontrarle la forma- Es una veladora –Dijo alegre- ahora… ¿dónde estarán los cerillos? –Se preguntó frunciendo el ceño. Buscó por donde encontró la veladora y sintió algo pequeño, como una caja.
Lo empezó a sacudir, trataba de encontrarle la forma, cuando sin querer, lo abrió y ahí estaban unos cerillos. Con cuidado trató de encenderlo, cuando lo logró, encendió la veladora al fin podía ver el camino.
Dio un suspiro de alivio y se regresó a la habitación, puso la veladora y los cerillos en una pequeña mesa y empezó a secarse. Se dio cuenta que la habitación en un rincón tenía muchas almohadas, podías dormirte ahí y pensarías que es una cama. Se escuchó que alguien abría la puerta.
-No encontré… ¿Dónde las encontraste? –Preguntó anonado señalando la veladora.
-En el baño –Le respondió sonriendo mientras secaba su cabello.
-Déjame ver si hay más. –El guitarrista caminó hacia el baño pero Debany lo detuvo del brazo.
-Sí alumbra, así déjalo –Le rogó con una pequeña sonrisa.
Hubo un silencio en la habitación, solamente se podía escuchar los truenos y el sonido de la lluvia golpeando las ventanas. Tom volteó hacia ella y comenzó a acariciar el rostro de su novia. Ella cerró los ojos disfrutando el tacto de su guitarrista.
Sintió los labios de Tom en los suyos, empezaron a caminar hacia la cama sin dejar de besarse. Él se sentó en la cama y Debany se puso arriba de él. El guitarrista bajó de sus labios hasta su cuello, subiendo sus manos hasta el par de tirantes que le faltaba desamarrar. Cuando lo logró, la pieza de arriba empezó a caer sin problemas.
Tom cargó a Debany para recostarla en la cama. El observó cada sección del cuerpo de su novia con mucha atención. Ella acariciaba el perfecto torso desnudo de Tom y empezó a recorrer con sus labios su cuello hasta llegar al short de éste, fue quitándoselo lentamente y no pudo evitar morderse el labio. El guitarrista hizo lo mismo con Debany, los dos estaban completamente desnudos. Los truenos y relámpagos habían terminado pero la lluvia y las ráfagas de viento seguían.
Debany se subió arriba de él enredándolo con sus piernas. Tom besaba los pechos de la chica haciéndola emitir un gemido. El guitarrista fue introduciéndose en el cuerpo de Debany hasta ser uno, la chica se aferraba cada vez más a Tom besándole el cuello. Sin separarse, Tom la vuelve a acostar, éste quedó arriba de ella sin dejarle caer todo su peso. La chica acariciaba la espalda del guitarrista mientras que el placer aumentaba, los gemidos seguían sin cesar. Sus besos eran cada vez más rápidos por la pasión, sus lenguas empezaban a jugar en la boca del otro.
Tom empezaba a besar el cuerpo de Debany haciéndola estremecer por el toque de su frío pirsin. El guitarrista iba cada vez más despacio, Debany dejaba de arañar su espalda y Tom, salió lentamente del cuerpo de ella.
Los dos estaban completamente exhaustos y acompañados de una fina capa de sudor. Al fin se habían entregado por completo al otro, al fin se había cumplido lo que los 2 más anhelaban. Tom besó la frente de Debany y se acercó a su oído.
-Eres mía –Dijo besando su mejilla.
-Y tú mío y nadie ni nada podrá cambiar eso.
-Jamás.
Debany por fin se sentía la chica más afortunada de todo el mundo, al fin sabía lo que era entregarse a una persona por amor ¡qué importa que no haya perdido la virginidad con Tom! Ella siempre le había pertenecido a ese chico de rastas de gran corazón aunque un poco terco, siempre será suya, siempre.
-Te amo, gracias a ti sé lo que significa este sentimiento, Debany… contigo aprendí a amar –Confesó el guitarrista abrazándola fuertemente.
-Yo también aprendí a amar contigo.
La pareja no dijo más. Los dos voltearon hacia la ventana que estaba a un lado de la cama y viendo llover se quedaron dormidos.

Cap. 31 Solo estaremos tú&yo

La pareja llegó y se sentaron en la orilla de la laguna. Marcela se quitó los tenis y metió sus pies en el agua.

-Es más lindo de noche ¿No crees? –Opinó Bill.
-Sí –Le respondió Marcela viendo las ondas que se creaban en el agua- Bill… ¿Qué has hecho en todo este tiempo? –El pelinegro suspiro.
-Trabajar.
-¿Solamente eso? –Le preguntó sorprendida volteando a verlo.
-¿Qué más querías que hiciera? –Le respondió irónico.
-Salir con los chicos –Se encogió de hombros- Qué se yo.
-¿Para qué? No le veía importancia… lo único que me importaba era terminar el disco y tenerte conmigo –Al decir eso tomó su mano- Me hiciste mucha falta.
-A mí también Bill –Le contestó entrelazando sus dedos- todas las noches iba con mi nana para desahogar todo el vacío que sentía, iba funcionando, pero después mi nana falleció y ese vacío volvió. Sabes, me ayudó mucho ir a España –Le dijo con una sonrisa.
-¿Sí? –Preguntó ladeando su cabeza confundido- ¿Y por qué?
-Porque me ayudó a aprender a querer a mis padres –Bill seguía confundido, Marcela lo supo con su mirada- Sí, todo este tiempo estuvimos con ellos. Les prometí escribirles cada mes –Le respondió antes de que el vocalista planteara la pregunta.
-Eso… ¡Esto está muy bien! –Dijo alegre- ¿Vez Marce? Ellos siempre te han querido, solo que no sabían cómo demostrártelo.
-Sí –Musitó esbozando una sonrisa- Aunque a veces no los aguantaba pero, ¿Sabes cómo salía adelante?
-¿Cómo? –Preguntó curioso.
-Con tu voz Bill, ponía todas las noches su disco y me refugiaba en tu hermosa voz.
-Aún estando lejos, nunca te deje sola –Dijo anonado.
-No, nunca lo hiciste.
Bill se acercó a ella y juntos vieron el tranquilo lago. El vocalista pasó su brazo por sus hombros abrazándola, Marcela se recargó en su hombro y levantó tantito su cabeza solo para plantearle un pequeño beso en el cuello.







El camino era silencioso. Debany miraba por la ventana mientras que Tom, aún estando conduciendo, no podía dejar de mirarla.
-¿Y tus maletas? –Preguntó Tom nervioso. No sabía qué hacer para poder platicar con ella. Debany, sin despegar la vista de la ventana, le respondió-:
-Se quedaron en el auto de Fernanda –Volteó a verlo y se percató que Tom no ponía atención a la carretera- Tom ¡Mira el camino! –Le dijo asustada.
-Tranquila, que no nos va a pasar nada, soy un conductor experto –Dijo egocéntricamente. Debany no evitó reírse.
-¿Y a donde me llevas?
-Conduzco sin rumbo alguno, quiero estar lo suficientemente lejos para que nadie nos moleste, solamente estaremos tú y yo ¡nada más!
-Es lo justo –Contestó con una sonrisa.
Tom manejó por muchas horas hasta que la pareja se alejó lo suficiente de la ciudad. Llegaron a una casa de las que rentan los recién casados para pasar ahí su luna de miel. Se bajaron del carro y Debany empezó a observar el lugar.
-¿Dónde estamos? –Preguntó la chica desconcertada.
-Casi fuera de Alemania, aquí se la pasan los recién casados para tener su luna de miel cuando no quieres salir del país –Le respondió seriamente.
-¿Y tú como sabes eso?
-Porque… antes de que pasara todo esto vine aquí, quiero que sea algo que los dos no olvidemos.
-Y así será –Le aseguró abrazándolo.










-Buenas tardes –Los recibió una señora de 45 años aproximadamente- ¿Tienen reservación? –Ante esa pregunta la pareja volteó a verse.
-No –Respondió Tom haciendo una mueca. La señora se encogió de hombros y se recargó en el escritorio.
-Sin reservación, no puedo darles una de las llaves –Y antes de que Tom hablara, ésta continuó-: pero como ahora tenemos muchas cabañas disponibles, les daré una –Terminó de decir guiñándoles el ojo. Tomó unode los álbumes fotográficos y los posó sobre el escritorio- Elijan una –Les ordenó con una cálida sonrisa.
Ellos empezaron a hojear el álbum y los dos coincidieron, al fin, con una. Se dirigieron a la casa que había elegido.
Era como una casa común y corriente aunque un poco grande: era blanca y en los barandales tenia toques negro con plateado igual que en las ventanas y en la puerta.
Tom estacionó el auto en la cochera, la verdad el auto combinaba con el lugar. Entraron y los muebles eran del mismo color que los barandales con ese toque se veían muy elegantes.
-La casa es muy hermosa –Confesó asombrada la chica.
-Ven –El guitarrista tomó su mano y la llevó al ‘patio de la casa’. Ahí había un jacuzzi y a lado una gran alberca-¿te quieres meter?
-Quisiera… pero toda mi ropa se quedo en la casa de Fer… recuérdalo –Respondió tristemente.
-No te preocupes que aquí hay trajes de baño. El fue al otro extremo del patio y Debany en seguida lo siguió.
El guitarrista abrió un tipo closet y había muchos trajes de baño para mujeres y hombres de diferentes colores
-Elige –Musitó agarrando un short celeste casi como el que siempre usa. Debany observaba los trajes de baño una y otra vez hasta que decidió uno de 2 piezas color rosa y con el toque de un pequeño corazón negro en la pieza de arriba.
La chica fue al baño del segundo piso y se puso el traje de baño. Su otra ropa la dejó arriba de la cama. Tom se cambió en el baño de abajo, salió y dejó su ropa en uno de los sillones, se recogió las rastas y como vio que Debany aún no bajaba decidió meterse ya al jacuzzi.
Debany bajó y antes de abrir la puerta respiro profundamente, abrió la puerta corrediza y cuando salió Tom se quedo sin habla. Ella caminó hacia el jacuzzi tímidamente mientras que Tom se la comía con la mirada, la chica se sentó a un lado de él y se acomodó el cabello.
-¿Me voy bien? –Preguntó al mismo tiempo que sus mejillas se tornaban rosas.
-Te vez… hermosa –Los dos sonrieron.

27 dic. 2010

Cap. 30 Reconciliación

-Ábrela de una vez –Suplicó cerrando sus ojos. Fernanda accedió a su orden y entró pero les hizo una seña a las chicas de que esperarán.
-¡Hola chicos! –Les saludó Fernanda.
-¿Nos puedes decir cuál es la puta sorpresa que nos tienes? –Exigió Tom molesto. Ya quería irse. Fernanda miró a Ingrid desorbitada y después volteó a ver a los gemelos.
-Si –Respondió nerviosa. Y al escucharla Ingrid corrió a la sala. Fernanda se asomó por la puerta y llamó a las invitadas de honor para que entraran. Ellas, inseguras, entraron. Todos -excepto los gemelos- corrieron a abrazarlas. Ingrid y Kathia lloraban de la emoción contagiándoles ese llanto a las recién llegadas.



Tom
Mi corazón se aceleró, no sabía cómo actuar ante su presencia.
Me quede inmóvil observándola de arriba abajo: su cara, su cuerpo, sus ojos, su boca, su cabello ¡No ha cambiado en nada! Está exactamente como la recuerdo: esos labios a los cuales no resisto besarlos, estaban otra vez aquí. No veía nada, no escuchaba nada que no fuese ella.
Mi mirada se cruzó con la de Debany. Me va a ofrecer una mirada de odio lo sé, no, ¡estoy equivocado! Me sonrió, ¡ella me sonrió!
Pude notar en su sonrisa algo diferente, al igual que en sus ojos, la veía más feliz, tranquila y segura. Sin pensarlo me acerqué hacia ella hasta quedar frente a frente, no podía pronunciar ninguna palabra mi gran nudo en la garganta me lo impedía, pero aún así no dejaba de verla a los ojos, su mirada tan cálida, la necesitaba.
-Hola Tom –Me saludó tímidamente. Cerré mis ojos para poder analizar su voz, su hermosa voz que es lo único que me logra calmar cuando estoy alterado.
Sentí los brazos de Debany cubriéndome. Yo también la abrace, la abracé fuerte, para nunca dejarla ir. Besé su frente y ella rompió en llanto.
-Shh, no llores –Le susurré en su oído.
-No sabes cuánto te extrañe –Me dijo escondiendo su rostro en mi pecho.
-Todo este tiempo me hiciste mucha falta –Le dije acariciando su cabello.
-No me dejes ir –Me ordenó.
-Jamás.



Bill
Tragué saliva con dificultad, solamente vi como Tom se acercaba con Debany. Yo quería ir, pero mis pies no se movían, parecía que estaban pegados al suelo. Marcela se acercó a mí, no pude evitar acariciar su mejilla, ella cerró sus ojos.
-Te extrañe –Musitó.
-Abrázame –Me pidió y yo sin más, accedí.









Gustav, Andreas, Georg y sus respectivas novias, sin hacer un solo ruido, subieron a las habitaciones para dejar solas a las parejas, que aún estando lejos, demostraron que nadie ni nada lograron que se dejen de amar. Bill y Marcela estaban en la sala, mientras que Debany y Tom seguían en la entrada aún abrazados.
Los dos se olvidaron del mundo en ese instante, todavía no querían separarse, necesitaban sentir el calor del otro como antes.
-Tom… -Musitó Debany.
-¿Sí?
-Bésame –Le pidió con un nudo en la garganta.
-No hay necesidad de que lo pidas.
El corazón de la joven pareja empezó a latir con fuerza. Tom se acercó hasta los labios de Debany sintiendo su respiración, ella cerró sus ojos esperando volver sentir los labios de su guitarrista en los suyos.
Tom aprisionó los labios de Debany empezando así su “primer beso”. La lengua del guitarrista empezó a explorar la boca de la chica, ella se estremecía por el toque del frío pirsin que tanto extrañaba, sus lenguas empezaron a rosarse con una ternura que ninguna otra persona podría hacer sentir a la pareja. Por otro lado Bill y Marcela se sentían como la primera vez que se conocieron, unos desconocidos en la vida del otro, pero con la sensación de haberse conocido toda la vida. Los dos solamente estaban callados. Bill quería hablarle decirle todo lo que sintió cuando ella no estaba a su lado, pero su boca no pronunciaba ninguna palabra, Marcela pudo notar eso en su mirada así que ella decidió romper el silencio.
-¿Qué pasa? –Preguntó Marcela con una sonrisa.
-Es que quiero contarte tantas cosas, pero no se por donde comenzar –Respondió haciendo una mueca.
-No te preocupes, tendrás tooodo el tiempo del mundo… ya que jamás me volveré a ir de tu lado –Aseguró acariciando su cuello. Bill rió.
-Yo no te iré ir tan fácilmente –Aseguró. Marcela se acercó hasta los labios del vocalista para darle un apasionado beso. Al fin tenía los labios de su niño, esos labios que los pedía todas las noches cuando estaba en España.
-Te amo –Le hizo saber el pelinegro juntando la frente con Marcela.
-Yo también te amo bebé.
-Marcela… quiero llevarte nuevamente a nuestro lugar –Le dijo tomando su rostro entre sus manos. Ella agarró las manos de Bill y lo miró a los ojos.
-Extrañó ese lugar –Le hizo saber- ¿Por la puerta de atrás? –Le preguntó mordiéndose el labio. Bill sonrió.
-Sí.
Los dos se fueron de ahí y nadie se dio cuenta, ya que los amigos estaban arriba y Debany y ton estaban “platicando”.
-Debany perdón por hacerte eso, yo no quería, no pensaba en ese momento –Confesó avergonzado agachando su cabeza- lo único que no deseaba en la vida era hacerte daño y fue lo primero que hice perdóname –Se disculpó con un nudo en la garganta.
-No, no te perdono –Le respondió rápido. Él solo se quedó callado. Miró a Debany y la vio con una gran sonrisa en su rostro. Tom ya sabía cuál eran sus intenciones.
-¿Qué puedo hacer para que me perdones? -Preguntó tomándola de la cintura.
-Quiero que me hagas tuya. –Eso lo tomó por sorpresa.
-Se… ¿Segura? –Su voz tembló.
-Jamás he estado tan segura en toda mi vida.
Tom volvió a besar a la chica usando solamente sus labios. Los dos sonrieron y salieron de la casa agarrados de la mano.







-¿Qué creen que estén haciendo? –Preguntó curiosa Kathia.
-¿Enserio quieres saber? –Le respondió con otra pregunta Georg alzando una ceja.
-Creo que… no –Dijo aturdida.
-Solo espero que Tom cambie –Confesó Fernanda- porque enserio, su forma de ser no lo va a llevar a ningún lado. En aquel problema ¡Hasta se llevo a Bill de encuentro!
-Eso sí, esta vez Debany logró perdonarlo, pero a la otra… quien sabe que pasará –Dijo Ingrid preocupada.
-Despreocúpense, Tom no…
-¡Shh! –Calló Gustav a Andreas.
-¡No me calles! –Le dijo molesto- uno que quiere dar su opinión libremente para que…
-¡Shh! –Lo volvió a callar, trataba de escuchar algo.
-Okey me calló –Dijo con sentimiento- ya que pues, a nadie le importa mi opinión verdad…
-¡Andreas ya! –Le gritó fastidiado Gustav. Andreas se quedó con las palabras en la boca y agachó su cabeza.
-¿Qué pasa Gustav? –Le preguntó Fernanda.
-Escuché el sonido de un carro… pero no estoy seguro –Respondió dirigiéndose a la ventana.
-¿Carro? Los tres únicos carros aquí son el de Fernanda, el de Tom y el mío –Respondió Georg.
-Creo que ya podemos bajar –Dijo Kathia.
-Pero faltan Bill y Marcela –Reprochó Andreas.
-Algo me dice que ellos tampoco están aquí



Continuara***