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Tercera novela. (Fandom: Tokio Hotel/ HIATUS)

27 jun. 2013

Capítulo setenta y uno.




Los latidos de su corazón los podía sentir en todo su cuerpo. Si es que acaso todavía existía una pisca de cordura en la habitación, esto se había desintegrado, derretido, quemado, desvanecido en la peor forma posible. Todo esto ante sus ojos y era algo que su débil cuerpo ya no podía soportar.



Pero debía. Dudar ya no es una opción y mucho menos cuando estás a un paso (o tal vez varios) de recuperarla y por lo visto, con una aliada.



Ya no le importaba lo que Jeny fuese o si se trataba de la misma paciente a la cual Georg amó. En ese momento nada era importante: mientras ella le ayudase a sacar a ese “Sam” del cuerpo de Kimberly, todo estaría… bien.



—Maldita. ¿Cómo es que puedes ser vista? —cuestionó Sam recorriéndose sin despegarse de la pared. Seguía manteniendo su mano en su mejilla y sus ojos estaban llenos de furia e impotencia: su entrecejo fruncido y el arrugamiento en su nariz lo delataba. Jeny, al escucharlo, volvió a mirarlo dándole su espalda al guardia, quien, en ese momento, iba a hacer un gran cero a la izquierda.



Esa pelea, de algún modo, se estaba convirtiendo de ella.



—Esta habitación no está en el mundo de los vivos —explicó sonriendo de lado al notar la leve expresión de asombro por parte de su compañero—. Si me quieres insinuar que estoy invadiendo terreno, no es así, amigo. ¡Tú estás invadiendo el mío!


Los dos intrusos se quedaron en shock ante aquella confesión. Por un lado, Sam, que comprendía a la perfección las leyes del mundo de los vivos y muertos y por el otro, Tom, quién no tenía ni la menor idea de lo que sucedía. Ella había dicho “vivos”, eso quiere decir que en… en verdad… ¿murió?



—O más bien, ella —corrigió encogiéndose de hombros.


Sabía que algo iba mal: desde que recobró la conciencia y pudo sentir como el campo de energía de Kimberly se desvanecía, supo que algo malo le había sucedido a su amiga. Y sí, sus sospechas fueron confirmadas al descubrir que su cuerpo había sido llevado a un mundo en el cual, no todos los vivos son capaces de entrar. Otro problema y más importante aún, es que el alma que yacía en su cuerpo no era de ella… era de un intruso, de Sam.



Sus manos lentamente se convirtieron en puños y sus ojos se cerraron con fuerza. Y pensar que comenzaba a verlo como un amigo, que compartía su lástima y dolor y que en más de una ocasión, logró entender sus sentimientos.



Era un maldito traidor.



—Así que yo… —masculló alzando su vista—… ¡yo expulsaré a Kimberly de aquí!



La boca seca de Sam se cerró y en ese momento, una sonrisa burlona se formó en sus labios. Sin cuidado alguno, bajó su mano dejando al descubierto la marca del golpe que había recibido apenas hace unos minutos y acomodó inútilmente su mechón detrás de la oreja—. Alguien débil como tú, ¿expulsará a un ser vivo? ¡No me hagas reír! —soltó entre una leve carcajada ocasionando un leve gruñido por parte de Tom.



Aquella risa era grotesca y lo peor era que provenía de la garganta de Kimberly. Eso, de alguna manera, lo hacía enfurecer.



Sam lo notó y volvió a reír fijando su atención nuevamente a su compañera.



—Tienes razón, soy débil. Pero no estoy sola… —aclaró mirando al guardia, quien desorientado, puso su atención en ella: volvían a incluirlo—. Tom, tú me ayudarás.



El cuerpo de Sam se tensó: Jeny lo había descubierto.



—Después de todo, él también es una simple alma.



—Maldición —gruñó callando abruptamente al sentir una fría mano apretar su cuello—. ¿Q… qué haces? —balbuceó encajando sus uñas en el brazo de su compañera—. No me sacarás, no lo lograrás. No hasta que… hasta que cumpla con… mi objetivo.



Ahora, Jeny rió.



—¿Quién dijo que yo iba a sacarte?



Los labios de Tom se entreabrieron al sentir la mirada de aquellos dos sobre él: en su cabeza sólo se podían escuchar constantes ecos y una que otra palabra bien articulada. Alma, cuerpo, sacar… fue lo único que logró distinguir y ahora, esa chica mirándolo con complicidad. ¿Qué tenía qué hacer, qué debía hacer?



—Sólo entrar.



La respuesta vino por sí sola, acompañado de un forcejeo por parte de “Sam”.



—No. ¡No te acerques Kaulitz, no te acerques! —amenazó y Tom volvió a sentir una furia indescriptible. “No con su voz”, ordenó en su interior. Lo aborrecía, era lo más asqueroso que aquel desconocido podía hacer: nombrarlo utilizando la voz de Kimberly.



—Eres un alma aquí Tom —siguió Jeny apretando el cuello de Sam al sentir que sus uñas le perforaban la piel—. Entra, entra y saca a la verdadera dueña de este cuerpo, ¡saca a Kimberly!



—¡Maldita zorra! —gruñó el intruso escarbando en la piel de la muchacha—. Esto lo hago también por ti, ¡por los demás, por todos! ¡¡Debo matarlo!!



—¡¡No con el cuerpo de nuestra amiga!! —escupió tomando su cuello con las dos manos, aguantándose el dolor.



Sam se quedó inmóvil observando los ojos brillosos de Jeny; algo le dijo que los suyos lucían exactamente igual en ese momento. La chica agachó su cabeza sin ni siquiera aflojar un poco el agarre y comenzó a sollozar, Sam lo supo aunque no escuchase sus llantos: el movimiento constante de los hombros hablaba por sí solo. Y después, al ver sus ojos rojos cayó en cuenta que la estaba lastimando, sin importar que aquellas acciones fueran por ella también, por su salvación. Jeny se había convertido en… su amiga. También quería salvarla.



—Prometiste que ya no le harías daño Sam —su cuerpo se estremeció como si le hubiese caído encima un balde de agua helada—. Dijiste que la dejarías en paz. ¿Por qué? ¿Por qué echaste esas palabras a la basura? —apretó sus labios—. ¿Por qué no puedes cumplir tu propia promesa?



—Yo… —murmuró—… yo prometí… —sí, lo hizo. Había prometido alejarse de ella, había decidido dejarla libre para que pudiese estar al lado de ese maldito guardia y también, había prometido—… protegerla. —Sus ojos brillaron y Jeny volteó con el guardia.



—Tom, ¡¡ahora!!



Su cuerpo reaccionó con torpeza ante aquella orden, pero sus pies corrieron por sí solos, ayudándole. No entendía lo que debía hacer, no había recibido instrucciones claras pero lo único que había logrado procesar se lo repetía una y otra vez: “entra, entra, entra, entra” y no debía ser adivino para saber dónde debía de hacerlo.



Logró escuchar gritos, aunque eran lejanos y cuando logró acercarse a su objetivo, pudo observar como “Sam” luchaba para librarse del agarre de la muchacha. Él era quién gritaba, pero no distinguía nada de lo que decía y simplemente no le importaba. “Entra”, se repitió una vez más extendiendo el brazo hacia aquel rostro que hace unos días atrás le encantaba acariciar y que ahora, no le producía sensación alguna. Sólo disgusto.



Sam sentía el sudor recorrer por todo su cuerpo y también, sintió a la perfección como sus pupilas se dilataban al tener a dos centímetros los dedos de ese maldito guardia. Lloraba, rompió en llanto en cuanto sintió el agarre de Jeny aflojarse al fin ya que eso sólo significaba una cosa: Tom consiguió entrar. Y eso hizo que llorara más. ¿Por qué nadie lo dejaba matarlo? ¡¿Por qué todos defendían a Baecker?! ¡¿Por qué nunca nadie podía estar de su parte?!



—Lo siento, Sam.



Aquellas palabras fueron pronunciadas al dejarlo completamente libre y un simple “no” se escuchó como respuesta. Había sido derrotado, ¿por qué?, ¿por qué no lo dejan ser libre?



—… no —tenía al guardia frente a frente—… ¡no! —para desaparecer unos segundos después.



Había conseguido entrar.




La vio, lo hizo en cuanto miró directamente a través de esos ojos vacíos llenos de oscuridad. Lo cierto era, que no estaban vacíos del todo: en su interior contenían algo de precioso valor, para él, lo era… Kimberly. Por fin, por fin la había encontrado.



Su cuerpo rebotó al llegar al final de lo que sabía fue una caída de la cual, desconocía la distancia pero si se le hizo larga; sacudió su cabeza y con cuidado, se puso de pie.



Su cuerpo se heló al instante e incluso, su corazón se detuvo. ¿Qué era aquello que sentía, lo mataba por dentro? Era un dolor pero extrañamente podía asegurar, era ajeno: él conocía muy bien su propio dolor. Lo ha estado llevando sobre su espalda desde el día en que su padre lo abandonó.



Esa sensación de ahogo y soledad era de alguien más.



Pasó saliva y cerró sus ojos tratando de calmarse: ya no debía distraerse con nada y también, tenía que poner su cabeza en blanco. No era el momento para andar cuestionándose cada suceso, como lo había dicho antes, ya nada importaba; tal vez, las respuestas surgirían más adelante: si era así, era más probable que no creyera en nada y si no, bueno… eso era lo mejor.



Caminó, juró que lo hizo por línea recta en aquel lugar que se suponía… era el interior de Kimberly. Pero parecía perdido. Había perdido un curso inexistente y no lograba encontrarla, a pesar que la había visto a la perfección antes de aventurarse en su interior, reflejada en aquellos ojos que parecían de vidrio. Ahora, nada, no había rastro y eso hizo enfurecerlo una vez más: por dios, ¡no podía ser tan inútil! Siempre recibiendo ayuda, siempre y ahora, que está por su cuenta, ¿no puede encontrarla? Si no fuese por… Bill —sus hombros se encogieron y continuó su camino—, él todavía estuviese en esas escaleras muriéndose por asfixia. Si no fuese por… aquella niña, no hubiera tenido una mínima pisca de la extraña actitud de Kimberly y por último, si no hubiese sido por… Jeny, no hubiera ni siquiera entrado. ¿Por qué? Porque era un estúpido, por eso. No sabía razonar, actuar. ¿Qué hizo cuando confirmó que había un intruso en el cuerpo de Kim? Nada. Se quedó ileso observando como aquella muchacha lo enfrentaba.



Él ya no quería ser un inútil.



Él en verdad quería salvarla, por su cuenta, sólo. Quería demostrarle lo que valía, que podía defenderla, cuidarla. Que podía estar a salvo con él. Que podían estar bien juntos.



Los pies de Tom temblaron, pero no bastó varios minutos para descubrir que no eran sus pies, era todo ha su alrededor: temblaba, parecía un pequeño sismo o como si un gran edificio estuviese a punto de derrumbarse. Sus ojos se abrieron de golpe: sí, algo se derrumbaba y eso era lo poco que quedaba de la esencia de Kimberly; maldición, Sam volvía a recuperar su fuerza, ¡debía apresurarse! Así que corrió, tan simple como eso.



Corrió, gritó y chilló el nombre de la paciente. Buscó en todas partes (sí es que así podía decirse), miró en todas direcciones empezando a sentirse desesperado: sólo estaba esa maldita oscuridad que cada vez se hacía más y más profunda. Tal vez ya se había vuelto loco, pero podía asegurar que todo en su alrededor era oscuro y lo único que podía distinguirse, era él. Se sentía como si fuese una pequeña luz en toda esa bruma, él era su misma linterna, su misma llama y sólo contaba con él mismo para salir con Kimberly y dejar de una vez esa maldita pesadilla enterrada en un sitio olvidado de su mente.



Aunque se había dicho a sí mismo que no debía de pensar en nada, no puedo evitar preguntarse, ¿en verdad estaba muerto? Toda aquella situación entre Jeny y el bastardo llamado Sam lo hizo poner en duda: el mundo de los vivos y muertos; el hecho de estar en el de los muertos, lo convertía en uno, ¿no? Eso quería decir… ¿se había ido primero él que Bill? ¿Ya no volvería a estar junto a Kimberly, sentirla…? ¿Ya no? Entonces, ¿por qué sonreía y lo peor, con satisfacción? Tal vez… el hecho de pensar que Bill seguiría luchando, que su hermano mayor continuaría, lo hacía sentir, tranquilo. Y por el otro lado, rescatar a Kimberly (porque sabía que lo haría) y el tener asegurado su cuidado gracias al Dr. Jost, hacían que se calmara un poco pero aun así…—¡No es suficiente! —no, él todavía no debía morir.



—¡¡Kimberly!! —gritó por última vez a todo pulmón antes de detenerse en seco, desorientado, atónito.



Ausente, giró sobre él mismo, regresando dos-tres pasos atrás. Había visto algo, otra luz, aunque muy débil y no, no alucinaba, tenía toda la certeza de que realmente había visto, algo.



—Kim… —murmuró estupefacto ante la sorprendente escena que miraban sus ojos—… berly. —era repugnante los lazos que sujetaban el cuerpo de la paciente: parecían lianas. Eran enormes, gruesas y parecían tener vida propia ya que logró percatarse de que se movían con el único objetivo de apretar más el cuerpo de la mujer. Pero su verdadera acción, era tragársela.



Y dolía, el quejido de Kimberly lo delató: apretó sus ojos y soltó un alarido, lo más fuerte que podía ya que no le restaban energías; sólo su cabeza y parte de los brazos se podían distinguir entre toda aquella oscuridad, lo demás estaba completamente oculto entre kilos y kilos de esas lianas negras. Tom bajó su vista con lentitud, Kimberly yacía en un punto alto, demasiado y lo único que podía hacer para sacarla, era escalar esa cosa asquerosa que la rodeaba y se movía para lastimarla.



¿Podía hacerlo? Claro que podía.



Así que lo hizo, escaló, lo hizo encajando sus dedos y uñas entre toda esa cosa viscosa. Escuchó cómo se removía entre éstos, ¿quería comerlo también? ¡Ha! Buena suerte con eso. Él no había venido hasta aquí para ser tragado. Venía a rescatarla, se dijo otra vez y es lo que iba a hacer. Le iba ayudar… a recuperar su cuerpo.



—¡¡Kimberly!! —gritó sacando uno de sus brazos con dificultad, para volverlo a encajar a diferente altura y escalar un poco más—. Abre los ojos, Kimberly —le gritó entre dientes luchando por no ser tragado él también—, por fin vine, ¡ya estoy aquí! Vine por ti. ¡Vine a sacarte! —aseguró observando como la oscuridad se movía una vez más rodeando los brazos descubiertos de la muchacha.



Tom se alarmó al oírla quejarse.



—¡¡Saldremos juntos de aquí!! ¿Me oyes? ¡Abre tus ojos, necesito saber que estás consciente, ábrelos!



Se podían escuchar los constantes gruñidos y quejidos por parte del guardia, quien luchaba una y otra vez por recuperar sus brazos y piernas, y así, poder seguir avanzando. No iba a hacer derrotado, nadie podía derrotarlo en estos momentos y Kimberly sonrió por eso: no tenía la fuerza suficiente para abrir sus ojos ni para hablar, ni siquiera podía mencionar su nombre pero ya nada de eso la ponía triste. No. Él ya estaba aquí, había venido a pesar de todos los problemas que le había ocasionado, regresó, lo hizo por ella, porque en verdad la quería. Y eso, hizo que las ganas de salir de aquel hospital regresaran con mucho más fuerza.



Así que volvió a sonreír.



«Gracias, Tom».




El cuerpo yacía inerte en el piso, los ojos paseaban de un lado a otro mirando cada rincón de la habitación sin importancia. Su pecho subía y bajaba con rapidez y de vez en cuando el “contenedor” se erguía ante los fuertes espasmos que le recorrían desde el dedo pequeño del pie hasta el último de sus cabellos seco.



Kimberly había despertado.



Jeny también lo sintió. Su cabeza se recargó con cuidado en la fría pared y miró hacia el techo, cerrando sus ojos con satisfacción y alegría: lo logró, había contribuido en algo. En esos momentos, se encontraba sentada a un lado del cuerpo, observando por el rabillo del ojo cuando éste se estremecía bruscamente y rápido miraba hacia un punto perdido. Sam también estaba sufriendo y no podía evitar esas ganas de ayudarlo, pero no, no se lo merecía.



Ya no se merecía nada de ella.



—¿Por qué? —escuchó haciendo que volviera a mirarlo de reojo: su voz era entrecortada y débil—, ¿por qué no me dejaste matarlo?



—Porque no lo ibas a hacer con tus propias manos —respondió a secas—. Iban a hacer las de Kimberly, estuviste a punto de ensuciar unas manos inocentes —finalizó mirando la pared de en frente—. No era justo.



—Y nuestra forma de morir, ¿fue justa? —Jeny chistó.



—Nada es justo, Sam. Nada lo es, además, nosotros morimos al acto de entrar aquí. Así fue nuestro destino, así viviremos por siempre.



Otro espasmo.



—Vivir por… siempre —repitió—. ¿Acaso no piensas vengarte de tu asesino, eh? ¿Acaso no quieres ir a descansar, salir de este limbo?



Jeny ladeó su cabeza.



—Mi asesino, no es Baecker.



—Ah, claro. Es ese, Georg, ¿cierto? —sus ojos se cerraron.



—Él es mi descanso —corrigió para sí misma—. Yo no tengo razones para vengarme…



Sam suspiró llamando la atención de su compañera.



—Y ahora, ¿cuál es el plan?



—Vivir aquí para toda la eternidad, creí haberlo mencionado antes —los ojos del muchacho se abrieron de golpe.



—No me jodas, debe ser una broma. Yo no estaré encerrado en este lugar, sabes que seguiré insistiendo: seguiré buscando la forma de matar a ese bastardo. Saldré, lo haré al mismo tiempo que ella lo haga.



Jeny sonrió.



—Ella es la que nos encerrará, yo misma se lo pediré…



—Ella no sabe… —atajó.



—Sabrá —interrumpió—. Lo sabrá, así como supo crear un campo de fuerza, así como supo mandarnos a diferentes infiernos, así como supo encerrarse en su propia mente. Ella sabrá cómo mantenernos aquí, para siempre.



El cuerpo tembló.



—Debes estar bromeando —repitió—. Debes estar… bromeando: no podemos estar aquí encerrados… eso significaría…


—¿Tienes miedo? —atajó mirándolo al fin—. No hay descanso eterno para nosotros, no importa lo que hagas, no lo hay.



Los labios de Sam se apretaron.



—No quiero estar sólo todo este tiempo. Ya no quiero estar sólo.



La boca de Jeny se entreabrió y su flequillo ocultó su mirada llena de sorpresa ante aquella confesión. Su labio inferior tembló, pero rápido supo controlarse y disfrazó aquellos sentimientos en una leve sonrisa.



—Yo estaré contigo, Sam.



Oyó un sollozo.



—… gracias.




Ya no era momento de escalar, sino de escarbar: apretó sus manos dentro de aquellas asquerosas lianas y las sacó con furia descubriendo partes del alma maltratada de Kimberly. No se detuvo a mirarle por mucho tiempo ya que la conciencia iba atacarle en cualquier momento; después de todo, los golpes y signos de nutrición… era su culpa. Lo sabía. Así que continuó escarbando sin detenerse a mirar nada más: la luz proveniente de Kimberly comenzaba a brillar un poco más. Eso era bien, ahora, eran dos linternas en la oscuridad.



Otro temblor más se presentó, esta vez, en esa torre de lianas: estaba derrumbándose, en cualquier momento caerían, así que se apresuró lo más que pudo. Siguió escarbando, descubriendo las piernas, el torso, todo. Un brazo por fin estaba completamente libre, eso era lo suficiente para tomarla y arrancarla de esas asquerosas lianas negras pero el tiempo no fue suficiente: otro temblor se presentó, destruyéndolo todo.



Aun así, el tiempo para Tom se detuvo: observó cómo Kimberly caía a su lado y como si se hubiese congelado, alargó su brazo para alcanzar a tomarla y jalarla hacia él.



—Por fin —susurró sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas—. Por fin estás otra vez en mi brazos —exclamó con tanta felicidad que no pudo evitar juntar su frente con la de ella y abrazarla con más fuerza, pegando su cuerpo desnudo al suyo.



Ya nada iba a separarlos. Eso era un hecho y aunque seguían cayendo, pudo asegurar que la caída, esta vez, no dolería.




Sus ojos pesaban pero, en esta ocasión, sentía la energía suficiente para abrirlos y poder reincorporarse. Su pecho ya no le dolía, al parecer, podía respirar otra vez. Ya no sentía frío, algo cálido le rodeaba y la necesidad de morir ya no estaba presente.



¿Había muerto ya? No. Algo mejor, mucho mejor le había ocurrido.



—Hey —la saludó esbozando una estúpida sonrisa, sí, la estúpida sonrisa que ella amaba—, ¿cómo te sientes?



—Cansada —susurró con voz ronca, a lo que carraspeó con dificultad—, ¿dónde estamos? —ya nada estaba oscuro, ahora, una fuerte luz blanca les rodeaba.



—Seguimos… aquí —respondió acariciando su mejilla: al parecer, la mantenía sobre sus muslos, abrazándola—. Pero, es tiempo de volver. —Kim asintió.



Tom la dejó sentada en el piso mientras él se ponía de pie, después la ayudó a levantarse pero no tardó en recibir un golpe en su mano para que la soltase.



—¿Qué ocurre? —cuestionó confundido mirando como el rostro de Kimberly se ponía completamente rojo.



—¡No me dijiste que estaba desnuda! —chilló cubriéndose sus senos con sus mismos brazos y su parte íntima haciendo una danza extraña con sus piernas.



—¡Oh, eso! —exclamó quitándose su playera—. Ten, te quedará como bata, así que no te preocupes —aseguró acercándosela a su rostro.



Kimberly le miró anonadada y ahora, con un leve rubor, accedió en tomar la playera. —G…gracias —balbuceó teniéndola sobre puesta: mientras le tapase su torso, estaba bien.



El chico sonrió y tomó su mano sintiendo como inmediatamente Kimberly entrelazaba los dedos con los suyos, era tiempo de partir, por fin. Avanzaron en silencio, sin la necesidad de averiguar qué camino tomar: cualquiera era la salida, Kimberly lo supo al ver que Tom desaparecía primero, pero ya no estaba aterrada, porque sabía que lo vería nuevamente, esta vez, del otro lado. Su mano se cerró levemente al sentir que la de su pareja se desvanecía por completo; había salido, por fin y ahora, le tocaba a ella.



Su cuerpo se erguió: una energía muy conocida se estaba plasmando a sus espaldas. Así que curiosa, dio media vuelta... encontrándose con Kimy.



El escenario ya no era negro, ni blanco. Era amarillo: estaban en el exterior, en uno falso. No. En uno único. Un campo de girasoles, uno enorme para ellas dos con el cielo siempre azul y nubes enormes y esponjosas predominando las alturas.



Las dos llevaban vestidos blancos, mismo diseño, diferente tamaño: era uno sencillo, tirantes, largo con un pequeño borde antes de llegar a las rodillas, sin zapatos. ¿Para qué? No los necesitaban.



—¿Volverás? —Kimy negó.



—Este es mi lugar.



Silencio.



—¿Estarás bien… sola?



—Yo no estoy sola. Ya no. —Kimberly sonrió—. Después de todo, yo represento tu niñez, tu felicidad, tu verdadera inocencia…—la suave brisa se hizo presente alzando en su danza unos pétalos amarillos que rodearon con majestuosidad la silueta de la muchacha, desapareciéndola, sacándola por fin de aquel sitio el cual, ya no iba a hacer un infierno volver.



—Yo soy tu Kimberly —otro remolino de pétalos amarillos se alzaron rodeando ahora la silueta de la pequeña, haciendo que se convierta en uno con aquel hermoso campo de girasoles…




«Y mientras tu estés bien, yo estaré bien».
 
 
 
Nota final: CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN (8) En verdad, en verdad espero que sea de su agrado T-T!!

 

1 comentario:

  1. Awwww al fin ak fin!! Tom logro rescatarlaaa!! Al menos de Sam si lo hizoo ojala Beacker no se i.terpongaa..
    Pobre Sam igual quedara con Jeny y no estara solo :D
    Ame el capituloo!! Esta delujoo todo interesantee.. Amo tu fic .. Siguela pronto..

    Cuidate bye *.*

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